Recreo Peral (Cuenca)
22 Abril 2007 por Cucharete
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Ctra. Villalba, km. 1
Cuenca
969 224 643
25 - 35
Acogedor restaurante situado en el bonito paraje que le da nombre: El Recreo Peral. Tiene capacidad para unos 100 comensales, lo que lo hace muy recomendable para grupos grandes. La cocina nos ofrece una colección de platos típicos regionales, nacionales y de temporada. En todas las zonas está permitido fumar.




3,0
Ninillas: El Restaurante Recreo Peral está situado a orillas del Júcar, rodeado de espléndidos sauces que caen sobre el agua y al lado de la fuente del abanico. No sin olvidar que se encuentra a los pies del Santuario de Nuestra Señora de las Angustias, s. XVII, por la que tanta devoción sentimos los conquenses.
Pues sí, soy de Cuenca, y lo cierto es que, hablar del Recreo Peral, supone para mí recordar los veranos, en los que siendo yo niña, íbamos a ver jugar a los bolos conquenses a mi padre, que por cierto era un excelente jugador (aprovecho la conyuntura para mandarle un beso y decirle lo mucho que lo quiero). Bueno, lo cierto es que yo verle jugar… poco, más bien andaba con mi hermano correteando y enganchándome el vestido por las zarzas, (por aquel entonces, los niños aún jugaban).
El caso es que, aprovechando el maravilloso entorno y el juego de bolos, cuando llegaba el buen tiempo se abría una terraza donde los conquenses íbamos a pasar la tarde. Hace algunos años, la terraza desapareció y se construyó el Restaurante Recreo Peral. El juego de bolos sigue existiendo, aunque por desgracia, cada vez hay menos afición.
Puestos en antecedentes, os diré que varias veces al año mis primos y primas (junto a sus respectivas parejas) y yo, nos reunimos en torno a una mesa. Esta vez hubo ausencias, pero no siempre es posible reunir a todos. El lugar escogido fue éste.
El restaurante es muy amplio, con capacidad para 100 comensales. Está rodeado de grandes cristaleras, desde donde se puede ver el discurrir del río. El techo, todo de madera y con vigas vistas, junto con la iluminación, le confiere personalidad propia, creando un ambiente apto tanto para una cena romántica como para reuniones con amigos o comidas de empresa.
El tipo de cocina va desde los platos típicos locales y regionales: ajo arriero, morteruelo, zarajos, gazpacho pastor y sopa castellana, hasta una más nacional y platos de temporada. En cuanto a la carta de vinos, nada reseñable, muy clásica.
Las mesas son suficientemente amplias y se disponen según el número de comensales. El montaje es adecuado, tienen sus manteles y servilletas de tela, como a la Ninillas le gusta. En fin, que todo presagia buenas intenciones.
Nada más sentarte, te sirven un vino rosado y un pincho, cortesía de la casa, cosa que es de agradecer. Mientras nos bebíamos el vinito hicimos nuestra elección. Íbamos muchos, de modo que, decidimos pedir unos entrantes para compartir y el segundo al gusto de cada uno.
Comenzamos con una Ensalada de bacalao confitado con verbena de cítricos, nueces, trigueros al dente y vinagreta de pomelo, con semejante nombre debería haber estado más que sabrosa.
Además nos trajeron para aliñarla dos buenos aceites, pero la comimos sin pena ni gloria, la vinagreta de pomelo no era para tirar cohetes.
Le siguieron los Pimientos rellenos de faisán y bogavante, más de lo mismo, los comimos y ninguno atisbó ni el faisán ni el bogavante. Con esto no quiero decir que estuvieran malos, pero a mi parecer… mucho ruído y pocas nueces.
Con las Croquetas caseras de pichón, empezamos a entusiasmarnos un poco más, estaban buenas, y ciertamente se notaba que eran caseras.
Para finalizar con los entrantes, pedimos un Arroz meloso con carabinero, rape y gamba roja, queríamos el de bogavante que tiene más fama, pero ya no tenían. En cuanto al sabor del meloso, estaba bien, el arroz pues bueno, pasable, vamos que en conjunto no creo que haya quedado en la memoria de ninguno ni para bien ni tampoco para mal.
Lo que sí es cierto, es que con la cantidad que ponen para dos, da perfectamente para comer cuatro. Y si no vean la sartén que de forma tan risueña nos enseñan mi primo y su chica en la siguiente foto. ¡Ésa es la ración para dos personas!, desde luego es más que generosa.
Por supuesto todo iba regado con vino de la tierra: Casa Gualda, Crianza 2003, Denominación de origen La Mancha, no es nada extraordinario, pero tiene muy buena relación calidad/precio. En cuanto al Sorbete de Limón, fue también cortesía de la casa para el cambio de tercio.

Nos vamos a los segundos, aquí hubo de todo como en botica. El Rodaballo a la parrilla con verduritas salteadas, estaba aceptable, la presentación apenas un aprobado y la elaboración quedaba un poco más alta.
El Solomillo de cerdo con salsa de trufas, boletus y foie, salió mejor parado, la salsa estaba buena, la materia prima también era de buena calidad, en cuanto a la presentación, también muy justita.
El Magret relleno de foie con salsa agridulce de soja, fue por unanimidad el que mejor estaba, tanto la salsa como el magret relleno se comían sin sentir, la pena es que nos lo sirvieron demasiado frío.
El Solomillo de ternera a la brasa, estaba bien porque la carne era de buena calidad, ahora la presentación… nos transmitía tristeza, mucha tristeza.
En cuanto al Chuletón de ternera blanca de Ávila, la presentación muy floja igualmente, y el punto, no lo había, estaba literalmente crudo.
Por supuesto, entre plato y plato nos fuimos haciendo nuestras fotillos. En esta: mi prima y yo, por cierto, poco favorecidas ambas.
Y en esta otra, una panorámica completa de mi family, yo aparezco como imagen subliminal, soy el destello del flash.
Llegaron los postres, y la verdad es que postres hay que pedir siempre, pero hambre no teníamos, vale que en cuestión de sabores tuvimos platos que no calaron lo suficiente, pero las cantidades eran adecuadas.
El Tiramisú con chantilli, salsa de café y helado de mascarpone, fue uno de los que más nos gustó.
La Degustación de tartas caseras, muy convencional, nos arrepentimos de pedirla. El Royal de chocolate blanco y yogurt con sorpresa de golosina, estaba bien, no sorprendente, pero bien.

Por cierto, ella es mi prima Elena, una cucharetera de pro, a la que no podía dejar de lado en este artículo.
Por último, la Bomba de chocolate negro con sorbete de naranja, deliciosa.
Pero claro, no puedo acabar sin mis peros, mis detalles, en definitiva, mis cosillas. El servicio de sala: justo, muy justo, como la elaboración de la comida. Los camareros son en su mayoría extranjeros y aunque hablan perfectamente el idioma, en ocasiones se nos quedaban mirando con expresiones raras. Que nadie vea tintes xenófobos, que nada tiene que ver. Además se saben cuatro reglas básicas y punto. Por no decir que hay detalles injustificables como que no te lleven la botella de whisky a la mesa para servirte un cubalibre. En cuanto a la vajilla, falta de uniformidad total. En un mismo tipo de plato, lo mismo va una ensalada, que un entrecot o un postre. El aseo, aquel día estaba sucio, en otras ocasiones he ido y no estaba tan mal como aquel día, pero lo cierto es que reluciente tampoco lo vi.
En conclusión, salimos por 31 euros/persona, incluyendo vino y agua. La comida, de todo un poco, esperábamos mucho más, pero se quedaron cortos. Tienen detalles que gustan como el vino y el pincho a la entrada, o el sorbete de limon, lamentablemente a lo largo de la comida la sucesión de platos, unos que no están mal, otros aceptables y alguno que suspende, baja considerablemente su categoría. De la misma forma, y como ya he dicho antes, el servicio de sala en ocasiones llega a ser deficiente. Con todo esto y poco más, juzguen ustedes mismos. Sólo me queda añadir una cosa, y es que espero sinceramente que este restaurante vuelva a sus inicios, aquellos en los que se ganaron una justa fama.
Cucharete: Esperaba mucho más de este restaurante. Mi intención era puntuarlo con cuatro cucharetes, basándome en mis anteriores visitas, pero se ha quedado en el camino. Ningún plato consiguió calar en mi memoria, bien es cierto que estamos hablando de un local recomendado, pero que en otros tiempos ha dado muestras de que puede dar mucho más de sí. Mi equipo cenó por 31 €/persona.
El enclave en el que se ubica, en la misma hoz del Júcar, un paraje precioso. Ideal tanto para grupos grandes como para una cena romántica. La copa de vino y el pincho de bienvenida.
No se puede ir a ciegas en la elección de los platos, pues no todos dan la talla. El servicio de sala presenta deficiencias.




3,0
3 comentarios a “Recreo Peral (Cuenca)”
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El entorno en el que se encuentra “El Recreo Peral” es de cuento, a la orilla del río Júcar y rodeado de sauces. La decoración rústica y castellana está muy en consonancia con el lugar.
Al leer la carta, los platos propuestos nos sugieren una riqueza y diversidad de sabores que no encontramos luego en la mesa.
A destacar, las croquetas y el magret de foie con una salsa que provoca a dejarse limpio el plato.
En cuanto al postre, la bomba de chocolate negro una delicia y con una presentación bastante artística.
El resto de viandas pasaron sin pena ni gloria, correctas en su calidad y sabor, pero sin brillanteces.
El vino Casa Gualda, muy recomendable por su relación calidad - precio.
Las vistas que se disfrutan desde el restaurante, son lo más destacable.
Invito a todo aquel que todavía no conozca Cuenca, a visitarla porque “sigue siendo única”.
Me a gustado mucho la presentación de los platos ademas de ser cliente en varias ocasiones puedo decir que todavia existe el buen gusto en algunos sitios… Jesús Rodriguez S.
Recreo peral como la palabra dice es como una curva de estilo que sigue manteniendo el buen gusto y la presentacion de sus platos como se debe de hacer. Como cliente tambien he sido afortunado en varias ocasiones.