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Marqués de Cubas, 2
Madrid (Centro)
Sevilla, Banco de España
91 522 37 24
30 - 45
El restaurante Nihil Prius ofrece una magnífica terraza de verano situada detrás del emblemático edificio del Banco de España y próxima al Círculo de Bellas Artes. Su comedor -para fumadores, con cabida para 100 comensales- nos permite disfrutar de una cocina italiana con toques mediterráneos y de autor, que comienza con un menú del día a 13 € +IVA y termina con una completa carta, así mismo, disponemos de la opción de comida para llevar. Su horario de apertura es de 13:30h. a 16:00h. y de 21:30h. a 00:00h. -fines de semana hasta la 01:00h.- Cierra los domingos.




2,9
Rayo: Realmente es una pena que un local que aspiraba a una puntuación mínima de 4 cucharetes -pues apuntaba maneras- se quede a las puertas de los 3 -aunque tampoco es una debacle-. Quizás la época elegida para la degustación cucharetera no sea acertada porque la potencia real del restaurante puede encontrarse de vacaciones, pero nadie puede negar que para disfrutar de una terraza tan sugerente como la que muestran las fotografías de este artículo necesitamos sol, calor… y playa no, porque no hay -Vaya, vaya-.
Aunque el equipo de Cucharete está de recreo recorriendo lugares insólitos y poniéndose morenitos, siempre hay oportunidades de hacer escala en Madrid, y nada mejor que estos meses veraniegos para asistir a la terraza del Nihil Prius, acogedora, fresca, bien iluminada, y con variedad de verde en todas las esquinas. Perfecta, si no fuese porque la cocina no estuvo a la altura… quizás el día, quizás la época, quizás las prisas, quizás… quizás…
El comedor interior está cerrado -como suele ser habitual por estas fechas- y la opción de la terraza comienza su andadura gastronómica en la barra de la imagen inferior. Elegante a la vez que sencilla, con unos toques de color semáforo -soy único inventando colores- que pintan destellos sobre la variada oferta de alcoholes. ¡Un cóctel, por favor! (Nos hubiese gustado pronunciar esa frase, pero tocaba conducir).
El entorno que nos rodea -en pleno corazón del barrio de la Justicia- convierte el lugar en un pequeño paraiso para el descanso y el disfrute del paladar, lo primero se consigue, el emplazamiento es de lujo en la trasera el Banco de España; mi paladar en cambio… se va ligeramente defraudado. Esperaba más, mucho más.
La sillas negras juegan con las transparentes de metacrilato un singular torneo de ajedrez en el que las posiciones son minuciosamente estudiadas. Es muy de agradecer la separación entre mesas, los grupos se encuentran muy cómodos, y las parejas pueden disfrutar de una distancia más que aceptable entre vecinos -aunque no en la hilera central, donde las conversaciones pueden quedar en jaque-.
Llegamos los primeros -como de costumbre-, pero en un plis plas se completaron los prácticamente 100 cubiertos que ofrece el Nihil Prius. ¡No me extraña! ¡Se estaba de vicio! Claro que, el entorno no se come -bueno sí, con la vista…- ¡Y alimenta! (el espíritu).
Nos aventuramos a pedir un blanco que desconocíamos: Hoyo de la Prieta 2007 de la D.O. Rueda, un vino joven y fresco que cumple la función de dar de beber al que tiene sed y poco más. Aunque para estas ocasiones en las que la cocina no nos enamora, resultó ser más que suficiente.

Dos entrantes para compartir fueron el pistoletazo de salida de nuestra degustación: Una Pizza Primavera que estaba bien buena y de la que os hablan detenidamente mis compañeros, y unos Saquitos sorpresa Nihil Prius que despertaron nuestra atención. ¡Cómo íbamos a decantarnos por otras cosas con ese nombre! ¡Había que probarlos! De beef, atún y foie con mango -eso nos indicaron, aunque de atún no había ninguno, seguramente un error en el emplatado o escasez de esa materia prima-.
Venían acompañados de las salsas que aparecen en las cazuelitas de la imagen, una de melocotón y otra de reducción de vinos rosados en las que mojamos todos. Aunque finalmente, los saquitos pasaron a la historia como una “sorpresa” sin pena ni gloria. Aceptables y con ese toque de misterio -eso sí, el de foie con mango para los muy “foieros” se lo dejo-.
Con lo que sí me sorprendieron fue con el Corzo caramelizado con especias y salsa de frutos rojos, sin duda un nombre muy atractivo, pero mediocre en su presentación y combinación de sabores. Cuestión de gustos puede pensar el lector, pero cuando una materia prima de ese calibre se embadurna con una salsa tan potente, no se consigue otra cosa que enmascarar por completo su potencial -a no ser que no se desee que se aprecie-, lo ideal hubiese sido encontrar el punto en el que la condimentación realzase el producto que domina el plato, y no que lo ahogase completamente.
Únicamente me atreví con una pieza, pues incluso sorteando la salsa y las patatas no me encontraba una materia prima notable. Y cuando es así, lo mejor es dejarlo en el plato.
Por lo que veo en las secciones de mis colegas cuchareteros -siendo Ninillas la más perjudicada-, los platos principales -juzgándolos con el mismo rasero que los del resto de restaurantes del blog- son los máximos responsables de la caida de la nota del Nihil Prius en picado -obviamente, basándonos en nuestra cena-, cuando esperábamos encontrar un local que superase los 4 cucharetes.
Dimos una oportunidad a los postres, pues con lo que se había quedado en los platos no estábamos servidos, y además todavía quedaba una posibilidad para un repunte interesante en la valoración final -los postres son la guinda de la cena, el último tercio, el desenlace-. Mis compañeros os muestran una Copa de Yogurt con frutas de estación y azúcar de especias que me resultó excesivamente ácida, vamos, que no es mi postre, pero aún así estaba muy por encima de la Nube de Queso con reducción de Albariño que podéis ver en la fotografía. Una “nube” muy “gris” -a punto de descargar, diría yo-, pues resulta una sobremesa contundente y compacta en la que, como mucho, me quedo con las moras.
Ninillas terminó la velada con un café, FlashBack con un Té Darjeeling, y por mi parte, me decanté por un Té Rooibos Original: bebida nacional de Sudáfrica elaborada con una planta de extraordinarias propiedades curativas, aunque a día de hoy es más famosa en nuestro país por un conocido anuncio televisivo que causa “sensación”.
El Restaurante Nihil Prius me falló en la cocina, pero me sorprendió con el emplazamiento de su magnífica terraza, que bien merece su visita y disfrute. ¡Se está de lujo! Nadie puede discutirlo, pero… como comentaba al principio, quizás por el día, quizás por la época, quizás por el personal al frente en esas fechas… pudo habernos ofrecido una velada mucho más gratificante.
FlashBack: Recorriendo las inmediaciones del espectacular edificio del Banco de España en esta época de altas temperaturas, nos topamos con Nihil Prius o, como su traducción desde aquella lengua muerta que algún dia imperó sobre nuestras tierras -el latín- nos revela, lo que su nombre nos viene a querer presentar es algo similar a “Nada por delante de…” / “Nada mejor”. Tendremos que embarcarnos en una nueva aventura gastronómica para descubrir el auténtico sentido de esta pieza de nomenclatura ancestral tan intrigante.
Su puerta de entrada bien podría pasar desapercibida si no fuera por un potentísimo foco que la ilumina allá cuando el sol se esconde en el atardecer. Es entonces cuando al atravesar su puerta nos introducimos en un estrecho recibidor que nos conduce, al subir la escalera de barandilla metálica, a su barra suficientemente preparada para realizar una apropiada variedad de cócteles refrescantes. Un paso previo antes de acceder a la zona exterior del establecimiento, auténtico reclamo especialmente en este tipo de noches veraniegas como en la que nos encontramos.
La decoración intenta realizar una incursión en el minimalismo aunque, como se puede apreciar, puede llegar a rozar la simplicidad con elementos excesivamente explotados como las lámparas verticales que pueblan los rincones interiores. Un diseño muy abundante en cualquiera de las que se vienen a conocer como tiendas de decoración a precios asequibles.
Avanzando un trecho más en nuestro camino, alcanzamos la terraza situada en un patio privado compartido con el Círculo de Bellas Artes. Un elegante jardín ambientado con lámparas de luz cálida y sencillos elementos vegetales a nuestro alrededor. Las amplias sombrillas superiores parecen protegernos de cualquier ligera inclemencia medioambiental, siempre que ésta no sea excesivamente potente.
Previamente a tomar asiento, encontramos un despliegue de sillas de metacrilato transparentes y negras. Acompañando a todas ellas, se nos ha dispuesto una romántica vela para cada grupo, manteles individuales antideslizantes y unas llamativas servilletas de color rojo carnoso. Cubertería y cristalería adecuadas sin llegar a impactar visualmente y ceniceros de diseño estándar.
Las mesas se encuentran distribuidas principalmente para grupos, a excepción de una de las filas centrales que se dedica a parejas. El conjunto de ellas disfruta de un suficiente espacio entre cada uno de los grupos de comensales, otorgando una sensación de comodidad apropiada como para escaparnos durante la velada del mundanal agetreo de la gran ciudad. Su situación en una calle no demasiado transitada, a pesar de su situación en pleno barrio de la Justicia, no consigue más que potenciar esta ilusión para nuestra percepción.
A modo de aperitivo e incluido en el suplemento de servicio de pan por comensal que se nos añade a la factura, se nos recibe en nuestro caso con un Chupito de Sandía, que parece dejar un último sabor a melón una vez lo hemos degustado. Se acompaña de una cesta de panes de distinta índole recién horneados.
Bien es sabido que en verano se reducen las ansias de apetito del ser humano así que, puestos a ser comedidos, intentamos elaborar una lista equilibrada de platos para nuestro recorrido a lo largo de la cena. Con el fin de regarla convenientemente, escogemos un Vino Blanco Hoyo de la Prieta D.O. Rueda del 2007 confeccionado con variedad de uva blanca Verdejo. Sobresale por un aroma realmente intenso pero, en mi opinión, amplio y ácido en demasía.
En primer lugar y por tratarse de un restaurante de influencia italiana, decidimos comenzar por una Pizza Primavera. Elaborada con hojas de rúcula, mozzarella, salsa de tomate, cortes de olivas negras, láminas de queso parmesano reggiano, lonchas de jamón serrano y aceite de ajo. Una pizza que personalmente me encanta como primer entrante por su suavidad y ligereza.
Decidimos intercalar entre las diferentes porciones de la anterior especialidad con raíces en Italia, unos graciosos Saquitos sorpresa Nihil Prius. Y tan sorpresa, ya que nos los podemos encontrar de Ternera, Atún o Foie con mango. Hemos de decir que nosotros el de atún no llegamos a encontrarlo, el de ternera es acertado pero el de la combinación foie-mango tiene muchas opciones para no ser del gusto de algunos. Seguramente tenga mucho que ver la textura que adquieren estos dos ingredientes en el interior del saquito.
Obviando las secciones de Entrantes o Pizzas de la carta en las que ya hemos hecho presencia, se ofrecen distintas Ensaladas italianas, diversas clases de Pastas, Risottos acompañados de trufa, Pescados y Carnes.
Entre todos ellos, escojo personalmente el conocido por tratarse de una de las especialidades de la casa y que es el Magret de pato, patatas panadera con manzana y salsa de mango. Seré breve describiendo mi percepción: una carne aceptable, presentación llamativa y una salsa más allá de su cantidad apropiada que no conjunta bien en mi paladar.
Mientras espero la reacción de D. Rayo y Mademoiselle Ninillas acerca de sus respectivos platos, intento hacer la vista gorda sobre lo que me encuentro degustando. Al fin y al cabo, nos encontramos en un entorno agradable y atractivo. Sin embargo, sus opiniones comienzan a resultar muy similares a la mía respecto al Corzo caramelizado con especias y salsa de frutos rojos y al Risoto de trufa negra con escalope de foie. ¿Hemos elegido mal los platos? ¿Se encontrará el jefe de cocina de vacaciones en un día como éste en pleno mes de Agosto? Desconocemos lo que está ocurriendo pero, tras picotear los tres de cada una de las selecciones, no conseguimos disfrutar ni finalizar ninguna de ellas.
Obviando el anterior resbalón y, puesto que los primeros entrantes no nos habían defraudado demasiado, decidimos atacar a los postres. Entre el elenco de opciones, escogemos la Nube de Queso con reducción de Albariño que os muestran mis compañeros y la Copa de Yogurt con frutas de estación y azúcar de especias. El primero de ellos, a pesar de llamarse nube, resulta bastante contundente. Así que dependiendo de gustos, puede ser o no de nuestro agrado. En cuanto al segundo, la combinación global resulta bastante ácida, algo que podría arreglarse reduciendo ese ligero toque con cualquiera de los elementos que un buen repostero sabe combinar. En resumen, postres comedidos y no sorprendentes en ningún caso. Eso sí, finalizamos con unos tés y café cuyo precio no afectó demasiado al gasto total.
Tal y como comentaba en mi introducción, haré la reflexión final. “Nada mejor…”, “Nada por delante de…”. De repente recuerdo como seguía la historia en la información oficial del restaurante combinando latín e inglés en una misma frase: Nihil Prius Cool and Cheap. Literalmente, “nada por delante de lo que está de moda (lo distinguido) y lo barato”. Por supuesto no me considero que sea yo quien deba explicar a los propietarios de este restaurante como llevar su negocio pero desde mi punto de vista, como comensal, añadiría a estos elementos algo más de esfuerzo en la calidad y preparación de los platos.
Ya que, si tenemos en cuenta que las modas van y vienen, lo barato y elaborado con poca destreza puede crear la imagen de un mero local donde degustar pizzas -olvidándonos del resto de opciones gastronómicas- a un precio asequible en el interior de una bonita terraza, gracias a su presencia en el mismísimo corazón de Madrid y próxima a la fuente de la diosa Cibeles, característica por una cocina que puede atinar o no en nuestro paladar en función de la elección que realicemos. Su otro punto fuerte, el precio, dependerá de aquellas carteras que consigan considerarlo así al situarse la factura media dentro del rango de los 30€-45€.
Ninillas: Hay poquitos restaurantes que puedan presumir de una terraza de verano en pleno centro de Madrid, lo que se dice en pleno centro, y disponer de un ambiente tranquilo y agradable mientras se disfruta con las vistas de edificios emblemáticos. Bien, pues el restaurante como tal… existe, la comida ofrecida por el mismo es otro tema, pero desde luego el enclave lo tiene: comenzamos con la visita al Restaurante Nihil Prius.
Situado en la Calle del Marqués de Cubas entre el Banco de España y el Círculo de Bellas Artes, el restaurante ofrece una cocina italiana con toques de autor capitaneada por el chef Marcelo Migoya. Aunque ya os adelanto que quien finalmente se decide a visitarlo no creo yo que vaya por su cocina, aunque sobre esto ya profundizaré más adelante -¡Uy! ¡Qué “profesional” me ha quedado esto!. El caso es que en verano la sala interior no la abren y la opción es terraza o terraza, del mismo modo que en invierno también puedes optar al mediodía por ella, por supuesto disponen de calefactores que en el estío son sustituidos por nebulizadores que bajan la temperatura ambiente.
El espacio interior tiene corte minimalista jugando con rojos y negros, al menos lo poquito que pude ver, porque como ya os he comentado la sala estaba cerrada y nos pasaron directamente a la terraza. Y… ¡Menuda terraza!. Desde la calle no se ve, y cuando estás en ella te parece increíble que esté allí.
Su decoración corre a cargo de enormes sombrillas y plantas que van rodeando todo el perímetro de la terraza. Es sencilla y funcional, pero acogedora al mismo tiempo, además la iluminación aportada por los quinqués que marcan cada una de las mesas le da ese toque romántico.
El espacio tiene capacidad para 100 comensales, lo que puede venir bien si la reunión se antoja demasiado numerosa. Las mesas son modulares de dos y se van uniendo al antojo. Están bien de tamaño, pero claro, nosotros íbamos tres y nos dieron una de dos, de modo que… cómodos, lo que se dice cómodos, no estuvimos. En cambio, la distribución es bastante buena, salvo dos mesas que estaban demasiado juntas, el resto respetaban las distancias. De su indumentaria, pues poco que añadir, no hay mantel de tela, sino mantelitos individuales antideslizantes que tampoco llamaron mucho mi atención, servilleta roja de tela, cristalería con más pena que gloria y vajilla y cubertería correctas.
Pero vamos al tajo, porque allí se estaba muy bien, todo muy bonito, pero… íbamos a cenar. Restaurante italiano, pero con matices, los que le concede la cocina de autor, la internacional y la mediterránea. Su carta hace un recorrido por pizzas, entrantes, ensaladas, pastas, risottos, carnes y pescados. Una propuesta gastronómica completa y en la que se hizo difícil la elección. Respecto a la carta de vinos… sencillamente cumple con lo esperado, recoge referencias de corte clásico, salvo dos tintos argentinos y un francés. El tema de precios, pues como cabe esperar… un poco, por no decir de más, subidos, pero oye… tómatelo en tu casa que sale más económico, aquí estás donde estás.
Nuestra selección final consistió en dos primeros para compartir, un segundo al gusto -para una que yo me sé… a disgusto- de cada uno, y dos postres, todo ello regado con un Hoyo de la Prieta 2007 de la D.O. Rueda, que quedó demasiado justo.
Y empezamos con los Saquitos sorpresa Nihil Prius, que efectivamente fueron una sorpresa. Seis saquitos con diferentes rellenos: ternera, mango con foie y atún. El de atún, o se les olvidó o el atún sabía a mango con foie, todo puede ser. De cualquier modo, el único que se salvó fue el de ternera. Se acompañaban con dos salsas, una de melocotón y otra a base de una reducción de vinos rosados, que… bueno, mojamos en ellas.
Estando en un italiano, no se nos podía pasar degustar una de sus Pizzas, y optamos por la Primavera. Estaba elaborada con una masa fina sobre la que se disponían la rúcula, las olivas, el queso parmesano reggianno, el jamón serrano, el aceite de ajo, la mozarella y la salsa de tomate. Fue con diferencia el mejor plato que comimos, que no la mejor pizza que he comido, las he probado mejores, aunque ésta estaba buena.
Entramos en los segundos con una de cal y otra de arena, y porqué no decirlo… con cierta expectación, más que nada por saber si habríamos acertado con los platos.
Ésta soy yo con mis Ravioli de espinacas con foie al Pedro Ximénez, contenta porque yo soy muy alegre, y ahora que me veo en la foto, fondona. ¡Madre mía, cómo me he puesto! En Septiembre tendré que ponerme a plan. Pero a lo que vamos, que esa foto fue antes de probar el plato, y digo probar porque -sin que sirva de precedente- no fui capaz de dar más de dos bocados, la cara de después les garantizo que fue muy distinta.
¿Debo decir que no me gustó? Bueno… por si no ha quedado claro, no me gustó nada de nada, ni a mí, ni a Rayo, ni a FlashBack. Tres personas distintas con idéntica opinión sobre un mismo plato. Resultaba empalagoso a más no poder, pero vamos… aún así, podría haber pensado que sencillamente no era nuestro sabor, que la pasta estaba al dente y que seguramente a alguien debe gustarle, pero no, la pasta estaba… no pasada, lo siguiente. En resumen, un desastre.
Probé también las carnes de mis compañeros, y sólo puedo decir que bajo mi modesta opinión, se podían salvar si eras capaz de “coger cacho” sin salsa, como corrieras distinta suerte el paladar se resentía.
Bueno, bueno, bueno… Estamos en los postres, seleccionamos dos, y con miedo. El primero de ellos Nube de queso con reducción de Albariño. Lo de “nube” me sugirió una especie de mousse ligera y con buena entrada en boca, pero no se refería a esas nubes, sino a los nubarrones bien condensados en días de tormenta. No me gustó, pesado y demasiado intenso de sabor.
El segundo fue Copa de yogurt con frutas de estación y azúcar de especias. Tampoco acertamos con éste, el yogurt estaba excesivamente ácido, ni aún con el azúcar de especias entraba, de hecho quedó mucho en la copa.
Pedimos dos tés -a 2.20 € +IVA- y un café con leche para mí -a 1.95 € +IVA- más que nada para quitarnos el gusto de la boca. Aproveché para ir al baño, en el que al menos me encontré con dos viejos conocidos: Ava Gardner y Errol Flint.

Su interior está bien, nada que destaque sobremanera, pero bien y muy limpios, también he de añadir.
En fin, prometo ser breve con mis detalles, vamos con ellos. Empezamos con el entorno, francamente una delicia, cuántos restaurantes matarían por tener una terraza así. El servicio, muy atento, sólido y solvente. Se produjeron algunas esperas, debidas creo yo, a la capacidad de la cocina para absorber tantos comensales, pero tampoco fueron exageradas, y desde luego allí se está tan bien… que no vas para cenar en una hora. El precio del cubierto a 1.80 € +IVA, que incluía un chupito de sorbete de sandía, -no precisamente memorable-, y el pan, pues qué voy a decir, estoy ya tan acostumbrada que me parece hasta normal. La cocina, pues simplemente diré que cuando vuelva me pediré una pizza, porque el resto no fue de mi agrado, un desmesurado uso de salsas, materias primas demasiado normalitas y pastas pasadas. En resumen, relación calidad/precio suspenso, pero quien va allí, como fui yo, va a disfrutar de su idílica y tranquila terraza, dejando de lado los alicientes culinarios, en este sentido la relación ambiente/precio alcanza un notable alto.
Cucharete: El restaurante Nihil Prius es muy recomendable para visitar mientras reine el calor, nadie puede perderse esa magnífica terraza de verano llena de verde y con su justa iluminación. Como única pega, es una pena que su cocina no esté a la altura del ambiente que se respira en su singular emplazamiento. ¡Que estamos en pleno centro! Mi equipo cenó por 40 €/persona, tres personas con 2 entrantes, 3 platos principales, 2 postres, vino, agua, tés y café.
Su fantástica terraza de verano, en pleno centro. Sus pizzas. Su atento servicio. Admiten cheques restaurante.
La combinación de sabores en los platos principales. Uso abusivo de salsas. Los postres.




2,9
11 comentarios a “Nihil Prius”
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Cucharete colabora cada semana con el programa "
Cucharete interviene en 3 ocasiones, tanto los Sábados como los Domingos, en el programa dirigido por Curro Castillo: "
Cucharete colabora con una columna semanal en el suplemento "Cosmópolis" de prensa escrita del 






Hola, a este restaurante teníamos pensado ir. Aunque no se si conicidireis con mi opinión pero el panorama de restarurantes en Madrid esta cambiando, los nuevos sitios se situan en “sitios para enseñarse” así en plan fashion vamos y no cuidan en absoluto lo que te dan de comer. A mi este tipo de sitios no me llenan, el cubierto suele ser barato y para salir a tomar lo que te dan prefiero quedarme en casa. Será que cuando voy a un restaurante no voy a enseñarme sino que voy a comer. Tripeiro que es uno.
Enhorabuena por el artículo y porsupuestísimo por el blog.
Un saludo del inconformismo militante
Paso varias veces todas las semanas por delante de este restaurante y a pesar de que la terraza y el emplazamiento, visibles desde la calle, me atraen sobremanera, nunca me he decidido a reservar ni a entrar. La razón es muy simple: he revisado la carta varias veces y lo que ofrece no ha despertado mi curiosidad. Me ha dado la sensación, sn probarlo, de que se trataba de una concepción culinaria ya desfasada, como de hace unos años, con ese toque afrancesado, como con ínfulas de cocina de autor… no sé, desde luego nunca me he decidido pero vuestro post me pone en guardia definitivamente…
Normalmente comparto vuestra opinión, pero hoy por primera vez me he decidido a escribiros porque no estoy para nada de acuerdo con lo que decís sobre el Nihil Prius. Precisamente el pasado sábado estuve cenando allí junto a otras 6 personas, y los 7 salimos elogiando la cena. Se pidieron, como platos principales, tanto pasta como carnes, y todos quedamos encantados. En concreto yo puedo hablaros de mi solomillo a la mostaza antigua: Extraordianario!! La carne en su punto, el acompañamiento original y la salsa en su justa medida. Quizá debierais darle otra oportunidad…
Paso frecuentemente por la puerta del establecimiento, y nunca se me ha pasado por la cabeza la idea de entrar. El aspecto me tira para atrás, estilo “mucho ruido y pocas nueces”, con una carta que no llama la atención. Coincido con la impresión de Marta.
Lamento la cena mediocre que os tocó padecer, y os agradezco vuestra crítica.
Personalmente me decepcionó. La terraza estaba estupenda, pero tanto la comida como el precio no era acorde a lo que nos pusieron.
Es una pena porque la localización es excelente.
Aun con eso pase una cena muy agradable con buena compañía.
Hola amigos, es la primera vez que os dedico unas palabras aunque os sigo paso a paso desde la primavera pasada. Os comento nuestra cena el pasado 22/7 en el Nihil Prius. Espectantes ante algunos artículos sobre Marcelo Migoya (Chef) fuimos 4 comensales que empezamos a degustar la cena 45´después de haber realizado la comanda. Nuestra apreciación; servicio voluntarioso pero poco profesional, capacidad de la cocina desbordada, temperatura de servicio fuera de punto, y cocción escasa o excesiva en según que platos. Afortunadamente el entorno era de lo más agradable y aún así nos fuimos sin querer probar postre alguno.
Tengo que decir a su favor que envié una crítica por escrito a Marcelo y ha tenido la deferencia de invitarnos a cenar nuevamente, aún no hemos podido cuadrar fechas, y reconoció que había sido una noche dificil.
Lamentablemente por los comentarios parece que esas noches son más frecuentes de que debiera.
Esta noche iremos 8 amigos a la “
referencia a otro restaurante” ya os contaré la experiencia.Un abrazo a todos.
Me parece que la puntuación que le habéis dado es excesiva. He ido dos veces por eso de dar una segunda oportunidad, y si la primera fue un desastre la segunda ha sido de las que llega a enfadar. Coincido con vosotros en que los primeros platos son pasables pero los segundos son IMPOSIBLES DE COMER, un solomillo con restos de hielo de una mala descongelación y un atún tamaño pulga completamente helado. Precio del atún 23 euros. Todo eso después de esperar más de 45 minutos entre plato y plato. De la carta de vino les falta la mitad. Es preferible pedir que te digan cuál les queda en vez de tratar de acertar. Precio final sin postre y con vino baratuno (no tenían otro), 50 euros por persona.
Si no lo conocéis no os molestéis. Saldréis enfadados, cuando menos.
Coincido con la mayoría de apreciaciones y con la crítica. La terraza espectacular, el servicio atento pero insolvente. Mucha espera entre platos a pesar de entrar los primeros del turno. Mala relación calidad-precio. Carta de vinos con referencias poco conocidas y bastante cara. No se puede vivir sólo de la imagen, a veces es necesario recordar que salimos a comer, no a visitar catálogos de decoración. Es una pena, dado el potencial del local.
Decididamente desastroso… así es como podemos definir a este intento de restaurante que, de no ser por su enclave privilegiado, no habría superado el primer mes de apertura. La comida, aparte de pretenciosa y escasa, resultó ser de paladar bajo, y cara (los precios no incluyen iva y luego te atracan con el cada vez más temido “impuesto” revolucionario del “servicio” o “cubierto”…).
El servicio cumplía su cometido con escaso interés, al estilo de los camareros bordes y glamourosos de pegatina que cada vez abundan más en nuestra ciudad.
En fin, no volveré a este sitio por su estilo, comida y atención. Cualquier lata de ultramarinos ofrece mejor experiencia gastronómica que el Nihil Prius. Nada por delante…
Decepcionante desde el principio. Para empezar, las fotos publicadas te hacen una idea de una terraza en alto, no es así en absoluto, de vistas nada. Continuamos con el servicio: desatención desde el momento que entramos, situación que se repitió a lo largo de toda la cena. La comida no está mal pero es escasa y cara. Pienso que no merece tantos elogios, en ello coincimos las 4 personas q acudimos. Yo no repito.
hola, estuve cenando el otro día en este restaurante, Nihil Prius, y francamente el servicio es de chiringuito de playa. Tienen detalles que hacen que el restaurante no esté a la altura de la imagen de “nivel” que pretenden dar. Teníamos una reserva en la terraza para 4 personas y cuando llegamos nos dieron la típica mesa que no le gusta a nadie, la peor situada y oscura, pedimos que por favor nos cambiaran a otra zona pues la terraza aun estaba vacía, al comentarlo no nos pusieron buena cara, lo consultaron y solo nos dieron como opción otra mesa que era prácticamente igual de mala que la anterior, la verdad que no entendimos esto ya que aunque estuvieran reservadas todas o casi todas, al no haber llegado aun la gente, nos podían haber cambiado a cualquiera de las muchas mesas vacías , no creo que todo el mundo en la reserva por teléfono haya elegido una mesa concreta. Esto ya nos pareció un mal detalle porque era fácil contentar al cliente, pero después la cosa siguió mal. En los segundos platos el magret de pato que pedí estaba totalmente frío, lo comenté y se lo llevaron, 20 minutos después cuando el resto de los comensales (mi marido y mis amigos) ya habían acabado, lo reclamé, y me lo trajeron, encima de tener que comer ya sola por la tardanza, encuentro que la pieza que me traen es una cuarta parte en tamaño que la original y ademas estaba totalmente seca. Como podéis suponer la sensación era de tomadura de pelo. El postre de un pésimo servicio lo puso el hecho de que nos trajeran la cuenta sin que la hubiésemos pedido tras tomar los cafés, sin ninguna explicación al respecto tipo “señores su cuenta que tenemos que cerrar” o lo que fuera nos colocaron la cuenta en la mesa.
Si es cierto que los entrantes que pedimos me parecieron que estaban bien ( no puedo decir lo mismo del segundo plato porque como he dicho lo tomé tarde y mal hecho) tuve todo el rato la sensación de un restaurante que como suele estar lleno todos los fines de semana no cuida nada los detalles ni al cliente y da una imagen para no volver.