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Modesto Lafuente, 15
Madrid (Chamberí)
Alonso Cano (Línea 7)
91 399 14 75
25 - 35
Restaurante brasileño muy conocido en Madrid por sus peculiares “picanhas” de carne y pescado, de las que como rezan en su carta, puedes repetir sin límite las veces que desees. Presumen de utilizar en sus platos carne certificada, controlada por la Asociación Argentina de Angus. Todos los jueves, a partir de las 22 horas, se se dan cita los mejores músicos brasileños residentes en España. Abierto de 13:30 a 16:30 y de 21:30 a 00:00. Cerrado los domingos y lunes por la noche. El Menú del día es de lunes a viernes excepto festivos: 10,16 €. Está permitido fumar en todo el local. Disponen de servicio de aparcacoches. Cuentan con otro local en Portugal (Rua Vieira Portuense, 78. Belém. Lisboa)




3,0
Rayo: El restaurante brasileño Picanha viaja de boca en boca gracias a su acertada política culinaria de dejar repetir sin límite de cantidad a los comensales que han optado por degustar sus famosas picanhas de carne o pescado.
El local me parece muy atractivo, repleto de colores suaves: verdes, naranjas, azules, rojos… todo un ambiente de color muy bien combinado con los tonos de los platos y del resto de detalles decorativos del local.
¿Cómo han sido capaces de quitarle toda la belleza a la mesa con semejante papel marrón de envolver encima? Además, al no tratarse de un material absorbente en absoluto, cada gota (de cualqueir cosa) que acariciaba la mesa se transformaba en una desagradable mancha con la que tenías que compartir el resto de la cena.
Me encantan y apoyo a los locales que realizan todo tipo de exposiciones de artistas (pintores, escultores…) propiciando su venta y ayudando a sus autores a darse a conocer. Los cuadros -acuarelas sobre papel- en este caso, estaban disponibles por 1000 euros cada uno. Eso sí, todos “sin título” como indicaba su tarjetita. ¡Una obra siempre debe tener un nombre! ¡Es lo mímino para adquirir cierta personalidad!
Esta foto de las salsas es muy bonita, sin duda, ¡pero es de otra mesa! Al parecer, en la nuestra se olvidaron de servírnoslas, nos dimos cuenta al final, observando que todas las mesas las tenían y disfrutaban de ellas durante toda la comida ¡menos nosotros! Un error del que montó la mesa -pues deberían estar desde el inicio-, obviamente le puede pasar a cualquiera, pero me quedé con las ganas de probar a qué sabían el mango chutney, el chimichurri, la vinagreta y la farofa.
La Ensalada de mango era contundente y estaba deliciosa. Muy recomendada para compartir con el resto de tus acompañantes. Del resto de entrantes os hablan FlashBack y Ninillas. El mejor para mi gusto… ¡los Mimos de champiñones! ¡Qué ricos!
Y… al fin… el plato estrella del local: ¡la Picanha de carne! Carne de ternera a la parrilla de carbón, con guarnición de frijoles, arroz, patata asada y ensalada. Todo presentado en cuencos de colores -muy estallados- a juego con los platos. Excelente combinación el mezclar los frijoles con el arroz -muy seco-.
Flashback y yo, ¡repetimos hasta 3 veces! No es que seamos unos muertos de hambre, pero la carne está presentada en pequeños trozos muy finos, e imagino que cualquiera que visita el restaurante acaba pidiendo otra ración. Por lo que, aunque puedas comer sin límite y repetir una y otra vez, no es un local barato, ya que todos tenemos más o menos el mismo límite. Pero os lo recomiendo si buscáis un local para daros un gustazo e hincharos a comer buena carne. El sabor… correcto, pero nada más.

En los postres… el local pega un tremendo patinazo. Un local de 30 euros por persona (con una sangría y el resto agua del grifo) no puede permitirse una presentación así en sus postres. Lo que se considera el colofón final de la cena se convierte en una pesadilla. La mayoría de ellos -los pedimos todos- no resultan agradables a la vista, lo que invita a dejarlos a mitad de camino.
En la foto superior observáis los dos mejor presentados: el Quindim (postre brasileño de coco y huevo) que ni fu ni fa, y la Tarta de queso que resultó ser mi elección, cuyos -desconocidos para mí- trozos marrones que acompañaban a la mermelada -muy desagradables- me impidieron disfrutar del postre sin pensar en cosas raras.
La Crema de coco fue el primero de los postres cuya presentación no creíamos apropiada para la categoría del local, y su sabor tampoco. El peor parado… el de Ninillas.
De todos modos, añadir que le comentamos nuestras impresiones personales sobre los postres a la “relaciones públicas” del local, quién nos trató correcta y amablemente y nos pidió consejo.
FlashBack: Un restaurante típicamente brasileño donde los haya. Al entrar pasamos delante de su barra realizada en ladrillo visto donde podemos degustar un interesante mojito, caipiriña o cualquier otro aperitivo que nos apetezca, los cuales también nos ofrecen una vez nos sentamos en nuestra mesa. Se encuentra situada siguiendo el camino en un nivel intermedio superior tras subir un par de escalones.
Yo soy más de consumir este tipo de bebidas una vez acabada la cena pero en un día de calor puede ser una gran opción para refrescarse y preparar el cuerpo para la abundante cena. Y esto es lo interesante de este local, podrás comer tanto como quieras.
El ambiente es cuidado, sin llegar a extremos agobiantes. Encontramos velas situadas en discretos rincones muy bien elegidos que ayudan a crear una atmósfera cuanto menos acogedora.
La elección de los platos en tonos amarillo, naranja y verde azulado le dan un toque de originalidad a la mesa. Sin embargo, se encuentran situados sobre el típico papel que los madrileños recordamos por ser el envoltorio usado para envolver churros y porras, típicos de nuestros desayunos más tradicionales. Sí, la mesa obtiene un carácter rústico pero quizás no sea lo más práctico. Eso sí, agradezco la servilleta de tela bordada con el nombre del establecimiento.
Como bienvenida de la casa, se nos ofrecen unos chorizos criollos, acompañados de pan y mantequilla. Los cuales estaban muy ricos. Podríamos pensar que es un obsequio al recibirnos, pero se sigue la práctica habitual de cobrarlos en el concepto de servicio de mesa. Así que si no son de tu gusto, siempre puedes pedir que se te retiren y obtendrás un descuento en tu factura.
Como entrantes, me gustó mucho la Provoleta a la parrilla, exquisito queso provolone preparado en su punto y que no debes olvidar tomártelo en el momento intermedio en el que desahoga su temperatura, puesto que llega tremendamente caliente, y antes de que empiece a enfriarse. Si no, perderá todo su encanto.
Y para continuar, centró mi cena la Picanha de carne, realizada con finos cortes de ternera argentina sobre parrilla de carbón servida en un pequeño cuenco cerámico con tapadera para que no pierda en ningún momento su calor. No olvides repetir cuantas veces quieras.
Como se puede ver, la guarnición es abundante y es un placer acompañar la carne con una mezcla de frijoles, arroz y un toque de patata asada, entre bocado y bocado.
La mesa realmente acaba siendo una combinación de sabores muy complementarios y en todo momento saldrás satisfecho de la elección.
Finalmente llegamos a los postres, siempre que hayas reservado algo de apetito para ellos. Y, puesto que el mango de uno de los entrantes nos había encantado, pedimos el Mousse de mango por ser una opción muy digestiva.
Apareció en la mesa y la expresión de asombro fue unánime por la textura y presentación en que se sirve. Tras hincarle el diente, resulta muy agradable, pero tendrás que aguantar la risa y casi hasta las lágrimas por los comentarios espontáneos que empiezan a llover tanto en tu mesa como en las de alrededor. Claro que si algún otro comensal ha pedido la Mousse de chocolate no serás el único centro de atención. A su foto en el comentario de Ninillas me remito.
En resumen, un local rentable siempre que tu idea sea la de comer sin límite. El servicio es agradable, aunque a veces puede despistarse así que comprueba si te han servido todas las salsas y guarniciones de la carta. Como detalle te invitan a un chupito al finalizar tu cena.
Ninillas: Tenía ganas de ir al restaurante Picanha, había oído hablar de él, pero nunca había surgido la ocasión. Esta vez hicimos que las intenciones se convirtieran en hechos y allí que fuimos.
Nada más entrar, la impresión es francamente buena, el color de las paredes junto con la iluminación crean un ambiente cálido y acogedor. Además tienen alguna que otra vela dispuesta estratégicamente que le confiere un aire romántico. Si a todo esto le unimos música brasileña de fondo, la verdad es que la combinación resultante es justamente eso, un local agradable, válido tanto para una cena de pareja o para un grupo más o menos numeroso.
Pero claro, si bien nada más llegar me sentí hechizada, conforme fui avanzando hacia la mesa, el hechizo se fue rompiendo. Lo siento, sé que a muchos os pareceré pesada, pero… ¡cómo se puede poner sobre la mesa semejante papel antiabsorbente a modo de mantel! ¡con lo que me había gustado al principio el local!
Todo estaba en su sitio, los manteles a cuadros rojos o azules, la vajilla haciendo juego con el color de las paredes… y allí, omnipresente, la hoja de envolver churros, como dice FlashBack. Y si en un principio me resultó antiestético, cuando un poco más tarde se nos derramó sangría sobre él, mi percepción se amplió y concluí que aquello era un despropósito porque el líquido permaneció con nosotros a lo largo de toda la cena.
Nos sentamos en nuestra mesa, y como ya viene siendo habitual, servicio de mesa al canto compuesto por mantequilla, chorizo criollo y dos panecillos. El pan se me hizo insuficiente, éramos 5 y no tocábamos ni a medio panecillo por persona. Ahora bien, el criollo se dejaba comer y más aún si lo rociabas con el limón.
Revisamos la carta, y bueno, poco hay que decir: 4 ensaladas (aguacate, mango, piña y la especialidad de la casa), 3 entrantes y 3 picanhas (una de mero, otra de carne y otra de sal). En cuanto a la carta de vinos muy corta y clásica.
Pedimos nuestros entrantes: Provoleta a la parrilla , Ensalada de mango y Mimos de champiñones.
Lo mejor, los Mimos. Son champiñones con un queso tipo Philadelphia al horno. De los tres entrantes es a mi juicio el que más mereció la pena, no sólo por el sabor sino también por el precio, la mitad que cualquier otro.
De segundo yo pedí Picanha de Pez: Mero a la parrilla de carbón (con guarnición de: arroz, patata asada y ensalada) y las salsas: mantequilla de ajo, tártara y ajillo. El mero estaba bien y además puedes repetir cuanto quieras. Imagino que con las salsas estaría más sabroso, pero no puedo opinar al respecto porque como ya os han comentado antes mis compañeros no las pusieron en la mesa.
Y hasta aquí la cena, y no lo digo porque sí. Verán, ya habíamos cenado, ni bien ni mal, simplemente cenado. Un restaurante así es un aliciente para los devoradores de carne o pescado que no se quedan satisfechos nunca y aquí pueden repetir una y otra vez. Por lo demás, ni la calidad de la materia prima es excepcional bajo mi punto de vista, ni tampoco hay sorpresas en cuanto a los platos. Pues bien, cuando llegas a un punto así vienen los postres. Un postre es el culmen de toda comida. Si ésta ha sido mediocre la ensalza, si por el contrario ha sido deliciosa la eleva a sublime.
Yo pedí Mousse de chocolate, y esto es con lo que me encontré sobre la mesa:
Os puedo hacer muchos comentarios sobre presentación, elaboración, sabor… pero qué quieren que les diga, con semejante aspecto, ¿a qué creen ustedes que pudo recordarme? Pues dicho está. Salimos a 30 Euros/persona. Obviamente no estamos en un restaurante de lujo, pero tampoco en la taberna de la esquina. Considero que una presentación así, salvo para echarte unas risas, está totalmente fuera de lugar.
Resumiendo, Picanha es un restaurante a mi juicio muy atractivo. Si eres de platos contundentes puedes comer hasta hartar. El problema tal y como yo lo veo, es que se dejan detalles importantes al azar. Es una pena que con una decoración así, se termine de vestir la mesa con semejante hoja de papel, así como me resulta incomprensible la presentación y sabor de sus postres.
Cucharete: Picanha es un restaurante brasileño muy conocido donde estarás agusto y podrás comer carne o pescado de buena calidad hasta que no puedas más, acompañados de caipiriña, sangría, zumos naturales o un buen vino. Tiene una carta breve pero muy resultona. Mi equipo cenó por 30 €/persona.
Las Picanhas, la autenticidad del restaurante y el trato del personal. Servicio de aparcacoches.
Los postres, por unanimidad. El precio es adecuado únicamente si eres de buen comer. No admiten cheques de comida en la cena, pero sí al mediodía.




3,0
9 comentarios a “Picanha”
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Hola chicos!
Madre mía… no recordaba los manteles de papel marrones, jaja… la verdad es que son poco prácticos porque no sirven absolutamente para nada, tenéis toda la razón. La verdad es que recordando mis vistas a la Picanha (creo que unas 3 ó 4) nunca habíamos pedido postre pero vamos, después de ver lo que os pasó no se me ocurrirá pedirlo… lo único que habíamos pedido en alguna ocasión, creo que la primera, fueron los mimos de champiñón pero las sucesivas ocasiones no los pedimos porque entre la picanha y las guarniciones acabábamos hasta arriba…
Cuando se me ocurran más sitios ya os comentaré… así como de otras ciudades, jeje, las últimas que he catado han sido León (ya lo conocía porque tengo familia allí) y Salamanca
Un saludo!
Diana
Por dios… con lo fácil que es presentar una Mousse de chocolate… si hasta en un “bowl” de desayuno luce!!!!
Joder 30 euros!!! por eso?? pero tio que eso es un —– en toda regla
por ese precio tienes cocina de tres tenedores muy buena
ola….
sou irmã do Paulinho que trabalha ai com vc..
estou a passar p deixar um abraço a todos e um bjao a ele….
bay….
El precio es un poco caro, pero es verdad que la carne es buena. Al menos a mi me lo pareció. El servicio es muy agradable, pero me molestó que no hubiera zona de no fumadores, es un fallo enorme si pretendes degustar bien la comida sin que te moleste el humo del tabaco.
Yo volveré, pero a la hora de comer, y con mucha hambre, para amortizar bien el precio!
Oi o ambiente muito legal a decoraçao, extrovertida e muito bonita,mas o menu deixa muito a desejar,comer picanha fria com feijao e pra matar.
He ido un par de veces a Picanha, siempre a mediodía y a comer el menú. Como tal, está muy bien: es abundante, incluye entre los segundo a elegir el plato de la casa (picanha) y también el postre (que está buenísimo en todas sus variantes, aunque lo de rascar una mousse de un plato playo no resulta muy estético ni práctico). Una cosa: el pan es exquisito! La atención, buena. Me gusta que haya exposición de arte en las paredes.
Hoy me estreno en este blog (después de conocer a sus tres creadores en el TwittMad 1 estaba ansiosa por leerlo) y me encantaaaaaaaa. Como soy fanática de probar restaurantes nuevos y diferentes, andaré por aquí a menudo.
Saludos!
Teneis razón en todas las críticas, aún así… es uno de mis favoritos. Me encanta la picanha.
Es desde luego mi restaurante favorito, ya perdi la cuenta de las vece que hemos ido, la atencion es maravillosa “por lo menos conmigo” la comida esta impresionante y no solo se puede repetir carne hasta el cansancio, todos los platos se reponen las veces que lo pidas, de los potres no puedo decir nada porque nunca los pido, con la comida y un cafe estamos satisfechos, el mantelito de papel se podria suprimir y seguro que salen ganando pero por lo demas se esta estupendamente.