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Travesía San Mateo, 4
Madrid (Centro)
Tribunal (Línea 1)
91 310 09 65
Más de 100
El sensacional clima que se respira en este singular espacio, convierte al insólito y distinguido Restaurante Asiana en uno de los restaurantes más románticos de Madrid. Una curiosa tienda de antigüedades durante el día que se transforma en un flamante, y exquisito rincón secreto por la noche. Permite disfrutar de una deliciosa cocina mediterránea con pinceladas asiáticas que seduce nuestros paladares desde el primero al último plato de su formidable menú degustación -única opción a 85 € +IVA que cambia cada 15 ó 20 días- que podemos realzar con un fantástico maridaje de vinos -siete, más un champagne- de la mano del maestro Kobayashi por 33 € +IVA adicionales. Cada noche se montan un máximo de 7 mesas -todas ellas para fumadores-. Un espectáculo sensorial único que alza al restaurante Asiana hasta la prestigiosa cumbre del “Cucharete de Oro”. Su horario de apertura es de 21:30h. a 23:00h. Cierra los Domingos y los Lunes. Imprescindible reservar con semanas de antelación.
Rayo: Excelentísimos e Ilustrísimos Críticos de Cucharete, Honorables Adictos detractores del Blog, Distinguidos Lectores y Lectoras semanales, Estimados Comensales cuchareteros, Queridos Amigos y Amigas… Tanto a Camaradas como a Compañeros hostiles, tengo el placer de presentarles… ¡El Restaurante Asiana! Indiscutible… ¡Cucharete de Oro! Un restaurante impuntuable… Fuera de categoría.
Difícilmente llegué a creer que recomendaría a los más cercanos (fuera del mundo de la empresa) un restaurante que sobrepasa los 100 € por comensal, muchos pueden ver completamente inaceptable el importe final de la cuenta ante un precio que para la mayoría de los mortales resulta estratosférico, pero déjenme que les diga, que para poder afirmar con rotundidad el significado de tal alegato, hay que vivir la indescriptible y gratificante situación in situ. Por lo que… como les iba diciendo… (y no olviden proteger su mente, porque les aseguro que después de leernos hasta el final no conseguirán olvidar nuestra cena) el hiper-romántico Restaurante Asiana es digno de ser visitado por todo ser racional viviente al menos una vez en la vida, para el disfrute de sus 6 ó 7 sentidos, si es que tiene más que yo, que “habelos hailos”, como las meigas, y el espacio les garantizo que lo permite.
Estamos ante un templo del disfrute gastronómico, del deleite sensorial, del goce superlativo… En el comedor del Asiana existimos, somos… alimentamos cuerpo y alma simultáneamente, nos relamemos en exceso, nos habituamos a un vicio, nos perdemos… y nos encontramos también.
Una coqueta tienda de antigüedades durante el día, un espectacular y distinguido Restaurante –con mayúsculas- por la noche… Un refugio, un rincón, un secreto, un nido escondido en la zona de Chueca dispuesto a ser encontrado por alguien que busca el retiro, el placer, el anonimato…
No hay más que curiosear atentamente entre los peculiares objetos de la tienda como para imaginar cómo será el espacio y asomarse cual espía a sus amplias escaleras de madera, ansiando vislumbrar alguna mesa, alguna luz, alguna flor… Transmite respeto… da miedo apoyarse hasta en el pasamanos, cualquier pieza que toques puede costar una fortuna y llevar tras de sí siglos de historia. El clima es perfecto, y no dudo en que una de las futuras acepciones de la RAE para determinar un espacio romántico será del tipo:
romántico, ca.
(Del fr. romantique).1. adj. Perteneciente o relativo al Romanticismo o que participa de sus peculiaridades en cualquiera de sus manifestaciones culturales o sociales. U. t. c. s.
2. adj. Dicho de un escritor: Que da a sus obras el carácter del Romanticismo. U. t. c. s.
3. adj. Partidario del romanticismo. U. t. c. s.
4. adj. Sentimental, generoso y soñador.
5. adj. Dicho de una comida o una cena: Que el comensal ha vivido su experiencia gastronómica en el Restaurante Asiana (Madrid).
Pocos peldaños hay que bajar para dejar que nos asombre la primera mesa. El sentido de la vista se regocija y presume ante los otros 3, porque el del oído también está a lo suyo, disfrutando de la suave música y no desea que le molesten con “tonterías vistosas”.
El tono de luz cálida… el sutil brillo de las velas… las flores frescas cual nenúfares del estanque gastronómico… la amplitud del espacio… ¡Perfecto! ¿Será ésta la famosa mesa que tantas semanas tiene en lista de espera? ¿Será ésta nuestra mesa?
La vemos más de cerca y todavía nos gusta más… pero para nuestra sorpresa no es nuestra mesa, debemos continuar la búsqueda, guiados por su maître por pasillos estrechos y llenos de historia, de culturas lejanas… ¡Y de precios! Pues prácticamente todo lo que ves, lo puedes comprar.
Aprovecho el Kit-Kat para comentarles que el Restaurante consta de un máximo de siete mesas, que se montan según el número previsto de comensales que lo visiten esa noche, en nuestra aventura, cinco eran las mesas que elegantemente vestidas presumían en sus diferentes salas.
Habíamos reservado con suficiente antelación (varias semanas) para reservar esa prestigiosa “Mesa 1” de la que todo el mundo habla, la más exclusiva, la más deseada, la más escondida, la más misteriosa… ¡Pero de momento, todas las que veíamos nos parecían esa codiciada Mesa 1! ¿Cómo sería cuando la encontrásemos? ¡Todas eran magníficas!
El comedor central del Asiana destaca por… por tantas cosas, que casi prefiero testificar que sobresale por su atmósfera, sin matizar. No creo que haya más que observar detenidamente la fotografía y perder nuestra mirada en ella… buscando detalles a cada cual más seductor –y eso que no se aprecia el sugerente sillón en tonos crudos que os muestra Ninillas en primer plano y que en esta imagen nos oculta la lámpara-.
Podemos apreciar los inicios de esta maravillosa madriguera alzando la vista hacia sus techos, que muestran con orgullo los restos de un secadero de jamones, que en un pasado dio vida al espacio que a día de hoy nos hechiza.
Mires a donde mires, todo despierta tu atención, desde el detalle más pequeño hasta el más grande. Curioseas con las etiquetas, y te das cuenta de que entre multitud de antigüedades orientales exclusivas encuentras otras que sí puedes permitirte… y en ese clima que te envuelve, todo se te antoja… Y al mismo tiempo que te llaman y te susurran: “llévame”, te inducen un sentimiento de culpa si las apartas de su entorno. Allí están en casa, forman parte del todo.
Las altas plantas que surgen de cada rincón transmiten un cierto aire clandestino al lugar, otorgándole más singularidad si cabe y convirtiéndolo en un restaurante realmente exclusivo. Se respira bienestar, y… ¿Por qué no? Felicidad.
Las mesas visten íntegramente de blanco, y el toque de color lo pone el chispeteo de la llama de las velas, que recorre los amarillos, los naranjas, los rojos… acariciando ligeramente los azules. Todo un placer el sentarse frente a ellas e imaginar cómo será la degustación en un ambiente tan espectacular.
Existen zonas idílicas… Cada mesa es dueña de su territorio y lo marca con distinción y glamour. ¿Algún lector o lectora dudaría en cenar en la mesa que muestra la siguiente instantánea? ¿Se han parado ustedes a pensar cuántos secretos desvelarían esos muebles si pudiesen hablar? ¡Madre mía! Cuántos amantes se habrán sentado frente a frente sellando lazos inquebrantables y duraderos… Cuántos anillos habrán visto a su nueva propietaria por primera vez a la luz de esas velas… Cuántos momentos… Cuántas sensaciones… ¡Cuántas emociones!
A medida que “pasilleamos”, nos encontramos con nuevas salas que lucen de gala bajo un manto de un rojizo ladrillo visto potenciado por la luz tenue de las lámparas anaranjadas. Sin mesas, sin nadie que las moleste… y es que como os comentaba al principio, el día de nuestra visita tan sólo había cinco mesas disponibles, de llegar a las siete que puede ofrecer el local, podríamos cenar en esta bella sala también, protegidos por dos enormes figuras que nos enseñan todos los puntos de acupuntura del cuerpo humano, clasificados originalmente –como todos conoceréis- en la antigua China en 14 grupos separados unidos por sus meridianos.
Cada rincón es ideal para realizar una toma fotográfica. ¡No doy abasto! Los tonos cálidos se adueñan del espacio y lo bautizan con elegancia. Todo está en su sitio, y si no lo está, no te das cuenta… Huele a maderas, a telas, a leyenda, a recuerdos… a secretos…
Fidelidad… Traición… motivos opuestos han pasado por el Asiana, sin duda… Los objetos escuchan atentos cada historia y cual confidentes guardan silencio a nuevos comensales. Tú les respetas y ellos te respetan a ti… Y sino ¡puedes comprarles!
Y nuestro asombroso viaje, cual Indiana Jones en busca de la mesa perdida, se aproxima a su fin. Recorremos el último pasillo realizando una pequeña pausa en cada detalle –pues es imposible no hacerlo, todos despiertan atención- y finalmente llegamos a lo que desde hoy mismo llamaremos…
¡La mesa Cucharete! ¡La ambicionada “Mesa 1” del Asiana! La más más entre las mases… Oculta, encubierta, furtiva, clandestina… El espacio romántico 100% del Asiana… una mesa solitaria en su propio y exclusivo comedor, presidida por una espectacular cama china valorada en 36.000 € -detalle que doy por si alguien la quiere comprar allí mismo, pues como todo lo que nos rodea, ¡está a la venta!-
Sin lugar a dudas… a partir de hoy… la Mesa Cucharete.
La sala que salvaguarda esta mesa es realmente vistosa, y entre detalles que sobrepasan los 3000 € luce como pez en el agua. La luz está en su punto justo, el ambiente seduce, las copas brillan con garbo y, gracias a las velas, regalan destellos en todas direcciones.
No tengo nada más que decir… observar la fotografía… todo lo que les transmita serán insignificancias incomparables a embelesarse con su presencia. Deben ir allí. ¡Una vez! ¡Aunque sólo sea una vez!
Y aquí comienza nuestra andanza gastronómica, sorteando con gallardía los platos, ¡que son más de 15! ¡Y no hay escapatoria! Pues en el Asiana, el menú está preestablecido y ofrece una degustación de exquisiteces de autor que no dejan de sorprenderte una tras otra, desde los aperitivos hasta los postres todo está delicioso, todo merece ser adulado, todo permanecerá en el recuerdo hasta que nuestras ganas de regresar a este restaurante-tienda sean incontenibles.
Elegimos por unanimidad cucharetil el menú con maridaje, que enfatiza al menú degustación con el maridaje de vinos en cada uno de los platos, por lo que debemos incrementar en 33 € +IVA los 85 € +IVA que cuesta el menú simple. No nos arrepentimos de ello porque el resultado fue francamente sensacional, placer que nos infundió Hiroshi Kobayashi, su maître y sumiller, quien mostró gran destreza combinando caldos y delicias, pues como pueden imaginar, bien fácil resulta armonizar la velada con referencias exclusivas y de alto standing, pero la verdadera dificultad viene cuando lo hacemos con vinos poco conocidos y no menos sorprendentes; en ese punto, entra en escena la magia de Kobayashi, todo un maestro, que dotado de una privilegiada nariz, fue enseñando a sus sentidos los secretos de la vid desde que descubrió en su tierra un Ribera del Duero que marcó su carrera. Un sólido y maduro sumiller, buen conocedor de vinos, con un bagaje cuyo mérito reposa en las más de 250 referencias que ofrece el Asiana, referencias caprichosas elegidas con elegancia y criterio para complacer y sorprender.
Y qué mejor que comenzar con un champagne André Clouet Grande Réserve, un espumoso 100% Pinot Noir elaborado en el terroir de Bouzy, que presume de 36 meses en cava a 10 metros de profundidad y que puede encontrarse en tiendas a unos 30 €. Estaba delicioso. Muy fresco, y mostraba un amplio recorrido, con un paso ligeramente cítrico y un atractivo final amargo, con una nariz muy intensa y expresiva.
Sin demora alguna llegaron los Pica-Pica a la mesa. Y me dirán ustedes… ¿Qué son los Pica-Pica? Pues son el primer tramo de su espectacular menú degustación, que consta de 5 platos Pica-Pica, 2 de Empezamos…, 3 de Seguimos…, 2 Postres y 4 Petit-Fours. ¡Por persona! Nada más y nada menos que cinco franjas gastronómicas sabrosísimas y… (podría coger un diccionario de suculentos adjetivos y escribirlos todos, uno detrás de otro, y necesitaría todavía más).
FlashBack y Ninillas os muestran la bandeja tal cual se nos sirvió, yo voy a presentárselos en primer plano, que se vean bien, que se lo merecen.
En primer lugar tenemos la Ensalada de migas de pollo con salsa de sésamo, pequeña pero matona… “rica rica” como diría nuestro amigo y fiera televisiva Karlos.
La acompañaban el Salmón marinado con salsa de soja al cítrico –de una calidad sobresaliente- y un Corte de mi cuit de foie con pan de especias, que resultaba un bocadito de lo más sabroso.
Un Pica-Pica que todavía no había terminado y que despertó el interés de nuestro paladar por la interesante y sorprendente velada que se avecinaba. ¡El disfrute era inminente! No habíamos hecho más que empezar…

Mientras nos relamíamos con los diferentes tipos de pan –que os muestra FlashBack- probando el de aceituna, las tortitas de aceite, los integrales con semillas de sésamo y hierbas… ¡Todos! Llegaron el Mejillón frito, cerveza con mayonesa picante y el “Flan caliente” con anguila “Kabayaki” presentados de forma atractiva.
Perdónenme pero voy a poner un taco… creo que queda mejor expresado: ¡Joder! ¡Cómo estaba el mejillón! En la imagen podéis apreciar la espuma de cerveza que lo cubre, todavía recuerdo con agrado ese puntito picante. Y el flan de anguila… pues te deja literalmente echo un flan al comértelo, genial ese toque de sal. ¡Delicioso! ¡Tremendo!
Terminados los Pica-Pica nos adentramos en la sección “Empezamos…” de la carta, y cambiamos el champagne por una Manzanilla Pasada Pastrana, un producto de Sanlúcar de Barrameda que marida perfectamente con la primera joya gastronómica que nos ofrecen: un Gazpacho de melón y lemon-grass con “Tiradito” de Bogavante y Mero al que le añaden el gazpacho una vez servido y a gusto del comensal –fijaos como queda terminado el plato en la sección de Ninillas. FlashBack os muestra incluso un vídeo-. Después de probar este plato, tendré que replantearme si me gusta o no el gazpacho, hasta hoy mismo os garantizo que no lo podía ver delante… quizás debí haberme pasado antes por el Asiana. Una combinación de lo más placentera con un gazpachito de lo más suave.
Toca el turno a un vino blanco D.O Rueda Basa 2007 de la Compañía de Vinos Telmo Rodríguez, que sin crianza y recién llegado de la región de Castilla y León, gusta a todo el mundo. Destaca la variedad autóctona verdejo, que lo convierte en un valor seguro para la mayoría de paladares.
Las viandas desfilaban vestidas de gala por la mesa y el servicio de Marina –la chica que nos atiende- resultaba cercano y ejemplar. Tenemos dos vinos a nuestra disposición en todo momento, el del plato anterior y el del actual, todo marcha sobre ruedas, con un cuidado y un trato excepcional.
Empapamos gustosamente el Basa con un “Won Ton” de vieiras con Thai en cesta de patata. El “Won Ton” es una especie de ravioli chino, y la vieira era regada con una salsa de curry tailandesa y un puré de cebolla con un guiño de vinagre negro chino. Sencillamente… ¡Espectacular!
Pasamos a la sección de “Seguimos…” ¡Y vaya si seguimos! ¡Menuda cena! Y para esta ocasión se nos llenan las copas con un vino de mi tierra: ¡Pontevedra!, fruto de los viñedos de la Ribera del Miño, un suave albariño Lusco 2006 D.O. Rías Baixas que madura magníficamente en botella, adquiriendo complejidad y carácter año tras año.
Con él regamos el Arroz Tom Yum con Chipirón, ají amarillo, edamame a lo ibérico y pil-pil de cilantro. Un plato caprichoso, una delicia en toda regla sobre un fondo de gambas, un placer su lenta degustación. ¡Exquisito!
Continuamos con una Lubina con monográfico de espárragos, que nos sorprendió de lo tremenda que estaba (y eso que ya llevábamos unas cuantas “sorpresas tremendas”) ¡Cinco texturas para los espárragos! Y a parte de una espuma de soja y yuzu –cítrico japonés- lleva una sabrosísima sopa de espárragos que te sirven encima, como muestra el vídeo de la sección de Ninillas.
Este plato fue regado con un vino francés de Mauves, el Saint-Joseph 2002, que cumplió ampliamente nuestras expectativas una vez más.
Turno de la carne: Cochinillo confitado con su jugo especiado y espuma de mostaza japonesa –os lo muestran mis compañeros- Yo tan sólo puedo afirmar con rotundidad que estaba supremo, con un jugo de soja y especias, unas pepitas de granada y un sabroso nabo estilo japonés. Y aprovecho para enseñaros como Kobayashi decantó el vino elegido para combinar con este manjar, para oxigenarlo e insuflar vida al vino dormido -o hibernado-: un tinto de Toledo de las Bodegas Jiménez Landi llamado “Sotorrondero” 2006 con D.O Méntrida que resultó ser, por el contrario, el que menos me sorprendió, y nada tiene que ver con que la añada fuese calificada de “Buena” por el Consejo regulador de las D.O, que nunca ha llegado a considerar una añada de Méntrida como “Excelente”, aunque sí como “Muy Buena” del 99 al 01, pero ya sabemos todos cómo se desarrollan esos menesteres. Quizás a mi parecer, el único vino que cambiaría en el menú –y no es un caldo económico, 12 € en tienda-, aunque cierto es, que con lo espectacular que estaba el cochinillo… como para fijarse en el vino.
Les encantará la fotografía que viene a continuación, y es que… ¡Llegamos a los postres! Y qué mejor manera que empezar con una Fresa rellena de jugo de frutos rojos, con helado de almendra, granizado de albahaca y lentejas de vinagre Cabernet. ¡El kilométrico nombre lo dice todo! ¡O… casi todo! Porque yo le hubiese añadido “…¡y está que se sale!”
¡Riquísima! Y regada con un excelente vino dulce del Val de Loire (Coteaux du Layon): Château de Passavant 2006 que resultó maridar perfectamente con el postre.
También disfrutamos de un Ravioli de mango relleno de albaricoque con sorbete de Granny Smith y croqueta de yogur y pimienta de Jamaica que os muestran FlashBack y Ninillas, otra espectacular sobremesa que fue regada con un delicioso vino húngaro, un Tokaji Aszú de tan sólo 3 puttonyos: Oremus de 2000.
Aprovecho para dejarles el reportaje gráfico de los vinos que acompañaron nuestra velada respetando su orden de aparición. ¡Magníficos! Sobresaliente la labor de Kobayashi.








Y después de los postres… ¡Más todavía! La sección Petit-Fours entra en escena y nos deleita con todo lo que les muestra FlashBack en su última fotografía: Mashmallow de yuzu con jengibre, Trufa de rosas e hibisco, Pañuelo de frambuesa con cremoso de queso fresco y wasabi, y un Chupito de melón con chocoblanco. ¿Se imaginan como estaba todo? ¡Exactamente! ¡Han acertado! ¡Impresionante! Un gran broche final para una cena exquisita.
Pedimos unos Tés variados, Kobayashi nos comentó que los comensales les compran las tacitas en las que nos sirvieron las infusiones, y que él mismo las compra en Japón mediante contacto directo con su familia. Yo opté por el de rosa –que me encanta- y charlamos largo y tendido los tres cucharetes sobre la experiencia vivida, debatiendo sobre la puntuación del local, que finalmente se alzó con el Cucharete de Oro –fuera de categoría-, hasta hoy, único en el blog.
Nos invitaron a una copita de Tantakatan –que no es el Chantatachán de Tamariz, sino un tipo de shochu (bebida alcohólica japonesa) elaborado con shiso (una especie de trigo) con el 20% de graduación- que se produce en la ciudad de Asahikawa. Viene siendo una especie de aguardiente muy muy suave, que únicamente calienta el interior, dejando la garganta fresca. Hiroshi se encarga también de conseguirlo, y realmente es un gran acierto.
Un restaurante único con una valoración única. Sin duda, otros locales llegarán a lo más alto y obtendrán puntuaciones similares, pero ninguno de ellos será –desde mi humilde punto de vista- el restaurante más romántico de Madrid, como personalmente valoro al Asiana.
Y aquí termina –un hasta luego, no un adiós- nuestra memorable aventura gastronómica, una experiencia sin parangón hasta la fecha, en la que su chef –Jaime Renedo- de tan sólo 25 años, nos hizo disfrutar como nunca de lo que su imaginación es capaz de llevar a la mesa, a la buena mesa, a nuestros paladares, y a nuestros corazones. Pues todo hay que decirlo, nos enamoró –para siempre-.
FlashBack: Desde la década de los 70, ya en el pasado Siglo XX y con orígenes en nuestro país vecino colindante por el Norte, se vienen dedicando grandes esfuerzos y largas horas de trabajo al desarrollo de lo que hoy conocemos como Nueva Cocina o Nouvelle Cuisine. Un movimiento cuyos padres iniciadores se consideran Christian Millau y Henri Gault, quienes dictaron los diez mandamientos de esta iniciativa -fácilmente encontrables en su literatura- y que yo resumiría en tres grandes valores: un cuidado escrupuloso de la calidad y frescura de las materias primas, una atención por la innovación en la elaboración haciendo uso de todas las técnicas así como de la experiencia creativa disponible y un especial interés por las necesidades dietéticas de los comensales.
Seguramente si volviéramos hacia atrás a los orígenes, tomando en cuenta lo anteriormente descrito, muchos de los actuales enfrentamientos mediáticos relacionados con la controversia que genera esta temática parecerían carecer de una base fundada. Queda perfectamente claro lo que cabe y lo que no se puede incluir dentro del marco general formado por estos simples preceptos. Los hay que cumplen los objetivos descritos con creces y también quienes se suben al carro de las minúsculas cantidades a precios desorbitados aprovechando el desconocimiento de pudientes clientes influenciados por la moda. El tiempo obviamente sitúa a cada cual en su lugar: unos acaban clausurando prematuramente y otros, como los buenos caldos, se vuelven bellos y deseados al envejecer.
Del grupo que nos interesa, aquellos fieles a los principios originales, encontramos múltiples opciones a lo largo de nuestro país. Dentro de nuestra ciudad son más escasos y contados, sin necesidad de utilizar una alta numeración. Es este interés por la Auténtica Nueva Cocina, el que nos mueve precisamente a desplazarnos a una entrañable tienda de antigüedades oculta entre las enredadas calles de nuestro querido distrito centro. Dentro de su presentación oficial, alcanzamos a leer únicamente cierta información acerca de las piezas exclusivas que se ofrecen procedentes de países como China, Tibet, Birmania o Vietnam. Una colección extraordinariamente seleccionada por su propietaria Ana Zalba. Sin embargo, en su interior se esconde un secreto escasamente conocido…
Todo aquel lector que haya mantenido la paciencia suficiente como para seguir leyéndome hasta este punto, se preguntará la razón de esta bonita prosa inicial. Ruego que me sigas prestando la misma atención a continuación y prometo que intentaré no defraudarte. Tal y como si de un momento mágico se tratara, corren las voces de que, pasadas las 20:30 de la tarde, esta misteriosa tienda se transforma poblándose de siete románticas mesas situadas en siete rincones únicos ubicados en su planta subterránea. Arropadas por las mismas antigüedades orientales con las que nos topamos a lo largo del día, la luz desciende sobre ellas a una intensidad celosamente más tenue. Una calidez que nos permite sentir como si nos encontráramos en un lugar recóndito, espiritual, digno del decorado de cualquiera de nuestros sueños. Y que, de forma extraña, fácilmente lo asumimos como nuestro propio hogar.
Cuenta la leyenda que un Octubre, hará ya un tiempo de unos cuatro años atrás a contar desde nuestra fecha, el joven y excelente jefe de cocina Jaime Renedo, que por aquel entonces ostentaba la edad de 22 años, se propuso empezar a escribir esta pequeña aventura basada en las paredes de ladrillo de la hermosa Asiana. Lo hizo influenciado por las técnicas y sabidurías adquiridas en parajes pertenecientes a tierras tan exóticas del globo como la reconocida Escuela de Hostelería de Moralzarzal, el Hotel AC Santo Mauro de Madrid, el extraordinario Restaurante Picasso del Hotel Bellagio en Las Vegas o el Restaurante El Bulli en Roses (Gerona). De todas ellas han dado fe la gran cantidad de personalidades de nuestro país que han sabido compartir con sus más allegados esta confidencialidad tan exclusiva. Ex-presidentes, grandes empresarios, famosos comunicadores de los medios, modelos… Un gran elenco de espectadores gastronómicos que han sido acogidos con un esmerado trato en el interior de este añorado salón.
Quienes han tenido la suerte de haber visitado este espléndido lugar, parecen narrar entre sus experiencias el haber recibido un trato y servicio individualizado digno de mención. Gastronómicamente hablando, parecen sorprendidos por la renovación cada dos semanas (o como mucho 20 días) de su menú de degustación al completo. A causa de ello, esta ilusión que aparece cada noche y se desvanece de madrugada es conocida con el nombre de Taller Asiana. Un auténtico laboratorio culinario donde se entrenan y descubren nuevas técnicas de forma continuada, apostando por las influencias de la cocina Internacional. Principalmente las Nikkei, Mediterránea e incluso Peruana.
Investigando más a fondo en las crónicas que nos llegan de este deseado rincón, descubrimos que el tándem perfecto lo completa un compañero de batallas conocido como Hiroshi Kobayashi. Un fantástico sumiller nacido en Tokyo que, enamorado por el encanto de los caldos españoles, decidió trasladarse a nuestros territorios adquiriendo una gran facultad en el conocimiento de los mismos tras sus andaduras por diversas bodegas de Ribera de Duero y los restaurantes Ghanesa o el Chaflán. Sin duda, junto a Jaime, ambos dos comparten en su trayectoria la pasión por la fusión mediterráneo-asiática de primera mano.
Ante esta vicisitud, satisface hallar el excelente ingenio que demuestra la idea de deleteitarnos con un maridaje, de cada una de las sensuales opciones gastronómicas que ocupan las mesas a lo largo de la velada, con grandes vinos seleccionados con mimo por Hiroshi. Un mínimo de 7 variedades distintas que nos proporciona el complemento más idóneo para una exquisita reunión nocturna.
El ambiente conseguido se orienta plenamente a la concentración de todos los elementos necesarios dedicados al placer de nuestro disfrute sensorial. Por supuesto, debemos olvidarnos de la cobertura de telefonía móvil y dejarnos llevar por los suntuosos caminos señalados por románticas velas flotantes en jardines acuáticos de flores frescas. De tal forma que aprovechemos a tomar sitio en alguna de las cómodas sillas de metal -gracias a sus mullidos cojines color nieve- situadas alrededor de cualquiera de las bellas 7 mesas redondas.
Todas ellas provistas de una sensacional cubertería Degrenne acompañada de vistosísimas copas de cristal realmente fino con un diseño lejos de lo habitual. Claro que siempre podemos hacer uso de unos elegantes palillos acabados en su parte superior en marfil. Las servilletas de lino son realizadas de forma única por el fabricante, como se puede comprobar en su etiqueta, la cual reza “Asiana Bassols 1790″.
En derredor nuestro, es inevitable perder nuestra observación en numerosos puntos que nos asombran una y otra vez. Nuestros ojos gozan de tal manera con el entorno como esperamos que va a ocurrirle a nuestras papilas gustativas en breve. Se nos elogia con una compañía más allá de lo esperado compuesta por Budhas Birmanos del Siglo XVIII, Terracotas Chinas pertenecientes a la dinastía Han, Bronces Indios o Cerámica de Vietnam. Auténticas joyas talladas, elaboradas o pintadas a mano, que suponen obras únicas agrupadas idealmente, formando parte de una gran familia de estilos artísticos, dentro de una atmósfera de creatividad.

Algunas de las piezas, como la luminaria interior que apreciamos en la siguiente imagen, aportan un grado máximo de personalidad al espacio que protege y envuelve a Asiana Taller. Un punto de luz con carácter apreciable en diversos puntos al alcance de nuestra visión dentro de este maravilloso museo. Sus escogidas localizaciones facilitan la integración de todas las piezas en un único concepto.
Al igual que ocurre con el diseño de las anteriores lámparas, supone un auténtico símbolo de la imagen de este apartado lugar, la celebérrima mesa número 1 -observable en la instántanea situada bajo estas líneas- cuyo fondo lo ocupa un hermoso mueble que resulta indescriptible para mis palabras y asombroso para mi sentido de la vista. Un marco inigualable en el mismo corazón de la extensión ubicada bajo tierra en la que nos encontramos. Desde ella, los pasillos que intercomunican el resto de pequeños salones cobran especial interés, tanto por sus numerosísimos objetos puestos a nuestros alcance como por la increíble iluminación con que se muestran.
Inmersos en ella, descubrimos que se han depositado sobre nuestro mantel unos preciosos trípticos doblados y terminados con un sello de tela cuyo logotipo siempre asociaremos al especial enclave en el que nos encontramos. Tras abrirlo y desdoblarlo con delicadeza, destapamos la extensísima serie de platos con los que vamos a ser agasajados durante las próximas horas. Un menú de degustación estructurado en 5 selecciones de aperitivos o Pica-Pica, 2 opciones de entrantes o Empezamos…, 3 suculentos platos principales o Seguimos…, 2 Postres y 4 Petit-Fours. ¿Quién dijo que disfrutar de la alta cocina suponía sufrir hambre? Con una suma de 16 especialidades como las que leemos, acompañadas de 7 vinos -no podemos evitar elegir la opción de maridaje-, será ampliamente difícil.
Con el fin de ostentar una base en la cual confiar plenamente y depositar nuestra fie ciega en el maridaje realizado por Hiroshi, estupendo conocedor de las variopintas cualidades de cada una de las elaboraciones de Jaime, no existe mejor prueba que la de echar un vistazo a la extensísima carta de vinos. Más que una carta, puede considerarse una extraordinaria recopilación de cientos de caldos recabados entre innumerables bodegas que realizan una espectacular aportación en su combinación con cualquier plato que pueda salir de esta admirable cocina-taller. Presentada en un libro provisto de cubiertas de piel que se anudan con unas finas cuerdas del mismo material, nos crea la sensación de estar recorriendo un cuaderno con historia y mucho trabajo tras el mismo.
Emprendemos nuestro viaje hacia nuevos continentes comenzando por los Pica-pica propuestos para esta quincena, a saber: Ensalada de migas de pollo con salsa de sésamo -no sólo cautiva por su presentación-, Salmón marinado con salsa de soja al cítrico -buenísimas huevas de salmón aderezadas con limón rallado y eneldo- y un gustosísimo Corte de mi cuit de foie con pan de especias. El orden a degustar en la bandejas con tres compartimentos que se sirven a cada comensal es de derecha a izquierda o, por supuesto, siguiendo el estricto orden de aparición en carta. Como acompañamiento, un estupendo Champagne francés André Clouet Grande Réserve -del que me impresiona su extraordinario aroma-.
El colofón en esta primera sección lo añaden el Mejillón frito, cerveza con mayonesa picante -fantástica la mezcla de una materia prima de calidad junto con un ligero picante y un distinguido aire de cerveza, inspirado en nuestros típicos mejillones tigre- y el “Flan caliente” con anguila “Kabayaki” -estupenda anguila ahumada con una especie de salsa dulce basada en la salsa de soja-. De ambos dos, se puede observar su magnífica presencia en el artículo de Mademoiselle Ninillas.
El menú degustación incluye grandes detalles como una completa variedad de panes calientes con el fin de hacernos compañía a lo largo de esta carrera de fondo gastronómica. En nuestro caso, disfrutamos de los deliciosos Pan de Aceitunas, Pan de Semillas, Pan de sésamo, Pan de Hierbas y Tostas de Aceite. Muchísimas opciones que nos permiten la ventaja de no tener la necesidad de repetir el mismo en ninguno de los casos.



Prosiguiendo con los Empezamos…, el protagonismo lo asume un Gazpacho de melón y lemon-grass con “Tiradito” de Bogavante y Mero. A continuación muestro un video en el que el servicio de sala nos fascina con el buen hacer de su forma de servir el gazpacho al resto de ingredientes, ya situados en cada uno de nuestros platos. Un plato riquísimo de mero, bogavante, mermelada de chile, uvas y salsa de ceviche. Luce aún más a través de un Manzanilla Pasado Pastrana -un manzanilla, a mitad de camino entre un fino y un manzanilla como suele ser tradición con este plato, que aporta un toque especial por haber sido sometido al contacto con la madera-.
En posición de acompañante dentro de estas primeras grandes elaboraciones, el Won Ton” de vieiras con Thai en cesta de patata -que os muestra D. Rayo- nos apasiona con su fresquísima vieira introducida en una agradable cesta de patata y bañada por salsa de curry y vinagre negro chino. Lo acompañamos de un complementario Vino Blanco Basa D.O. de Rueda del 2007 obtenido a partir de la variedad de uva verdejo y poseedor de aromas a melocotón, pera y cítricos. Gran merecedor de la distinción como mejor vino blanco en España en los años 2003 y 2005.
Alcanzamos los Seguimos… y los exploramos desde el más ligero al más potente. Un estimulante comienzo al saborear el Arroz Tom Yum con Chipirón, ají amarillo, edamame a lo ibérico y pil-pil de cilantro. Un exquisito chipirón ligeramente picante que nos traslada directamente a las aguas del mar con su sabor gracias a su fondo de marisco creado con gambas. Entremezcla perfectamente las grandes influencias del Restaurante Asiana: el carácter mediterráneo con el japonés y un suave desliz peruano. Aún más excitante maridado con un Vino Blanco Lusco D.O. Rías Baixas del 2006 de variedad de uva albariño 100%. Un caldo carnoso que aporta una estimulante coalición de la madera con su carácter suavemente ácido.
Seguido de una fantástica Lubina con monográfico de espárragos. Todo un despliegue de texturas -cinco en total-, acompañadas de caviar, espuma de soja y Yuzu (fruta japonesa similar a nuestra familiar lima). Un real deleite de sensaciones que disfrutamos junto con un estupendo Vino Blanco Saint-Joseph 2002 procedente del Valle del Ródano en Francia.
Y finalizado por un Cochinillo confitado con su jugo especiado y espuma de mostaza japonesa. Excelentísima porción para cuya elaboración se requiere de un tiempo aproximado de unas 17 horas a baja temperatura. Aderezado con su propio jugo, ensalada de granada y una salsa compuesta de soja con especias. De textura crujiente en su superficie y muy tierno en su interior. Se nos decanta previamente en una vistosa garrafa de cristal un Vino Tinto Sotorrendo D.O. Méntrida del 2006, el único que no nos convence excesivamente tras tantísimos éxitos y aciertos. La intención, sin embargo, es valorada favorablemente por intentar compaginar su carácter amargo con el aspecto dulce de la salsa de este plato.
A continuación y, no como conclusión, nos maravilla enormemente el cariño con el que se han elaborado los postres. Abrimos este nuevo tiempo con una Fresa rellena de jugo de frutos rojos, con helado de almendra, granizado de albahaca y lentejas de vinagre Cabernet que se nos sirve junto a un Vino dulce Château de Passavant 2006 igualmente francés del Valle del Loira con toques dulces, ácidos y amargos. Una grandiosa presentación debida a la campana de caramelo con que se cubre -como nos enseña D. Rayo- elaborado con helado de albahaca, fresa, gelatina y un delicioso vinagre de Cabernet - Sauvignon. Sencillamente excelente.
Le sigue de cerca el Ravioli de mango relleno de albaricoque con sorbete de Granny Smith y croqueta de yogur y pimienta de Jamaica regada con un encantador Vino húngaro Oremus D.O. Tokaji Aszú de 2000 (3 puttonyos) -no es un Eszencia como explico en alguno de mis viajes pero se nos hace muy correcto-. Llama especialmente la atención el relleno de mango, crema, albaricoque o manzana. Además de un ligero y original sabor picante debido a una pizca de pimienta de Jamaica. Una delicia para mi paladar.
Si pensábamos que ya habíamos puesto el punto y final, aún están por llegar los imprescindibles Petit - Fours. Mashmallow de yuzu con jengibre -me seduce la mezcla en forma de nube de esta raíz servida en textura cristalizada con la conocida como lima japonesa-, Trufa de rosas e hibisco -imprescindible no dejar de probarla-, Pañuelo de frambuesa con cremoso de queso fresco y wasabi -muy característico por la presentación que le confiere el pañuelo de frambuesa en forma de peineta-, y Chupito de melón con chocoblanco -muy digestivo y original, espuma de chocolate blanco con melón y naranja-.
Podremos acompañarlos con una selección de tés como el Té negro, Té verde con jazmín, Té rosa, Earl Grey o, mi elección personal, el Té Sabana Vida (un té rojo muy relajante). Igualmente podemos disfrutar de un excelente café. Todos ellos servidos con edulcorante, azúcar blanca, azúcar moreno y sacarina.
Y esta vez sí, concretamos el final de nuestra cena siendo invitados con una copa de Tantakatan, un shochu japonés parecido a nuestro aguardiente que suele tomarse con pescado crudo. Característico por su aroma de violeta y una sensación alcohólica muy suave a pesar de su graduación del 20%. Un especial hallazgo como remate ideal.
¡Extraordinario! ¡Admirable! ¡Único! ¡Realmente sorprendente! El Restaurante Taller Asiana lo recordaremos para siempre con enorme cariño en nuestros corazones por las múltiples razones ya relatadas. Nos aporta la exclusividad de un rincón único en nuestra ciudad cargado de romanticismo, sentimientos, arte e infinitos descubrimientos. Válido tanto para una celebración francamente especial como para una cena de negocios ultra-confidencial en un entorno íntimo, distinto y extraordinariamente difícil de igualar.
Tan sólo me queda desear a Jaime que prosiga fielmente con su ilusión personal, la cual le proporcionará seguramente muchísimas satisfacciones tanto profesionalmente como vitalmente. A Hiroshi, mostrarle nuestro agradecimiento por compartir con nosotros su gran conocimiento del mundo del vino y una mención especial por el buen servicio que hemos recibido por parte de Marina. ¡Felicidades a todos por haber conseguido nuestro Primer Cucharete de Oro!
Ninillas: A la visita de hoy le tenía miedo, sí, sí, me habéis oído bien. No me creeréis, pero este restaurante yo lo he recomendado aún sin visitarlo, para que os hagáis una idea de las expectativas que me había creado. El caso es que, tras esperar pacientemente por su “mesa 1″, la más codiciada del restaurante, conforme llegaba la fecha, dentro de mí se iba generando una especie de pánico, ése que te provoca el desconocimiento de lo ensalzado en tu fuero interno.
Llegó el día, o mejor dicho la noche de ese día, y allí estábamos llamando al timbre de una tienda de antigüedades. Cuando salieron a abrirnos me dio la impresión de que debíamos dar una contraseña, imaginaos la situación de clandestinidad que se vive, plantados en una calle angosta en los aledaños de Chueca y esperando a que nos dejaran entrar. Afortunadamente, la contraseña era el nombre de la persona que figuraba en la reserva, está claro que nos lo sabíamos, de modo que muy amablemente… nos invitaron a pasar.
Atravesamos la tienda repleta de todo tipo de objetos orientales y nos dirigimos hacia unas escaleras de madera de cuyas barandillas colgaban preciosas alfombras y tapices. Y justamente allí, en esa bajada, es donde empecé a disfrutar del Restaurante Asiana.
Es como una especie de universo subterráneo, desde la calle nada hace presagiar que eso está allí, pero existe… ¡Ya lo creo que existe!
El restaurante ocupa el espacio de lo que en el pasado fue un secadero de jamones, y remontándonos aún más en el tiempo, parte de los pasadizos del Convento de Santa Isabel. De su etapa jamonera, aún quedan restos, de hecho del techo aún cuelgan los ganchos y en algún que otro rincón puedes encontrarte con una rampa por donde se bajaban los sacos de sal.
Con una iluminación íntima que juega al claroscuro, uno puede disfrutar simplemente mirando cualquiera de los objetos que te rodean. No hay que olvidar que estamos en una tienda, y absolutamente todo lo que ves está a la venta y lo puedes adquirir durante la cena. Estoy hablando de antigüedades, de las auténticas, no de las de cartón piedra que sirven de atrezzo.
Podemos encontrar de todo y para todos los gustos y bolsillos: armarios chinos pintados a mano, budas birmanos del siglo XVIII, camas concubinas chinas, tibores, bronces indios, terracotas chinas, baúles imperiales, cerámica vietnamita… Y así, cualquier objeto variopinto que puedas imaginar, siempre con la garantía de autenticidad de los países de origen, que suelen ser: India, China, Bali y Birmania. Aunque también tienen representación del continente africano.
Y para muestra un botón, para ser sincera no sé lo que es y al final se me olvidó preguntarlo. Yo lo he llamado “reloj astrológico”, pero vamos… cosecha propia cien por cien. Si alguno lo sabe, por favor comunicármelo, y si alguno quiere adquirirlo… tienda de antigüedades orientales Asiana Decó, Travesía de San Mateo, número 4.
El restaurante cuenta con numerosas lámparas, cada una más bonita y original que la anterior, que iluminan tímidamente hasta el rincón más escondido.
Sus paredes son de ladrillo visto pintado de blanco en algunas zonas, lo que le da un toque muy neoyorkino al estilo de los antiguos clubs clandestinos.
Sin duda, es un restaurante diferente, no sólo porque rezuma romanticismo por doquier, sino porque en el escenario donde se desarrolla es como un museo en el que, aunque sólo sea por unas horas, tú formas parte activa del mismo.
Aquí, por si todavía no os habéis dado cuenta, nada es convencional, ni su horario -sólo abren por las noches-, ni su oferta gastronómica -es un menú degustación cerrado- y por supuesto su equipo -que harán de tu cena un recuerdo inolvidable-. Y para que todo vaya sobre ruedas, el restaurante sólo da cabida a un máximo de 25 comensales. Tan sólo 7 mesas llegan a montarse cada día al caer la noche. Se trata de mesas exclusivas, no sólo por el gusto con el que están montadas sino por la ubicación que se les va otorgando en el corazón de este restaurante museo.
Pero dentro de la intimidad que indudablemente te brinda el Asiana, existen dos espacios más exclusivos si cabe. Uno de ellos, es el que os muestro en la imagen anterior, sigue la misma tónica que el resto del restaurante, pero se diferencia en que cuenta con una sala propia. Vamos… ideal para una cena romántica a la luz de las velas o, ¿por qué no?, una reunión de negocios con tintes de confidencialidad.
La otra estancia es la de la cama china -foto superior, aunque la cama no sale en la imagen-, en la que se encuentra la codiciada “mesa 1″, o como dice Rayo, la que a partir de aquella noche pasó a ser la “mesa Cucharete”. Cuenta también con un espacio propio, y desde luego el encanto que le otorga la cama hace de ella una mesa especial.
Bien, vamos a ir al asunto… porque yo creo que a estas alturas os habrá quedado claro que el restaurante en sí es precioso a la vez que único. Pues bien, al frente del barco. como chef y propietario del mismo se encuentra un jovencísimo Jaime Renedo. Digo jovencísimo, porque cuenta con tan sólo 25 años, pero aprovechadísimos. Empezó su andadura gastronómica en la escuela de cocina y hostelería de Salvador Gallego en Moralzarzal, más tarde continuó su formación por otras cocinas como la del Hotel Santo Mauro, Restaurante Mar de Alborán, Currito, Picasso (en Las Vegas) o El Bulli. Es un espíritu inquieto y cosmopolita como pocos, y no cabe la menor duda de que de cada uno de sus innumerables viajes y estancias en otros países se ha traído sabores e ingredientes que fusiona a la perfección con una cocina de alma mediterránea, en el que para él es la niña de su ojos, el Restaurante Asiana.
A día de hoy, siente una grandísima atracción por la cocina Nikkei (cocina japonesa que se ve influenciada por la potencia de las recetas peruanas, más concretamente las criollas). Y esa atracción pudimos degustarla en alguno de sus platos.
Al frente de la sala -como metre y sumiller- encontramos a Hiroshi Kobayashi, sí, habéis oído bien. Obviamente no es de Vallecas, nacido en Tokio, mientras estudiaba la carrera trabajaba en un restaurante donde por lo visto un buen día probó un vino de la Ribera y se vino para España. Digo yo, que probaría más de uno, no se cambia uno de país así como así. El caso es que, una vez en España comenzó su formación como sumiller, cosa que a día de hoy no ha dejado ni creo que deje jamás, porque los profesionales como él se encuentran inmersos en un proceso de investigación continua. Ha pasado por restaurantes como Ghanesa o El Chaflán y en la actualidad con su cortesía nipona y gran conocimiento de los vinos es quien dirige la sala de Asiana.
Hiroshi tiene preparada una carta de vinos que tiene vida propia, saca y mete referencias sobre todo españolas, buscando caldos poco comunes y sorprendentes para los mortales de a pie. En la actualidad son 250 vinos los que te presenta en una original carta de piel que viene atada al estilo de un pergamino, y te la trae como si fuera a mostrarte un tesoro, su tesoro.
Pero si de verdad quieres disfrutar, lo mejor bajo mi punto de vista, es ponerte de verdad en sus manos y optar por el maridaje. Por 33 € +IVA, podrás acompañar cada plato con el vino que Hiroshi ha seleccionado previamente y conseguir que cada bocado, de por sí colosal, se convierta en divino.
Como ya os he comentado previamente, aquí no hay carta, se trata de un menú degustación cerrado -85 € +IVA- que se cambia cada 15 ó 20 días. En nuestra visita esté menú constó de unos Pica-Pica, 2 entrantes, 3 segundos y 2 postres. Para terminar unos Petit-Fours. Cada plato va acompañado de la instructiva explicación que Hiroshi ofrece.
Y la foto anterior corresponde precisamente al menú, que viene muy bien presentado y cerrado, como si de un secreto se tratara.
¡Comienza la fiesta! Abrimos con un champagne André Clouet Grande Réserve, procede de una bodega chiquitita de unas 7 hectáreas. Yo no lo había probado nunca y me encantó, tenía finura y cuerpo, pero no se hacía pesado y sobre todo le iba perfectamente a los Pica-Pica. De izquierda a derecha -como nos indicaron que debíamos comerlos- os muestro una Ensalada de migas de pollo con salsa de sésamo, Salmón marinado con salsa de soja al cítrico y Corte de mi cuit de foie con pan de especias -llevaba además una reducción de balsámico abajo y unos frutos secos por encima-. De los tres, pues no sé con cuál quedarme, tal vez el que más me sorprendió fue el salmón, sobre todo por su calidad y el tratamiento del mismo.
Los otros dos Pica-Pica fueron el Mejillón frito, cerveza con mayonesa picante -izquierda- y “Flan caliente” con anguila “kabayaki”. El mejillón en realidad llevaba aire de cerveza y el conjunto picaba ligeramente, pero resultaba un bocado muy equilibrado tanto por sabor como por mezcla de texturas, delicioso. El flan, estaba algo salado y me resultó raro, me encantó, estaba lleno de matices, pero sobre todo de sabores intensos e inesperados a la vista. Además de anguila llevaba huevo y un fondo de pescado cocinado al vapor, por encima, shiso.
Tras los Pica-Pica, dejamos el champagne y pasamos a un Manzanilla Pasada Pastrana, que está entre manzanilla y fino, conservando la frescura del primero y sin llegar a tener el cuerpo del segundo. Todo esto para acompañar en feliz matrimonio al sensacional Gazpacho de melón y lemon-grass con “Tiradito” de Bogavante y Mero. El plato acabado es el que yo os muestro, mis compañeros ya os lo han enseñado en todas sus fases, os recuerdo que el gazpacho en sí es añadido en la mesa. El plato, podríamos decir que es como una evolución del gazpacho tradicional, más suave y ligero, al que se le incorpora salsa de ceviche, mero y bogavante. Por encima, uvas y mermelada de guindillas. Conclusión: un placer.
A continuación y muy contenta, la verdad es que estaba disfrutando de lo lindo, cambiamos nuestra Manzanilla Pasada por un blanco de Rueda Basa 2007, un vino afrutado donde se perciben aromas de melocotón, pomelo y pera y que iba a regar el “Won Ton” de vieiras con Thai en cesta de patata. La cosa iba así, además de los Won-Ton -raviolis chinos-, sobre un puré de cebolla con vinagre negro chino se posaba una cestita de patata que en su interior llevaba una sabrosísima vieira, todo regado por una salsa de curry tailandesa. Bueno, pues la combinación de todo eso, unido a la delicada presentación, hacían de este plato un auténtico espectáculo, sensacional.
Dejamos el blanco de Rueda y nos pasamos a un albariño Lusco 2006 D.O Rías Baixas, que traería como acompañamiento el Arroz Tom Yum con chipirón, ají amarillo, edamame a lo ibérico y pil-pil de cilantro. El plato os lo enseñan mis compañeros, tan sólo quería comentar lo delicioso que estaba y la fusión de cocinas mediterránea, japonesa y peruana que sobre él se ponían de manifiesto. Sin duda, una fusión muy bien entendida, como en todos y cada uno de los platos que degusté.
Seguidamente en la mesa se nos sirvió un vino blanco francés del 2002 Saint-Joseph, que recordaba a los del Priorato. Un vino con más cuerpo que el anterior y también más carnoso en boca, pero no de maderas sino debido a la potencia de las uvas con las que se elabora. El motivo del cambio no fue otro que la llegada de la Lubina con monográfico de espárragos. La gracia de esta lubina, aparte de la materia prima en sí que era excelente, era el juego que suponía trabajar con los espárragos en 5 texturas diferentes. Como podéis ver en el vídeo, el plato se terminaba también en la mesa al servirlo con una sopa, por supuesto, de espárragos. En realidad necesitabas cuchillo, tenedor y cuchara para comerlo. Como toque final, la lubina llevaba por encima una espuma de soja y yuzu -una especie de lima japonesa-. Y de nuevo, mi estómago fue aplaudiendo a cada bocadito que le iba cayendo.
Con el Cochinillo confitado con su jugo especiado y espuma de mostaza japonesa hizo acto de presencia el primer tinto de la noche: un Sotorrondero 2006 con D.O Méntrida de las Bodegas Jiménez Landi. Y aquí debo decir que fue el único vino que no me convenció, no era mal vino, pero le faltaba carácter al menos para el cochinillo, y bajo mi humilde opinión, estaba por debajo del resto de caldos servidos en la cena.
Del cochinillo, mostrado en la siguiente imagen, qué os puedo contar que a estas alturas no imaginéis ya. Bien, os puedo decir que el cochinillo estaba tierno, tierno, y con su costrita en la parte de arriba -se elabora durante 7 largas horas a una temperatura constante de 72º-, las salsa era un jugo de soja y especias, la espuma de mostaza japonesa y loto, y el nabo se preparaba al estilo japonés. Se completaba con unos granos de granada. El resultado… o mejor dicho, el estado en el que te encontrabas cuando lo comías, gozoso.
Ni qué decir que a cada plato nuevo que llegaba yo iba mirando en mi menú para ver cuántos más quedaban mientras escuchaba atentamente las explicaciones de Hiroshi. Temía no poder dar buena cuenta de los postres. Por suerte para mí, tras el cochinillo ya estaban allí, no iban a entrar solos porque en realidad estaba llena, pero me daba a mí que merecían un esfuerzo. Lo cierto es que el esfuerzo no fue tal, sino un placer. Junto a un vino dulce Château de Passavant 2006 del Valle de Loire se nos presentó la Fresa rellena de jugo de frutos rojos, con helado de almendra, granizado de albahaca y lentejas de vinagre de Cabernet. Os la enseñan mis compañeros, yo simplemente quiero añadir que al juego visual que se proponía se le unía el gustativo. En una palabra delicioso.
El que yo os muestro es el Ravioli de mango rellenos de albaricoque con sorbete de Granny Smith y croqueta de yogur y pimienta de Jamaica, como vino uno húngaro, en concreto un Oremus D.O. Tokaji Aszú del 2000, que al igual que el anterior le iba perfecto al postre. Además de todo lo que ya os he nombrado antes, el postre se terminaba con un bizcocho con sifón y un crujiente. Con la misma y única palabra: delicioso.
Pero si pensáis que esta fantástica visita ya ha llegado a su fin estáis equivocados. Nos ofrecieron unas infusiones -3,50 € +IVA-, y por supuesto aceptamos el ofrecimiento. Cuentan con diversos tipos tés: el Sabana Vida -té relajante africano-, el Bancha -té típico japonés-, el té negro, el té verde mezclado con jazmín, el de rosa, el clásico inglés y una infusión llamada Delicia Golden que básicamente viene a ser una base de manzanilla mezclada con fruta. Por supuesto también tienen cafés, pero animada por el entorno y sobre todo por Hiroshi, que nos indicó que lo compraba personalmente él en Japón, yo opté por el té Bancha, desde luego no me equivoqué en la elección, era muy aromático y digestivo.
El té vino servido en esta tetera, que por cierto es el último grito en Japón, no sólo por su diseño sino también por su capacidad para mantener el calor y condiciones higiénicas tras su uso continuado.
Nuestros tés vinieron acompañados por unos exquisitos Petit-Fours que ahora os enumero: Mashmallow de yuzu con jengibre, Trufa de rosas e hibisco, Pañuelo de frambuesa con cremoso de queso fresco y Wasabi y Chupito de melón con chocoblanco. Y tras dar debida cuenta de todos y cada uno de ellos, Hiroshi quiso que pusiéramos el punto y final con un chupito de Tantakatan, que viene a ser como nuestro aguardientillo, pero mucho más suave y al estilo nipón. Debo reconocer que fui capaz de probarlo, pero no de acabarlo, porque aunque bien es cierto que entra muchísimo mejor que nuestros destilados, el sabor de fondo me puede.
Dejé al resto del equipo con su Tantakatan y me fui a hacer la visita obligada al aseo, muy chiquitito, pero con el punto del restaurante.
Me da mucha pena acabar este post porque no sé si habré sido capaz de transmitir el grado de emoción con el que viví la visita a este restaurante. Por si acaso, intentaré resumirla con mis pequeños detalles. Del ambiente, por mucho que hable, por mucho que describa, nunca se podría comparar con lo que las imágenes os muestran, y desde luego nada que ver con disfrutarlo en vivo. Pero por si acaso, para mí es el restaurante más romántico de Madrid de cuantos he visitado. De sus mesas, como habéis podido apreciar están fantásticamente vestidas, aquí sí son manteles y servilletas de hilo -¿acaso pensabais que se me iba a pasar?- y el resto: cubertería, vajilla y cristalería, pues más de lo mismo, perfecto. El servicio, es impecable bajo mi punto de vista, pendientes en todo momento de ti, pero sin atosigar, respetando la privacidad necesaria a los comensales. Mención aparte para Hiroshi Kobayashi que no sólo tiene un grandísimo conocimiento de vinos sino que además demuestra plato tras plato la compenetración con la cocina que ofrece Jaime Renedo. Por último, el propio Jaime Renedo, quien a través de su menú degustación pone de manifiesto que hay otra forma de hacer las cosas, de entender la cocina. La suya tiene alma mediterránea y pinceladas asiáticas, pero no demuestra miedo ni temor a meter guiños a otras como la peruana. En definitiva, una propuesta gastronómica vanguardista donde se hace uso de técnicas innovadoras en el punto justo y respetando la excelente calidad de las materias primas con las que trabaja, y cuyo resultado son platos capaces por sí mismos de transmitir emociones tanto visuales como aromáticas y de sabor.
Para terminar, sólo puedo añadir que si buscas un restaurante exclusivo, íntimo y distinto, sin duda el Asiana ha de ser tu elección. Nuestro primer y merecidísimo Cucharete de Oro.
PD: Espero que mi novio lea este artículo y obre en consecuencia.
Cucharete: ¡El Restaurante más romántico de Madrid! ¡Casi nada! Así es catalogado el original Restaurante Asiana por mi equipo grastronómico de cucharetes. No hay más que leer sus respectivos artículos para darse cuenta de que realmente han disfrutado de la velada como nunca. Sin lugar a dudas, Rayo, FlashBack y Ninillas, no olvidarán esta memorable experiencia y permanecerá para siempre grabada en sus sentidos. Espero que todos los lectores experimenten esas mismas sensaciones, al menos, una vez en la vida. ¡Merece la pena! ¡Ya me contaréis! Mi equipo cenó por 130 €/persona, tres personas con el menú degustación de 85 €+IVA, el maridaje de 7 vinos y un champagne de 33 € +IVA y 3 tés.
Todo.
Nada.
13 comentarios a “Asiana”
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¡Uau!
Sólo puedo decir una cosa: QUIERO ir (¿o es NECESITO ir?). Voy a reservar, sin falta.
Gracias por una crítica muy amplia y detallada, como siempre.
Besos
Lau
Dios, yo tengo que ir también a ese restaurante! Menos mal que Lau y yo somos del mismo palo jejeje… Viendo su comentario me consta que no nos costará convencernos mutuamente!
Gracias por la reseña, chicos, espectacular!
Ninillas: el objeto en tu foto Nº 6 no es un “reloj astrológico”, se trata de un astrolabio, un instrumento astronómico (nada de astrología) que fue utilizado con múltiples usos científicos -para la observación del cielo-, durante muchos siglos: desde su invención por los griegos, pasando por toda la Edad Media y hasta el s. XVIII en que fue modificado para crear los sextantes y cuadrantes utilizados para la navegación. El que se muestra en la imagen parece una reproduccion de alguno de origen persa o algo similar. El Museo Naval tiene una colección extraordinaria de tales astrolabios, incluyendo los inventados en España por el astrónomo andalusí Azarquiel hacia el año 1000 y que se conocen con el nombre de azafeas.
Rafael Bachiller, astrónomo (OAN, Alcalá de Henares) y gran seguidor de cucharete
Hola Rafael,
muchas gracias por leer detenidamente mi sección y contestar a la pregunta que lanzaba a los lectores, pues obviamente, yo no soy astrónoma y desconocía su significado, simplemente me guié por mi intuición al ver claramente los diferentes signos del zodíaco sobre él, de ahí el nombre gracioso que me inventé.
Da gusto contar con lectores como tú.
¡Un saludo!
Buenas
Pudimos disfrutar de una deliciosa cena el sábado pasado y basta con decir que habrá que apretarse el cinturón para repetir lo antes posible… intentaremos con la mesa 1.
Un sitio especial, la comida de 10 y la degustación de vinos de 1ª.
Mención especial al Sr. Kobayashi.
Animaos
Hola, mi marido y yo estuvimos cenando anoche 4 de Julio, y celebrando su cumpleaños en Asiana, y he de decir que fue maravilloso, una vez más Ricardo me ha sorprendido y ésta vez me ha puesto el listón muy alto para superar la sorpresa. Nos encantó el restaurante, la comida, el servicio, los vinos, fué todo impecable, además tuvimos la suerte de cenar en la preciada mesa 1 y realmente disfrutaron todos los sentidos. Lo recomiendo sin duda, en especial para parejas que disfruten de éste tipo de exquisiteces. Mi enhorabuena al que tuvo la brillante idea de montar un restaurante de éstas características, y muchas gracias a mi marido por ser El mejor.
He tenido la ocasión de ir a cenar con mi mujer, el primer fin de semana de julio y hermos quedado gratamente sorprendidos, aunque conociendo y habiendo leido vuestros comentarios, mas que sorpresa ha sido complacencia. Quedamos encantados con la cocina, con el servicio así como con el sommelier y con el cocinero con quienes departimos un buen ratito. Su cocina de fusión nos hace participar de unos condimentos y alimentos propios de otras latitudes que sabiamente combinados nos hacen disfrutar de unos aromas y sabores
sugerentes y excitantes para el paladar.
Para nuestro gusto fueron mas gratos y novedosos los “platos” que la respostería, si bien ésta estuvo a un buen nivel.
El ambiente que nos rodeaba era de tan diversa belleza, que añadía a los placeres del gusto y del olfato el de la vista, dejando en nosotros
un recuerdo preferente y unico de entre las visitas que hemos hecho a tantos buenos restaurantes.
Mi reconocimieto y recomendación y animo para continuar en ésta línea.
Al fin fuimos a cenar a Asiana
Quizá tenía tanta expectación que temía ser decepcionada, pero no al contrario.
El sitio es precioso, parece que te sumerges en una película de serie B , llamando a la puerta de la tienda, esperando que suban a por tí…..y luego empieza la aventura.
No tomamos el maridaje de vinos, porque nuestra idea era merodear por Chueca a la salida,y tanta mezcla de alcoholes nos pone muy malitooos a mi marido y a mi, por eso pedimos un buen Ribera que nos acompañó estupendamente toda la cena
Que deciros del mejillón, del gazpacho, del taquito de salmón, espléndidos todos. La lubina……tampoco es para tirar cohetes, se ha convertido en un plato típico de cualquier restaurante con esa textura y del Asiana se puede esperar algo más. El cochinillo no tiene ningun pero. Los postres espectaculares.
Sólo deciros que disfruté más de los entrantes que de los dos principales, creo que debían de ser optativos, la gente que brujuleamos por este tipo de sitios no solemo ser muy glotones y al final la sensación es excesivamente saciante, menos mal que un té maravilloso bajó la comida y nos hizo disfrutar del maravilloso ambiente al sabor de un gin tonic de hendris( no se como se escribe correctamente pero si como se pide).
Bueno, recomendable cien por cien, se paga convencido el precio, pero hay que adaptar la cantidad de comida a ciertos estómagos, y animo a ese cocinero de gorrita que baja a saludar que pruebe nuevos maridajes en lugar de lubina y cochinillo , se que es un homenaje a la cocina española, pero somos mucho más ricos que eso, hay excelente caza, steack tartare, buey, cordero( más suave que el cohinillo), aquí una pequeña recomendación a TODOS los restaurantes de nueva cocina, no os empeñéis en embutir el cochinillo convirtiéndolo en una masa deshuesada incomible con un poquito de costra, si el cochinillo se puede comer y delitar un paladar es en su esencia, asado y acompañado de su jugo, de otro modo se convierte en una bola informe en nuestras papilas.
También tenemos exquisito mero o rodaballo o atún rojo o unas maravillosas cocotxas de merluza, pescados realmente sabrosos y adorables bastante más que la tradicional y megautilizada lubina.
Son solo recomendaciones de una crítica gastronómica amateur que solo pretende comer algo más de lo que puede ofrecer en su casa.
Recomiendo el Asiana pero les animo a mejorar ( cocinero no prescindas del maravilloso picante que utilizas como nadie )
Chicos de Cucharete, recomendarme algun restaurante por la zona de Sancti Petri( Cádiz ) que me voy todo el mes de agosto y no se que comer. Gracias por vuestra atención
Hola Piluca,
si has echado un ojo a nuestra sección de restaurantes fuera de Madrid (e incluso del extranjero) comprobarás que todavía no nos hemos pasado por Cádiz, pero todo llegará… ¡Esperamos que a la vuelta de tus vacaciones seas tú quien nos aporte algunas direcciones de interés!
Un saludo.
bueno, he de decir que de los pocos restaurantes del tipo gourmet que he asistido este tiene todo lo que un restaurante debe tener, ambiente de lujo super tranquilo y confortable, el trato personalizado y cortez la comida realmente correcta tanto en sabor, puntos de cocion y presentación y los maridajes que nos dio el señor hiroshi fueron acertados al 1oo% , sinceramente la pase de maravilla realmente he de felicitar a jaime renedo por esa excelente idea de concepto de restaurante que tiene.
Buceando en Internet, buscando recomendaciones de restaurantes, encontré esta pagina. Tras leerme las críticas de los restaurantes de 5 cucharetes y cucharete de oro y los comentarios, decidí reservar en el Asiana para celebrar una ocasión especial el 17 de julio. Fue una cena ESTUPENDA e insuperable, tanto la comida, como el maridaje de vinos y la atención de todo el personal. Me alegro mucho de que ahora haya ascendido de categoría de 5 cucharetes a cucharete de oro porque se lo merece. Dejo mi comentario, para que ayude al resto de lectores y animo a los visitantes de restaurantes a hacer lo mismo.
Por cierto, en lugar de cochinillo, tomamos lomo de buey.
Estuvimos el sabado 26 julio y pudimos disfrutar de la mesa número 1, la más tranquila y la verdad que te permite realizar tus sueños. Cuando realizamos la reserva nos preguntaron si eramos alérgicos a algo y si nos gustaba el picante, es de agradecer. A mi mujer no le había dicho donde ibamos y le sorprendió la entrada por la tienda, de hecho no se lo creía. El personal es muy amable en todo el desarrollo de la recpeción y cena. Voy a poner los peros al principio, hacía bastante calor no sé si funcionaba el aire. Deben mejorar el café. Tengo mis dudas sobre el maridaje de vinos, que fue el que elegimos, o tomar un vino directamente. F
Había vinos que no estaban a la altura de la cena y del precio. Ahora elegiría un buen vino para todal cena, esa noche no estaba el sumiller. La verdad es que los vinos dulces no son nuestro fuerte y lo sustituyeron por champan, fenomenal cliqueot francés. Los entrantes espectaculares, seguidos por unos maravillosos platos y los postres fueron sorprendentes. Una delicia de cena. Para repetir cada cierto tiempo, por lo elevado de la factura.
Restaurante muy bueno en Cadiz en la zona de Sancti Petri es el Timon de Roche. Pepe es el dueño y hace un arroz con Bogavante que quita el sentido (45€ por persona), puedes ver los bogavantes en un acuario habilitado en la sala. En las cenas dispone de animacion al piano, y lo mejor de todo es su magnifica terraza, todo ambientado en un restaruante en forma de barco.