Wagaboo (2008)
10 Febrero 2008 por Cucharete
-
Gravina, 18
Madrid (Centro)
Chueca (Línea 5)
91 531 65 67
15 - 25
Wagaboo es un nuevo concepto que nace en Madrid y que se extenderá rápidamente por las calles de la capital. Un espacio que da vida a uno de los restaurantes de moda en Madrid en nuestros días. Un restaurante de cocina mediterránea con toques asiáticos, sin olvidar guiños a cocinas internacionales en su carta. Sus comedores dan cabida a 86 comensales y disponen de espacio para no fumadores. Su horario de apertura es de 13.15h. a 15.30h. y de 20.30h. a 23.30h. Diferentes locales conforman la exitosa cadena Wagaboo, cada uno de ellos adquiere su propia personalidad aunque todos ellos conviven bajo un denominador común: un guiño neoyorkino. C.C Diversia (Avda. Bruselas, 21 - La Moraleja - Alcobendas.), C/ Ayala, 14 (semiesquina Serrano), C/ San Marcos, 28 (esquina Barbieri), C/ General Martínez Campos, 26.




3,5
Rayo: Tras la disculpa personal que nos había enviado Borja Domínguez -propietario de la cadena- por lo que nos había sucedido en uno de sus restaurantes hace unos meses y que es pública -con su autorización- en el comentario 25 del anterior artículo sobre el Restaurante Wagaboo en Cucharete, encontramos finalmente un hueco para cubrir este divertido, romántico y económico restaurante de la concurrida zona de Chueca con un artículo que muestre nuestra experiencia de una manera extensa, honesta, sincera y repleto de fotografías del local, como a los que os tenemos acostumbrados desde que nos lanzamos con esta aventura gastronómica. En esta ocasión, no nos han puesto ninguna traba para realizar nuestro trabajo, así que… ¡Ahí lo tenéis! Con su elegante combinación de negro y magenta… ¡El Restaurante Wagaboo!
Wagaboo es un nombre que se extiende rápidamente, y eso nos deja entrever que es un concepto que funciona, sobre todo entre la gente joven. ¡Son 5 ya los Wagaboos operativos! ¡Casi nada! Cada uno de ellos tiene su propia personalidad, aunque les une un marcado aire neoyorkino. El número central de reservas es el 902 885 363.
· C/ Gravina, 18 (Esquina Válgame Dios) [91 531 65 67] -el analizado en este artículo-
· C/ San Marcos, 28 (Esquina Barbieri) [91 523 02 32]
· Centro Comercial Diversia (La Moraleja) [91 657 28 99]
· C/ Ayala, 14 (Semiesquina Serrano) [91 578 33 68]
· C/ General Martínez Campos, 26 [91 702 02 81]
Nada más entrar en el de Gravina, nos saluda con sus destellos de luz blanca una lámpara que simula una nube de pompas de jabón que sobrevuela las escaleras que nos llevan a los servicios, tras ella encontramos los primeros tonos rojos -característicos del local- que flanquean un cómodo sillón blanco, que consideramos ideal para esas ocasiones en la que hay que esperar a ser atendidos cuando no tenemos reserva confirmada y el local esté lleno.
El interior del local es rojo pasión al 75%, y el otro 25% es juventud y modernidad. Apreciamos un gran número de mesas para parejas, como podéis ver en la foto, pero no son menos las mesas para grupos de cuatro personas. Con amigos o con la pareja, buen sitio para wagabooguear.
El techo es altísimo, común en muchos locales de la zona debido a la antigüedad de sus edificios, y ¡menos mal! porque mirar hacia arriba no es tan agradable como hacia cualquier otro lado, pues no está muy cuidado que se diga, pero lo que importa está abajo, sin duda.
La luz tenue que gobierna el espacio consigue que en las mesas de sus mini-reservados (como en la que cenamos nosotros) se respire un clima de romanticismo singular. La guinda corre a cargo de la velita que marca acertadamente la mesa. Los vasos, como si fuesen de gominola y se derritiesen ligeramente con la calidez que desprende el lugar, son de colores variados y nos recuerdan que no se puede beber mucho porque… “doblas”.
Al fondo, tras un largo pasillo que nos enseña parte de la sencilla bodega del Wagaboo en un cuadriculado y moderno botellero, encontramos el comedor de fumadores. “Luciérnagas” blancas a diferentes alturas iluminan este espacio como si de un antiguo garaje se tratase, en el que destaca el resplandor que desprende el respaldo de sus sillones. En frente, otro vagón de “camarotes privados” para disponer de más intimidad (los fumadores también la necesitan ¿no?).
La pared sin vestir lucha contra la gama de rojos del local, y… ¿quién gana? ¡Empate técnico! -Recordad que estamos en un clima neoyorkino- Personalmente me gusta cómo ha quedado el comedor, aunque reconozco que va dirigido a un público muy concreto, gente joven que busca un restaurante “cool” a la vez que económico: ¡Fun eating!
La mesa que os muestro a continuación –protegida de la cocina por una gran mampara de vidrio- es la más iluminada y menos romántica de todo el local, pero es perfecta para disfrutar de unas curiosas vistas que nos mantendrán entretenidos durante toda la degustación. ¡Mirad el video!
Realmente es todo un espectáculo ver en directo y en primera línea la preparación de la pasta fresca. Todos los días se puede ver estirar, estirar y estirar más todavía la masa, retorcerla más de mil veces, golpearla enérgicamente en la mesa, echarle harina y repetir la secuencia con indiscutible destreza hasta obtener unos finos fideos, absorbiendo de esta forma todo el sabor de los productos que los acompañan. ¡No os lo perdáis!
Y… vamos al grano -o al “ñam ñam”- que es lo que interesa. Nos atendió Almudena, una chica muy amable con nosotros en todo momento, a pesar de que montamos siempre un cristo del 15 con las fotos, poniendo los platos aquí y allá, imaginaos… un espectáculo tan digno de ver como el de la masa. El servicio fue muy rápido, tanto que nos llegaban las raciones simultáneamente a la mesa aunque fuesen para compartir, lo cual nos hizo probar alguno de ellos más frío de lo normal. El sistema de “pinganillos” que llevan los camareros, te hacen pensar que estás rodeado de bodyguards que protegen a algún comensal famoso, pero en este caso no es más que un sistema de comunicación interna, pues en el Wagaboo ¡los afamados somos todos!
La carta se presenta de forma divertida y la pasta es la protagonista de este espacio. Se definen como restaurante de cocina mediterránea con toques asiáticos, sin olvidar algún que otro guiño a cocinas internacionales. Nosotros, con 3 entrantes para compartir, 3 platos principales y 2 postres comenzamos por una Cesta Imperial, un plato que destaca por su presentación e incluye: rollito de primavera, samosa india, empanadilla japonesa y roll mixto. Habíamos comenzado bien, además la salsa le daba un toque ligeramente picante muy acertado para mi gusto.
Acompañamos la cena con un blanco moscatel D.O. Alicante Maria Alta 2007 que presume luciendo numerosas medallas en diferentes cosechas anteriores en su contraetiqueta, un vino correcto para el local en el que nos encontramos, muy suave y refrescante -gracias a su fina burbuja-, ideal para un público poco exigente.
El Risotto Boscaiola formaba parte de una pequeña carta de sugerencias que se presentaba aparte. Almudena nos recomendó este plato, aunque nos avisó que se hacía un poco pesado para una sola persona por lo que era una opción ideal para compartir. Tenía toda la razón, correcto de sabor pero empalagoso en cantidad. Se trataba de un arroz con boletus, trufas, setas y parmesano, servido con un mini escalope de foie fresco al grill. Disfruté más con el resto de entrantes, no puedo negarlo, como por ejemplo la Ensalada con barquillo de Brie que os presentan FlashBack y Ninillas -el barquillo estaba delicioso-.
Nos llamaba mucho la atención la Oreja de elefante, pero más por el gracioso nombre que por lo que era: un escalope milanés gigante, por lo que optamos por el Solomillo al cuadrado: unos dados de solomillo de buey salteados con perejil y ajo, acompañados de patatas New York y salsa de mostaza. No era una carne espectacular, pero para la horquilla de precios que maneja el local, más que suficiente, nada que decir en su contra.
Las raciones de pasta son muy generosas como podéis observar en las imágenes. La-Mien de pollo con shiitake, unos tallarines chinos elaborados a la vista con esa pasta fresca que visteis en el vídeo, acompañados con pechuga de pollo en tiras y salteados con cinco verduras y setas shiitake. La pasta merece la pena probarla, no vayáis a pensar que sabe como la que tomáis en casa… a unos les gustará y a otros no -obviamente- pero no os dejará indiferentes. FlashBack y Ninillas os muestran los Tallarines yakarta, esta vez a la plancha, también recomiendo que los probéis.
Llegados los postres, preguntamos por los caseros y comenzamos con la Pasión de queso -si es que al estar próximo San Valentín…-, un mousse de mascarpone con trufa de la pasión que para mi gusto estaba muy bueno, no tuvo la misma sensación Ninillas, no eran sus sabores. Yo, lo repetiría sin pensarlo.
El Pantone de chocolate estaba formado por variantes de chocolate en sus diferentes texturas, muy rico también, aunque considero estas sobremesas excesivamente caras para el tipo de local en el que nos encontramos: 4,90 € y 5,90 € +IVA. Cierto es que también ofrecen Helados de crema a 3,20 € +IVA que pueden ser una buena opción, pero ya no se hacen allí y por eso nosotros los descartamos.
Salimos contentos del Wagaboo, pues wagaboogueamos a gusto. No me queda más que enviar un saludo a Almudena, quien nos atendió estupendamente durante toda la cena, un trato muy diferente al que nos había dado -no recuerdo quién- en nuestra visita anterior -tan comentada en los medios-.
¡Volveremos al Wagaboo! Aunque quizás nos toque hacerlo en otra cuidad, pues tienen previsto un ambicioso plan de expansión que les llevará en los próximos años a estar presentes en ciudades tan importantes como Barcelona, Valencia o Sevilla. ¡Incluso Londres está en el punto de mira! ¡Fun eating power!
FlashBack: Tras bastante tiempo intentando encontrar un hueco en nuestra lista de restaurantes pendientes, que ya superan las seis decenas en cuanto a reseñas se refiere, hemos conseguido cumplir nuestra promesa pendiente con todos vosotros que nos leéis. Así que hemos visitado el Restaurante Wagaboo de la calle Gravina con el fin de poner a vuestra disposición un artículo de lo más completo tal y como os tenemos aconstumbrados.
Una vez llegamos al número dieciocho, haciendo esquina con la calle Válgame Dios, resalta la acertada renovación de su fachada haciendo uso de un tono crema sobre una media altura de pintura negra que aporta más identidad al rosa característico de la imagen de marca de esta cadena de establecimientos situados en abundantes localizaciones del centro de nuestra ciudad. Su última apertura se sitúa en General Martínez Campos.
En el espacio interior encontramos distintos tipos de mesas iluminadas por luces rojizas que cuelgan del techo cercanas a las paredes de ladrillo visto que, cuanto menos, aportan originalidad a la sala. En su centro conviven diversas tablas redondas que, aunque más pequeñas que el resto, permiten una fácil conversación con el resto de comensales que nos acompañen.
Resulta difícil hallar fuera de este concepto de “fun eating”, como leemos en la tarjeta del establecimiento, unos vasos tan auténticos como los que se exhiben acompañando a los manteles individuales cuyo aspecto simula la piel de un animal exótico. Detalle a reconocer es el uso de servilletas de tela y una cubertería que, aunque no tan llamativa como algunos de los elementos citados, se nos hace bastante correcta dentro del conjunto.
Al lado opuesto de la entrada del local, os lo muestra Ninillas en su primera fotografía, nos separa únicamente una gran cristalera del personal que se encuentra elaborando de forma artesanal nuestros platos en directo, algo digno de observar. Si bien aporta una sensación de trasparencia a los clientes, se puede llegar a considerar que desprende excesiva luz a la sala llegando a amenazar la intimidad que con su diseño aporta a una buena velada.
Son pequeños y sutiles detalles los que animan la decoración como la elección de mantelería con forma geométrica similar a las mesas sobre las que se extienden o lo que parecen pequeños arcos de luz de luna que parten desde zonas más inferiores. Incluso la colocación en vertical de las cartas en las que aparece el nombre del restaurante en blanco sobre negro ayudan a completar el diseño general.
Aconsejo dirigirse a la zona más escondida del restaurante, en ele con la anterior, ya que es principalmente en este área donde el cambio brusco de la incandescencia de las brasas a la claridad del día nos impacta visualmente con belleza y aporta un entorno diferenciado al mismo tiempo que modulable, ideal para grupos gracias a sus sillones corridos de pared.
Nosotros nos decidimos por ocupar una de las mesas independientes situadas a mano derecha que se encuentran separadas de sus adyacentes a modo de cubículo abierto por una de sus caras. Perfecta para una cena más reservada y no recomendable para claustrofóbicos aunque una vez en su interior se dispone del espacio suficiente. Eso sí, al igual que en los aviones, podemos elegir pasillo o pared, que no ventanilla.
Mientras disfrutamos del toque romántico que impregna cada una de las discretas velas situadas en el centro de cada una de las mesas, se nos sirve una cestita con diversos panecillos calientes entre los que encontramos uno de tipo tradicional, otro integral y mi preferido, el de pasas. Igualmente un paquetito de Grissini, de esos que muchos utilizamos para matar el tiempo y el hambre o mantenernos entretenidos hasta la llegada de los primeros platos.
La literatura rosa de la carta nos muestra una serie de opciones a considerar entre Primeros -platos dedicados principalmente para picar o compartir en lo que se presenta como un “comienzo alegre, divertido y ligero”-, Pasta Italiana -diversos formatos acompañados de singulares salsas que “combina lo clásico y lo moderno con armonía”- y la Pasta Asiática -con significante presencia de tallarines aportando “la calidad y lo exótico como atracción”-. Finalmente una sección de También -arroces, carnes, aves y productos del mar más orientados a los platos principales-.
La carta de vinos no es excesivamente extensa pero contiene una representación de vinos de crianza y reservas, básicamente de Rioja y Ribera, cuyos precios no son muy elevados. Se cuela entre ellos algún vino rosado, unas opciones de blanco y algún que otro vino francés. Nuestra elección es un Vino Blanco Marina Alta D.O. de Alicante, un caldo quizás excesivamente suave y con toques dulces de sabor. Si lo tuyo no es un vino con potencia puede considerarse una buena elección.
Aunque los platos más consumidos para empezar son los Langostinos Funky o el Ceviche Machu-Pichu, nos decantamos en primer lugar por una Cesta Imperial compuesta de un delgado rollito de primavera, un roll mixto, una pieza de samosa india y empanadilla japonesa. Todas estas delicias vienen acompañadas de una salsa roja llevadera pero de las que deja un ligero sabor picante pasado un tiempo de la degustación. Recomendable en cualquier caso.
Continuamos con un Risotto Bascaiola -os lo muestran Rayo y Ninillas- que encontramos fuera de la carta en un anexo de sugerencias que se nos aporta junto con la carta de vinos. Un arroz que viene preparado con boletus, trufas, setas y parmesano, junto con un escalope de foie fresco al grill. En mi opinión una mezcla a la que le faltaba algo de sabor, ya sea por la frescura de los ingredientes o por algun toque desacertado en su elaboración.
Al mismo tiempo, combinamos el entrante anterior con una Ensalada con Barquillo de Brie, que resulta más de mi gusto que el plato anterior. En su parte superior se acompaña con un bastón crocant de queso brie fundido, pimienta rosa que le da ese ligero carácter picante para aquellos que lo agradecemos, cebollitas glaseadas y vinagretas de mostaza. Lo que menos aporta son las distintas lechugas con las que se realiza la base, que a todos nos recuerda a las típicas bolsas fácilmente localizables en el supermercado.
La opción más asiática de todas la protagoniza los Tallarines Yakarta, formado por una base de este tipo de pasta al huevo a la plancha sobre la que se asientan tiras de ternera, verduras naturales y sambal oleak -pasta de ajo picante cuya sensación recuerda algo a la producida por la guindilla-. Una mezcla de distintos elementos que conjugan bien aunque la pasta a la plancha en ocasiones no es del gusto de todos los paladares con lo que conviene tenerlo en cuenta si se desea compartir.
Ante la disyuntiva del plato principal y esta vez, con el permiso de Rayo, soy yo quien que inclina hacia la carne. En concreto, un Solomillo al cuadrado. Buena carne de solomillo de buey en su punto presentada en dados y salteada con perejil y ajo. Se acompaña de unas patatas bautizadas como estilo Nueva York y salsa de mostaza. Apropiado para los más carnívoros.
Sobre los postres, que los hay caseros, el imprescindible de chocolate -Pantone de Chocolate del que os hablan más mis compañeros de equipo y que tan solo diré que me produce buena impresión a pesar de no ser un chocolatero compulsivo, y una elegante Pasión de Queso de la que no dejo un ápice en el plato. Una mousse de queso mascarpone con fruta de la pasión decorada con unas hojitas de menta. Delicioso.
El Restaurante Wagaboo se considera uno de los pioneros en aportar esa cocina distinta de continentes lejanos en un entorno de diseño a precios razonables. Algo que tanto éxito sigue proporcionado y continúa inspirando la carta de muchos nuevos establecimientos del centro madrileño. En esta ocasión nos atendió Almudena y su equipo de personal de sala, quien nos hizo experimentar un servicio mucho más orientado al cliente que en nuestra visita previa. Quizás de las cosas más difíciles de conseguir en un local, así que desde aquí mi más sincera enhorabuena por ello.
Ninillas: ¿Pueden creerse que no sé cómo demonios empezar? Llevo más de dos horas delante del ordenador, he mirado el correo, navegado y navegado -creo que he llegado a la última pantalla, como decía el del chiste-, y sin embargo, éste es el único párrafo coherente, por decir algo, que se me ocurre. Porque claro, ¿cómo lo planteo? ¿doy caña? ¿me muestro objetiva?, si es que se puede ser objetiva expresando una opinión, yo desde luego creo que no, si opinas es subjetivo, punto. ¡Menudo marrón! Y eso que debería ser divertido porque fuimos al Wagaboo “fun eating”, bueno, en realidad regresamos al Wagaboo, con la diferencia de que en esta ocasión sí cenamos.
Miren, voy a hacer una cosa, iré a lo mío, como siempre, como si fuera mi primera visita y luego me cuentan qué tal ha ido.
Los hermanos Alfonso y Borja Domínguez no son unos dinosaurios de la restauración, aunque hay que reconocer que se les da de miedo. Hace pocos años empezaron su andadura hostelera con el conocidísimo The Wok, el Grupo Vips les echó el ojo, luego el anzuelo y finalmente los pescó, de modo que decidieron empezar de cero con un nuevo concepto llamado Wagaboo. Son ya 5 los restaurantes abiertos en Madrid y tienen el firme propósito de seguir, incluso tienen intenciones de llevar a cabo una expansión internacional. En definitiva, que la idea mala no debe ser a la vista de los resultados, puede gustar o no, pero mala no es.
Cuando entras, lo primero que llama la atención es sin duda su cocina vista integrada en la sala y separada por una enorme cristalera. El espectáculo está incluido en el precio porque uno no se aburre viendo la maestría de los cocineros orientales volteando una y otra vez la pasta. Estiran, retuercen, golpean, enharinan y vuelta a empezar, así hasta conseguir unos fideos tan finos que dan la impresión de romper con sólo mirarlos.
Decoración e interiorismo han corrido a cargo de… A ver si lo adivinan. Eso es: Ignacio García de Vinuesa, quién iba a ser si no, si parece que en Madrid no hay otro. Desde luego, al césar lo que es del césar, el tío lo hace que te cagas, sólo que me gustaría ver más variedad. Claro que como yo sólo podré decidir el día que monte un restaurante… que será nunca -pues anda que no es complicado que funcione- pues… Vamos, que seguiré viendo las obras de Don Ignacio. Pero al asunto que me disperso: decoración e interiorismo. El local de Gravina se distribuye en dos salas, una para fumadores y otra para no fumadores que tienen capacidad para 86 personas.
Cada una de las tonalidades del local nos remiten al rojo, que mezclado con el ladrillo blanco visto, los enormes ventanales, los tubos de aire acondicionado, los suelos de madera y las enormes lámparas consiguen crear un espacio urbano, como de “loft neoyorkino”. Muy moderno al tiempo que acogedor.
Las mesas están dispuestas a lo largo y ancho del local con diversas formas, pueden ser rectangulares de dos o de cuatro, redondas también para cuatro y cabe destacar las hileras de reservados, muy atractivas dada la privacidad que procuran. Precisamente fue en una de ellas donde decidimos cenar nosotros. De cualquier forma, la distancia del resto es considerable, no voy a decir que kilométrica, pero visto lo visto hoy en día, se puede decir que es más que decente.
En cuanto al montaje, pues hombre… no cuentan con manteles de tela, aunque sí de mantelitos individuales de plástico rojo, no voy a decir que me gusten, pero al menos son mejor que los de papel. Las servilletas sí son de tela, gracias. Por lo demás, unos originales vasos de colores muy acordes al local y una vajilla y cubertería bastante apañaditas. Completando el conjunto, la velita roja que le da el toque íntimo. Vaya, que las mesas quedan monas, para que nos vamos a engañar, muy sencillas, pero monas.
Llegados a este punto, digo yo que habrá que comer… pues vamos allá. El restaurante Wagaboo nos ofrece una carta no muy extensa, estructurada en primeros -con entrantes españoles, mediterráneos y asiáticos-, pastas -no sólo italianas sino también asiáticas y elaboradas a la vista del comensal- y unos pocos platos que son en realidad una mezcla de aquí y allá, además -en otra carta aparte- nos muestran sus sugerencias. En resumen, se trata de una cocina de fusión y creativa donde la pasta pasa a ser el eje central, con la particularidad de que ésta se elabora a mano. Respecto a la carta de vinos, pues corta pero le llega, no nos engañemos, tampoco está dirigido a un público que les vaya a demandar un Vega Sicilia, tienen unas cuantas referencias a un precio comedido y como ya he dicho le llega de sobra.
Comenzamos con la Ensalada con Barquillo de Brie, llevaba diferentes lechugas, cebollitas glaseadas, pimienta rosa y vinagreta de mostaza. El punto, como podéis ver en la foto, lo constituía el barquillo de brie, lo abrías y aparecía el queso fundido. Estaba rica, se comía bien y la cantidad era generosa.
Además de la Cesta Imperial, mostrada por mis compañeros, que también me gustó, pedimos de las sugerencias el Risotto Boscaiola, aparte del arroz, cómo sino sería un risotto, llevaba boletus, trufas, setas y parmesano, el plato se terminaba con un mini escalope de foie fresco al grill. Pese a ser una sugerencia, fue tal vez el plato menos acertado, me explico, se notaba la potencia de las setas aunque creo que se quedó un poco soso, al arroz le faltaba un punto y tal vez un poquito de nata con una nuez de mantequilla le hubiera ido bien para darle la cremosidad que yo creo que le faltaba.
Pasamos a la pasta, en la foto La-Mien de pollo con shiitake, que en realidad son tallarines chinos de pasta fresca -de la que hacen ellos a la vista-, tiras de pollo y todo ello salteado con verduras y setas shiitake. Lo de encima son tallarines a la plancha que ponían el toque crujiente. Éste fue uno de los dos platos que más llamaron mi atención, los tallarines estaban muy esponjosos, se notaba la manufactura propia y el resultado junto al resto de ingredientes era más que satisfactorio. En definitiva, que cuando vuelva, éstos los pido fijo.
El Solomillo al cuadrado, que os enseñan Rayo y FlashBack, estuvo bien, no era nada sorprendente comparado con el resto de platos, pero la carne era buena y la salsa de mostaza lo acompañaba bien. En la siguiente foto os presento los Tallarines Yakarta, una propuesta curiosa y con una divertida presentación. Con los tallarines de huevo a la plancha se hacía una cesta y en ella se metía la ternera y las verduras. Es una pena que la foto no muestre lo bonito que quedaba. El picante venía de la mano del sambal oleak, pero no os preocupéis, pica lo justo, por lo menos para mí. En resumen, un plato que sorprendía y que junto con el La-Mien me convencieron de una próxima visita.
Nos quedan los postres, cuentan con 10 exactamente: 5 de casa -desde 4.40 a los 5.90 € +IVA- y otros 5 helados de crema suprema -3.20 € +IVA-. Algunos se me hicieron caros teniendo en cuenta el precio medio que el restaurante ofrece, en concreto los caseros, que fueron los dos que nosotros probamos: La Pasión de queso -5.90 € +IVA- y el Pantone de chocolate -4.90 € +IVA-. De la Pasión, poco puedo decir, salvo que tras la primera cucharada, decidí que era también la última, sencillamente no era mi sabor, y como siempre digo, para mí, porque mis acompañantes no dejaron nada en el plato. El Pantone de chocolate, en cambio, casi me lo tienen que retirar, me estuvo muy bueno, y mira que no soy muy chocolatera, pero lo cierto es que al ir en varias texturas me entraba solo.
Degustamos un café, más que nada para reposar un poquillo, porque desde luego cortos con la comida no nos quedamos, claro que, a estas alturas ¡qué os voy a contar que no sepáis!
¿Una visita al baño? Merece la pena, está rodeado de espejos y a los torpes como yo, os aconsejo que no vayáis mirando al frente no sea que os deis un coscorrón. Lo digo por experiencia.
A mi regreso, pedimos la cuenta, salimos a 30 € por persona con 3 entrantes, 3 segundos, 2 postres, una botella de vino, una de agua y 3 cafés. Desde luego muy por encima de lo que a priori se puede pensar en un restaurante así, pero lo cierto es que pedimos por encima de la media, tanto en cantidades como en precio. Se puede cenar perfectamente por unos 18 €.
Detalles, faltan mis detalles… Voy con ellos. Llegué al Restaurante Wagaboo con el malsabor de boca que aún quedaba de nuestra primera “no visita”. Tras mi salida de allí podría decir que a las cosas hay que darles siempre una segunda oportunidad, o mejor dicho a los restaurantes, pero claro, a parte de que esto suena cursi, me parece una gilipollez -con perdón-. Fuimos o al menos yo fui, porque lo consideré justo y ya está, no hay más. Lo que me encontré exactamente fue un moderno y desenfadado restaurante con platos divertidos y sabrosos, donde destacan sus pastas tanto italianas como asiáticas, y todos ellos a unos precios asequibles. Me encontré con un local lleno de un público bastante heterogéneo no sólo en apariencia sino también en edad y sobre todo me encontré con un nuevo concepto de restaurante que a buen seguro será tenido en cuenta por otras cadenas porque no vean cómo funciona. ¿Volveré? Yo sí, desde luego.
PD: En esta ocasión nos atendió la señorita Almudena, muy profesional, rápida y simpática que junto al resto del personal de servicio hicieron que disfrutáramos de una velada muy agradable. Gracias.
Cucharete: El Restaurante Wagaboo es ideal para ir a wagabooguear tanto en una comida como en una cena a parte de que te permite disfrutar de un auténtico espectáculo: Menear una y otra vez la masa en su cocina vista hasta sacar unos finos y esponjosos tallarines. Mi equipo cenó por 30 €/persona, con 3 entrantes -uno de ellos podría ser un plato principal-, 3 segundos, 2 postres, una botella de vino, agua y cafés.
Su atractiva y moderna decoración. Su buena relación calidad-precio. El amable y rápido trato del servicio de sala. Sus espacios reservados. El espectáculo de ver realizar la pasta en directo. La limpieza de su cocina.
Precio elevado en los postres caseros. Espacio bastante ruidoso.




3,5
19 comentarios a “Wagaboo (2008)”
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Conozco los Wagaboo de Ayala, San Marcos y General Martínez Campos. Hay pequeñas diferencias entre ellos, tanto en la decoración como en la carta. Pero en todos los casos he encontrado unos restaurantes de excelente relación calidad-precio. Como puntos fuertes de Wagaboo, señalaría la originalidad de la cocina a la vista, la calidad de la pasta y un servicio muy eficaz (el sistema de pinganillos es todo un hallazgo).
Curiosamente, conozco el de San Marcos, y no el de Gravina, porque en este último no se nos atendía a la entrada. Debían de tener algún problema de personal, supongo.
La próxima vez que vayáis, os recomiendo la ensalada Wellington que sirven en el de Ayala.
Buenas equipo de Cucharate.
Primero y ante todo, gracias. Para un gran amante de la cocina es un placer haber hallado hace unas semanas esta web sobre restaurantes de mi ciudad. Soy unos grandes profesionales y nada de críticos de andar por casa.
El pasado 13 de febrero me anime a dejarme caer, junto a mi pareja, por esos aposentos del maravilloso barrio de Chueca y salí realmente satisfecho. No es la panacea culinaria, pero es un restaurante sobresaliente en cuanto a la variable calidad-precio.
La Ensalada con Barquillo de Brie estaba muy sabrosa, con diversos toques de sabor gracias a la dulzura de la cebolla confitada y, como no, el delicioso barquillo de Brie. El otro entrante que pedimos fue una tostada con tomate y mozarella; bastante rica, pero no fue lo que más destacó en la comida.
En el segundo plato, mi novia más apasionada de la comida oriental se decidió por La-Mien de pollo y terminó encantada. Yo, como buen catador de carne oficial del reino, me decanté por el “solomillo al cuadrado”; la carne de buey era bastante buena y tierna, y las patatas quizás estuviesen un poco duras, pero con el toque de la salsa de mostaza se dieron una fiesta en mi estómago.
Por último, el postre fue un “helado de vainilla con conguitos”. Muy bueno.
En cuanto al interiorismo, como llevaba al lado una que se dedica ello me guió por su parecer. Como de costumbre los locales en Chueca tienden a ser reducidos por lo que es un verdadero reto para los profesionales distribuir el espacio. Aquí han logrado que no sea agobiante, aunque en la zona de entrada si estaba un poco más abarrotado y ciertas mesas estaban demasiado cerca unas de otras. Si la gente se anima ir que intente lograr un emplazamiento en la parte trasera de local, mucho más parsimoniosa. Los baños con pincelada minimalista tenían su belleza, a pesar del también minimalismo de tamaño. Un pero, sobraba totalmente la música que tenían puesta; les recomendaría un poco de jazz.
En definitiva, comida notable, lugar notable. Un restaurante con su encanto. Totalmente de acuerdo con vuestra nota de 3´5 sobre 5 cucharates.
Un saludo.
Jorge M. Quintas
como siempre se siguen los sabios consejos, una vez mas de 10!
Nosotros estuvimos en el de General Martínez Campos al poco de abrir (llevará 3 meses abierto).
Nos pareció caro, porque también salimos a 30 euros por persona.
Hay muchos platos que cuestan 10-12 euros, por lo que es difícil comer o cenar por 18, a no ser que sea plato único de pizza o ensalada.
Como curiosidad nos pareció bien, pero no para recomendarlo.
Me agrada ver que anda por Cucharete el Restaurante Wagaboo; yo lo descubrí estas Navidades por casualidad. Andaba por Madrid, y queríamos comernos unas setas en el Cisne Azul, en la Calle Gravina, pero al ser domingo y estar cerrado, entramos en Wagaboo casi a ciegas. Pero el acierto fue absoluto. EL trato del personal es excelente. Buen rollito!! Da la sensación de amplitud, con ese toque modernista, algo industrial y despreocupado pero donde se demuestra que cada cosa ocupa su espacio por alguna razón. Con una diferenciación clara entre fumadores y no fumadores (muy de agradecer), la comida, la presentación y la atención en mesa es espléndida. No recuerdo bien lo que comimos, ya digo que hace tres meses, y desgraciadamente no lo apunté, pero las tres personas que ibamos salimos encantadas. En las ensaladas se lo trabajan muy bien y esa fusión de cocina mediterránea con un toque asiático es realmente fabuloso. La carta de vinos, algo muy especial y mirado por él que suscribe, sin ser espectacular, me gusta que apueste por denominaciones que se salen de las cuatro importantes o majors. Nosotros tomamos un vinito blanco de Alicante realmente interesante, Marina Alta, con un sabor frutal y un regusto verdaceo aderezado con una sensación mediterranea muy interesante.
Los postres muy en la linea del restaurante, sobresalientes y bien presentados; y par no desmerecer, la cuenta, demostrando que se puede servir calidad, platos bien armados, con toque y clase, sin crear una grieta en la economía doméstica. Para nosotros todo un descubrimiento. Prometo que la próxima vez que vaya tomaré nota de todo para poder informar bien a los amigos de cucharete.
Un abrazo.
turivino
El restaurante tiene un aspecto bastante bueno y el servicio es muy educado, con el pequeño detalle de que los camareros no conocen el significado de la posición de los cubierto, respecto a la comida decir que el plato “japonés” que ofrecen deja mucho que desear, ya que el jengibre y el saque que dicen lleva no se ven por ningún lado, además de que los fideos eran muy grandes y excesivamente alargados, el atún estaba cocido en lugar de crudo y la última pega llevaba aceite o salsa, no conseguí saber que era, en exceso, contando que en los platos japoneses la salsa siempre va a parte y no se usa aceite.
Por el resto de platos muy bien menos por la salsa o aceite que usan en todos sus platos asiáticos, enseguida cansaba el paladar y la ponían en abundancia por lo que los platos terminaban cansando.
Ayer estuve en el Wagaboo de Ayala. después de leer tantas críticas buenas tenía auténtico interés por conocerlo
Decepción tras decepción….
Para empezar, lo de los dos turnos de cena no me gusta nada; si reservas a las 21:15 ya te dicen que recuerdes que no podrás estar más de hora y media…
Y el segundo turno empieza a las 23 h. Un poco tarde….
Pedí cubiertos para servir lo que habíamos pedido al centro y la camarera nos dijo que ya teníamos una cuchara (la de café para servir la salsa agridulce!), y todavíamo los estamos esperando (¿por qué esa costumbre tan extendida de tener que pinchar todos del plato en vez de poner cubiertos para servir????)
La comida no me pareció nada del otro mundo, bastante corriente.
Destaco la decoración. Ni el servicio ni la comida me parecen destacables.
No creo que vuelva, la verdad….
Hola, lo primero felicitar a los “Cucharetes” por la calidad de las críticas.
Respecto al restaurante Wagaboo, conozco el de Chueca y…. no es un mal sitio para cenar, pero a mi me dejo una sensación de ser un restaurante un poco artificial. La atención fue eduacada pero poco profesional, y la comida es no está mal por precio “razonable”.
Gracias y un saludo a todos.
Estuve con mi novio en wagaboo gravina, fenomenal la atencion del camarero, un chinito espectacular, amable… muy simpático. La presentaciòn de los platos daba mucho q desear aunque de sabor muy agradable. La decoración y los colores acertados para el tipo de ambiente q existe. Solo dos sugerencias, mejorar la presentación de los platos y la musica del salón mas baja. Felicidades.
Hola!
Este mediodía he estado en Wagaboo Gravina y ha sido una verdadera decepción… He podido verificar que, en efecto, las apariencias engañan.
En primer lugar: nefasto servicio, bastante lento, y en particular nuestro camarero, muy desagradable.
Por otra parte, el lugar, muy bonito pero poco espacioso. Además el aire acondicionado estaba a tope.
Por último, la comida: estaba bien, pero no era nada escepcional. Las cantidades, las adecuadas. Pero en general, en la relación calidad-precio hay una cierta descompensación.
En definitiva, si lo que queréis es un lugar acogedor, donde comer bien y a un precio asequible, que es lo que buscábamos nosotros, no lo recomendamos.
Suerte.
Hola!!!
Yo estuve el domingo pasado celebrando mi cumpleaños, y gracias a cucharete me decanté por este sitio, ya que quería algo original y nuevo, y suelo mirar las opiniones y críticas que ponéis aquí. Nos decantamos por el de Martínez Campos, la comida me encantó, no me gustó el sushi deja bastante que desear, pero la pasta rellena de boletus y trufas, simplemente deliciosa, los postres eso sí algo caros, aún así pedí la sopa de chocolate blanco con frutos rojos y helado (ahora mismo no me acuerdo de qué). Precio: unos 20 € por persona, incluyendo postres.
Por cierto, para quien no lo sepa, dispone de reserva de mesas online y peudes elegir la que quieras.
Un saludo.
Muy buenas,
Anoche estuve en el Wagaboo de la c/ Graviña.
Suelo cenar en muchos y muy variados sitios, y mi opinión al respecto sobre este restaurante es genial.
Una mezcla de platos como bien comentaís de diferentes continentes, todo riquísimo y un precio sorprendente para mí que estoy acostumbrado a pagar mucho más por mucho menos, y luego todo esto amenizado con un trato excelente del personal, que todo hay que decirlo, simpatía, servicio y profesionalidad, es lo que respiré en ese local.
Para recomendar y repetir, si señor.
Seguir así.
Saludos.
Hola a todos, yo he estado en el de San Marcos y en el de Gravina, una con mi novio, y otra un grupo de amigos… la diferencia fue que, la primera vez fuimos dos personas y elegimos a la carta; la segunda, al ser varios, fue de menú.
Las dos veces genial; el sitio es una chulada y la comida riquísima. Muy buena relación calidad-precio y una atención fantástica.
Recomiento, como postre, la Pasión de queso…. que sabor, aún lo recuerdo.
Totalmente recomendable, siempre quieres volver.
ah, y tengo entendido que el menú del día también sale bastante bien.
Saludos cucharetes!!!
Hoy he estado comiendo en el restaurante Wagaboo que se encuentra en el Centro de Ocio Diversia en Alcobendas, el restaurante ya lo conocía porque anteriormente había ido al de la C/ San Marcos a comer un viernes. Del de Diversia me han chocado dos cosas:
1.- No tienen menú de mediodía un martes , cosa que no sucede en los restaurantes del centro de Madrid. En caso de tenerlo en ningún momento fue ofrecido ni publicitado por los camareros.
2.- El camarero sin pedirlo me trae una bandeja con tres tipos de pan. Por razones que no vienen al caso no toco el pan, se vuelve a llevar la bandeja pero veo que en la factura si me cobran 0,85 euros más iva por este pan. Tampoco viene en ningún sitio de la carta que el pan haya que pagarlo aparte, ni viene concepto cubierto ni nada pero bien que lo meten. Me parece sinceramente una desfachatez y la razón por la que no recomiendo este restaurante.
Bien Wagaboo de Chueca y muy mal el de Diversia. Por cierto, si existe una ley desde diciembre 2007 en la que tienen que publicar sus precios con IVA en estos restaurantes se la saltan a la torera.
hace pocos dias estuve cenando en Wagaboo San Marcos, el cual es de mis preferidos antes que gravina o martinez campos. Siempre habia salido contento de este restaurante.La comida, sencilla pero buena,el local muy muy acogedor, especialmente si no es fin de semana, que se abarrota, y el servicio siempre habia sido genial.Pero esta ultima vez ha sido horrible, errores en la reserva, una mesa incomoda, la comida llegaba muy tarde y los camareros pasaban olimpicamente de nosotros. Es curioso, que un lugar donde era agradable ir a cenar, se convierta en un sitio insufrible. donde esta ese servico que conoci cuando se abrio ese wagaboo??
espero que sea momentaneo y vuelva a sentir ganas de ir a cenar a San Marcos
Estuve en el Wagaboo de Gravina hace poco cenando con mi novia, la verdad salí bastante contento, las raciones muy buenas, salimos a 18€ por persona con 2 segundos, un entrante, postres y agua. El servicio muy bien y el restaurante muy chulo, los cocineros asiáticos son graciosos moldeando la pasta. Buen detalle la cestita con los distintos tipos de pan.Como pegas, se llena mucho los fin de semana y las mejores mesas están reservadas para fumadores. Fue la primera vez que seguí las recomendaciones de cucharete y mereció la pena. Repetiré.
Ayer probamos el Wagaboo de San Marcos rebotados del de la calle Ayala, en el que parece que, o bien no querían atendernos o bien querían cerrar el local antes de las 00:00.
Despues de respondernos al clásico “Queremos hacer una reserva para cenar hoy a las 22.30h” con un “Cerramos la cocina a las 23h” ( !¡!¡, la llamada la hicimos a las 22:15h) y de intentar que nos descolgaran el teléfono en Martínez Campos, nos decidimos por el de la calle San Marcos por el añadido de oferta colindante.
Nos gusto. Salimos 4 comensales a 20 Euros por cabeza con 2 primeros, 4 segundos, 4 postres y botella de vino. Estuvimos en no fumadores y no nos sentimos muy pegados a las mesas de alrededor.
Para mi le resta un poco que no tenga una variedad algo más extensa de platos para la gente que no coma ni carne ni pescado.
Anoche conocí el situado en Ayala. Era el cumpleaños de una amiga que decidió celebrarlo ahí y me pareció una gran idea porque siempre estoy abierto a probar sitios nuevos. Después de pasar la velada, sólo tengo un calificativo para el lugar:
DECEPCIONANTE.
El sitio me pareció un sitio singular respecto a la decoración, no muy de mi agrado, pero pasable. Y esto es todo lo bueno que puedo decir del sitio. La temperatura extrema, un calor tremendo. Estabamos al lado de los aparatos del aire y estos no echaban nada de fresco. Les rogamos varias veces que subieran el aire pero lo dejaron igual (estarían de ahorro energético). Al final parece que nos hicieron caso cuando una de nosotros le dio un golpe de calor y se medio mareó. Desde ese momento el sistema de aire empezó a funcionar y la temperatura del local se volvió agradable (ya bien avanzanda la cena).
Pero bueno, como estamos hablando de un restaurante, nos olvidaremos del ambiente y me limitaré a hablar de la comida.
Para empezar, al ser un grupo numeroso, sólo nos ofrecieron la posibilidad de comer un menú para grupos. La posibilidad de comer de carta se nos vetó desde el comienzo :-/ . Como era el cumpleaños de mi amiga y no era plan de estropearle el día discutiendo, simplemente nos dejamos llevar con la intención de disfrutar con lo que nos deparara la noche.
El menú consistía en una serie de entrantes comunes para cada cuatro comensales seguido de un plato principal para cada uno a elegir entre cuatro opciones. Por último un postre también para compartir. Toda la cena acompañada con vino.
Como no quiero aburrir mucho entrando en detalles sólamente decir que los entrantes escasos (lo más sangrante era ver que para cada cuatro personas ponían 3 piezas del plato en cuestión) Siempre había uno que se quedaba sin probar alguno de los platos. Comentándoselo a los camareros lo único que conseguimos es que se pusieran bordes y nos dijeran “a ver pedido de carta” (sin comentarios. Tenía que haberme ido del sitio en ese mismo momento).
El plato principal no estaba mal. Decente. Al estilo de cualquier Ginos o Vips.
Por último el postre, también para compartir y con 3 trozitos variados para cada cuatro personas.
Para beber, un vino “del tiempo”, es decir, calentorro calentorro como la noche de ayer de Madrid.
Y esa fue la cena, todo por un “módico” precio de 26 euros por comensal.
Supongo que el sitio será un lugar maravilloso pero ayer se debieron de alinear los astros y han logrado que no tenga la intención de volver a ese lugar en la vida.
Suerte a los próximos que lo descubran.
El local es agradable, la decoración y el menaje son minimalistas sencillos suficiente como para que la primera visual del local sea de agrado.
Pero…
1- El personal es bastante ineficaz y poco observadores
2-Los platos estan elaborados de manera sencilla, lo cual nos parece perfecto para no caer el errores en elaboraciones y presentación, pero son bastante escasos sobre todo los primeros que suelen ser para compartir.
3- POR FAVOR…ESE CAFE es horroroso,yo he pedido que me lo cambiasen y ha sido peor el remedio que la enfermedad.
CON LA MEJOR INTENCION PARA QUE PODAIS MEJORAR.