Fatâl (Budapest)
12 Junio 2008 por Cucharete
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Váci Utca, 67
Budapest (Hungría)
(+36 1) 266 2607 / 08
15 - 20 (4000-5000 HUF)
Un romántico restaurante donde disfrutar con raciones espectaculares de la auténtica comida tradicional húngara en el área más céntrica y comercial de Pest. Abierto en horario contínuo desde las 11:30 horas hasta las 2:00 de la madrugada. Dispone además de los recíen inaugurados salones Pintér Palace ubicados en el corazón de la ciudad con entrada por el contíguo número 69 de la misma calle Váci. Ideales para celebraciones, bodas, conferencias, recepciones, banquetes, catas de vinos y reuniones de negocios. Zonas disponibles tanto interiores como exteriores.




3,9
FlashBack: Un tiempo de tres horas y media en vuelo (a partir de cuatro horas y media si realizamos escala) y ¡Voilà! ¡Nos encontramos en Budapest! No hemos podido resistirnos a visitar una capital europea tan espectacular y atractiva como la capital de Hungría. Hermanada con nuestra ciudad, nos ofrece el resultado del paso de todas aquellas culturas que se han asentado en sus tierras a lo largo de la historia: celtas, romanos, magiares, mongoles, otomanos, astrohúngaros y soviéticos. Fue declarada como República de Hungría en 1990 y adherida a la UE en Mayo de 2004. A pesar de que aún no podremos usar los euros en su geografía, sí que nos enamorará con sus múltiples e innumerables cualidades.
Además de haber sido incorporada al reconocido grupo de Ciudades Patrimonio de la Humanidad, de la unión formada por las ciudades de Óbuda, Buda y Pesta separadas por el romántico Río Danubio, no nos podremos ir sin visitar su hermoso Parlamento, recorrer sus singulares puentes, habernos introducido en sus cuantiosas cuevas y grutas, relajarnos en sus conocidísimos balnearios y, por supuesto, disfrutar de su auténtica gastronomía sobre los tradicionales “fâtales”. Y es precisamente fâtal, el término aplicado en estas tierras a los increíbles platos de madera sobre los que se sirve su magnífica cocina. Pongamos por tanto nuestro destino en la céntrica utca Váci, paralela a la ribera del río, al llegar al número 67 adentrémonos una pizca en el callejón denominado Pintér Utca y ¡dirijámonos al Restaurante Fâtal!
Su discreta puerta nos conduce, a través de las escaleras de azulejo marrón, a un espacio subterráneo plenamente acogedor, de aquel cariz que nos sorprende por lo inesperado que resulta a través de su fachada. No nos olvidemos, y con más razón si nos gusta disfrutar de la vida nocturna, de que nos encontramos en la ciudad de los Romkocsma, Ruin Pubs o Ruina Bares. Tras cualquier insospechable puerta a pie de calle en alguno de sus edificios con apariencia abandonada, podemos dar con uno de estos extensísimos y emocionantes escenarios derrochadores de personalidad. En ellos, disfrutar de una agradable bebida, acceder a música en directo de calidad o mezclarnos entre sus hospitalarios visitantes supone toda una auténtica vivencia que nunca olvidaremos.
Los salones interiores situados bajo tierra poseen diversas lámparas bajas que nos aportan un marco de iluminación muy entrañable. En los techos, algún que otro ventilador que raramente se debe usar por la especial temperatura que aquí se obtiene, consigue aportar ese toque clásico que parece ser el impulsor principal de la decoración del establecimiento. La disposición de grandes bancadas y mesas de un tamaño ideal para unas seis personas, lo convierte en un marco perfecto para reuniones en pequeños grupos.
La luz indirecta viene completada por una peculiar serie de lámparas de pirámide inversa y curiosas vidrieras situadas en puntos estratégicos. Todo ello nos permite evadirnos dentro de un entorno similar al de una antigua abadía que nos impulsa a sentir un retroceso en el tiempo a los ancestrales orígenes de esta ciudad.
Es una suerte el que se mantenga un espaciado entre mesas más que suficiente, con una configuración realmente estudiada para proporcionar un buen servicio por el personal de sala, al crearse un gran pasillo central. Una vez ocupamos nuestro lugar en los bancos de madera ofrecidos a los comensales, es cierto que será complicado el volver a salir de nuevo. Claro que, siendo conocedores previamente de lo que vamos a degustar por el boca-oreja y lo entretenidos que vamos a estar con sus sorprendentes platos ¿realmente va a ser necesario?
Al disponer de más de un salón, separados por estupendos arcos de medio punto, siempre podemos encontrar en alguno de sus rincones, excepcionales mesas con forma cuadrada para poder disfrutar con nuestra pareja. Quizás no es un sitio de los más románticos pero sí resulta íntimo y nos superaremos si deseamos sorprenderla con un lugar especial donde degustar una abundante al mismo tiempo que elaborada cena.
Elegimos una de las mesas situadas al margen de la pared para dar rienda suelta a nuestras expectativas creadas sobre los fogones húngaros. Como es costumbre en la mayoría de los restaurantes de la ciudad, tanto platos como cubiertos o servilletas se nos sirven siempre para que nos los distribuyamos por nosotros mismos. Por supuesto, no es lo más elegante pero permite al servicio dedicar su tiempo a brindarnos un trato más cercano, personal e incluso podría decirse que familiar.
Llegado el momento de elegir la bebida se nos plantea una cuestión de las trascendentales. ¿Vino o cerveza? En el primero de los clasos, claramente deberíamos irnos a por un buen Vino Tokaji que desde Marzo de 2007 ha adquirido el estatus de Denominación de Origen. Una D.O. bien merecida debido a su trayectoria histórica que bien famoso lo hizo por haber sido considerado como el Rey de los Vinos por la realeza francesa a partir del Siglo XVI. Realizado a partir de uva aszú, será de mejor calidad cuantos más putňový (medida de masa de uva añadida a los barriles) figuren en la botella. Con un mínimo de 3 obtendríamos ya un caldo adecuado según los reguladores hasta el Tokaji de los Tokajis o Eszencia que ostenta el máximo de 6. Un vino frecuentemente alabado como el más valioso del mundo.
Si decidimos optar por la segunda opción, aunque no sea tan exclusiva no saldremos defraudados. Entre la distintas variedades, la más conocida es la Cerveza Dreher, que toma su nombre del destilador vienés Franz Anton Dreher, al que se le considera el inventor de las cervezas Lager o de baja fermentación en el año 1796. Su éxito se hizo presente a partir del siglo XIX gracias a elaborarse de forma masiva en Budapest. La situación a orillas del Danubio, la hizo el enclave ideal para obtener una cantidad de agua inigualable para la elaboración de esta bebida. Tanto si la elegimos en esta opción (Dreher Classic) como en su versión negra (Dreher Bak), averiguaremos el porqué de ser la marca más consumida en este país.

Volviendo a la carta, nuestro camarero nos hace conocedores de los diversos idiomas en los que podemos elegir la misma. Debe tenerse en cuenta que, si bien Hungría es un país con una representación de restaurantes suficiente, es cierto que muchos de ellos viven del turismo exterior debido a un no excesivamente alto poder adquisitivo de su población. Nosotros elegimos la versión en inglés que nos permite un seguimiento adecuado a toda la mesa. Ha de reconocerse que el diseño, ya sea en el idioma que elijamos, es bastante curioso y llamativo.
Recorriéndola a través de sus cuatro páginas, observamos que la variedad es más que suficiente como para perdernos durante unos cuantos minutos entre sus Sopas, Aperitivos, Platos Fríos y Ensaladas, Platos Calientes y Sartenes, Pescados, Pastas y, claro está, Postres y Bebidas. Por supuesto, usamos el método de indicarle al servicio de sala los números de nuestros platos con el fin de hacérselo más facil. No olvidemos tampoco que los húngaros son más que agradecidos si los obsequiamos con alguna que otra palabra o expresión en su idioma. Así que con un mínimo de esfuerzo, nos veremos ampliamente recompensados.

Debido a lo comentado anteriormente, espero se me disculpe por mencionar sus platos en versión anglosajona, añadiendo el número que lo sitúa en la carta para aquellos que deseéis conocerlo. Con el fin de ir abriendo boca, nos decantamos por una Fresh Giant Salad (340). Un inmenso bol de ensalada, como se puede ver en la fotografía, compuesto por lechuga, pepino, tomate, huevo, zanahoria, cebolla de piel morada y mozarella. Se puede elegir aderezada con una salsa de whisky o de ajo y yoghourt. En ambos casos, posee un ligero carácter picante muy suave que nos encanta a todos los comensales.
Como ya comentaba previamente, hemos sido advertidos acerca de las grandes raciones del Restaurante Fâtal, así que optamos por pasar a los platos principales y deleitarnos con unos buenos postres al finalizar. Mi opción como segundo plato es un Duck with Cabbage Lvekedli (41). Unas increíbles piezas de pato asadas en cerveza, acompañadas de pasta húngara y col. Un plato realmente espectacular que acaba siendo probado por toda la mesa. De los que uno se pierde entre el increíble sabor de la ave y de la guarnición de pasta. Esta última con un exquisito y ligeramente dulce sabor que le confiere la col, ambas estupendamente gratinadas.
Es prácticamente obligatorio, si aún no lo conocemos, el dejar que nuestro paladar disfrute de un maravilloso Gulyás o Goulash, por lo que pedimos el Beef Gulyas (70). Una receta que ostenta un extraordinario protagonismo en este tipo de cocina. Elaborado a partir de ternera, cebolla, pimientos rojos y ¡paprika fresca! Sí, la misma que nos encontramos en cualquier supermercado, mercadillo o tienda turística. Y es que si el Gulyás ya consigue ubicarnos en el país que nos encontramos, una de las principales señas de identidad húngaras es esta especia similar a nuestro pimentón dulce. El plato además se acompaña de tomate, vino tinto y pasta húngara. Sin duda hace las delicias de nuestro amigo Miguel Ángel.
Queriendo ser ortodoxos con la tradición y si nos encanta la elección anterior, ¿por qué no probar otra de sus variedades? Tal es el caso del Chicken Gulyas with Galuska (69). Su nombre lo dice todo: gulyás de pollo acompañado de Galuska, una pasta muy típica elaborada con harina, huevo y manteca de cerdo. Debemos tener en cuenta que las salsas que bañan los platos son, en algunos casos, ligeramente picantes. En cualquier caso, ninguno nos quejamos de ello en demasía, lo cual es muy buena señal.
El gran valor añadido en la presentación de los platos lo suponen las enormes sartenes sobre las que se sirven cada una de las elaboraciones culinarias. No solo aporta un atractivo inusual a nuestra atenta mirada sino que ayuda a conservar el calor de las materias primas escogidas. Eso sí, con mangos de madera para que el calor no acabe lesionándonos. Un estupendo detalle puesto a disposición de una divertida cena. ¡Qué se lo digan a Cristóbal y Rosario!
Si ya de por sí, cada uno de los platos sorprenden por su calidad y cantidad, no puede ser menos, como hemos visto hasta ahora, a la hora de hablar sobre sus guarniciones. Tal el es caso del Crispy leg of pork with Csusza (34), una buena ración de cerdo crujiente servidos con csusza -una pasta elaborada con queso tradicional- y champiñón. No se puede negar que estamos ante una velada de ¡grandes descubrimientos!
Sea por el efecto de las cervezas magiares, por la competición por ver quien tiene el valor suficiente para terminarse las enormes cantidades sobre nuestras sartenes o por lo distendido del ambiente, la mayoría de comensales nos sobresaltamos cuando vemos aparecer el siguiente plato en una de las mesas adyacentes a la nuestra. Como os podéis imaginar, la receptora del mismo no consigue dar crédito a lo que sus ojos están viendo y, por supuesto, muchos de nosotros suspiramos por no haber cometido una inconsciencia similar pidiendo la misma elección. De cualquier manera, retratado queda para la posteridad.
A estas alturas, nuestros estómagos se encuentran más que servidos. Sin embargo, ¿íbamos a quedarnos sin postre por ello? ¡rotundamente no! Nos dejamos aconsejar por nuestro camarero quien nos indica que el SomloiGaluska (90), nos encantará puesto que son unas simples bolas de helado. La descripción de la carta nos anima igualmente con un escueto “Just try it!” (Simplemente pruébalo). Ciertamente contiene un par de bolas, claro que lo que no había transcendido era el tamaño de las mismas. ¿Alguien puede echar una mano a Rocío? Claramente con una sola es complicado hacerse con la ¡gigantesca copa! de cristal.
Algo más ligeros e igualmente deliciosos nos resultan los Cavallier Pancakes (164). Unas tortitas enrolladas rellenas de fruta fresca y helado. Kiwi, mango, fresa y muchísimas más. Recubierto todo ello por una nata montada cuanto menos distinta a lo habitual. Excelente elección para una copiosa cena, siempre que no tengamos en cuenta el último de los postres.
El último de los postres y ¡qué postre! Seguramente quien dijo que lo bueno se hace esperar, pudo verse en nuestra misma situación. Hay que reconocer que el Spaghetti ice-cream (83) lo primero que nos produce es desconfianza. ¿Spaghettis en un postre?. Efectivamente, realizados con helado de vainilla y acompañados de salsa de fresa y nata montada. ¡Espectacular! el plato consigue quedar limpio tras el ataque de nuestro ejército de cucharillas.
Llegada la hora, solicitamos la factura a abonar que viene presentada en una curiosa caja de madera con unos simpáticos cocineros sobre ella agredeciéndonos nuestra visita. El tamaño, por supuesto, es entendible. Debido a lo devaluado que se encuentra el Florín Húngaro (HUF), el cambio de la más mínima cantidad en nuestra moneda consigue llenar nuestras manos de numerosos billetes, los cuales poseen un tamaño considerable.
Nos dirigimos pues a la misma escalera que, en un primer momento, consiguió transportarnos a la nueva dimensión de la cocina más característica en Budapest. Y, puesto que nuestro cuerpos llevan algunos kilogramos más de lastre que a nuestra llegada, aprovechamos para realizar una parada en el camino con el fin de guardar esta entrañable visita para la posteridad en la siguiente instantánea.
¿Qué más se puede argumentar a favor del Restaurante Fâtal que no haya mencionado ya? Lo resumiré brevemente: una vez hayas experimentado sus sabores, seguramente no puedas evitar el realizar una segunda visita si vuelves a dejarte caer por esta maravillosa ciudad. Un buen comienzo para cargarnos de energías que necesitaremos de cara a desplazarnos por el asombroso Monte Gellert (Gellérthegy), perdernos por la relajante Isla Margarita (Margit-sziget) o retratarnos en la Plaza de los Héroes (Hősök tere). Está bien, siempre podremos hacer uso de las peculiares estaciones de su servicio de metro, característico por crear la primera línea subterránea eléctrica en el continente europeo en 1896.
Cucharete: El Restaurante Fâtal supone una elección perfecta para recorrer de un golpe la gastronomía magiar en todos sus sentidos. Desde los platos más característicos como el Guylás a las cervezas y vinos más característicos de estas tierras. Si aún os quedáis con ganas no dejéis de probar unos buenos chupitos de Pálinka para bajar la cena. Mi equipo cenó por 4500 HUF/persona (18 €/persona).
Unas raciones enormes, la presentación en sartenes y el Pato escogido por Flashback. La elaboración artesanal y casera de las pastas de guarnición. Imprescindible guardar un hueco para los postres. Un servicio rápido y amigable. Y como no podría ser de otra forma, ¡los fâtales!
Las servilletas de papel y la falta de presentación inicial en las mesas.




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5 comentarios a “Fatâl (Budapest)”
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Muy recomendable, si, doy fe. Dos veces he ido a Hungría y tres al Fatâl!! Y que no entre el euro! Solo un pequeño apunte sobre la “exclusividad” de la cerveza Dreher y es que a mi me cuesta más encontrarla fuera de Hungría que el vino Tokaji, así que, por lo menos por ese aspecto, es hasta más exclusiva. No vayan a pensar los lectores que FlashBack sólo se iba a conformar! (por que en la foto se ve claro lo que elegistes
La gastronomía húngara es deliciosa y el Fatâl es un buen ejemplo: cocina casera, rica y abundante (¡y barata!). Mejor ir sobre aviso: si te pides primero y segundo no te lo puedes acabar, aunque seas de buen comer. Se llevan constantemente platos de vuelta a la cocina prácticamente sin tocar (y no precisamente porque no estén buenos), y da una pena… Sobre todo cuando vuelves a casa y te acuerdas, como ahora viendo las fotos… ¡qué hambre!
¡Viva el goulash, las patas de cerdo y el pálinka!
Nosotros volamos a Budapest este fin de semana, y solo por lo que he leido aqui sino por que un amigo mio me la recomendado seguramente no faltara una visita al restaurante Fâtal. Ya os contare a mi regreso
yo he visitado budapest el mes de agosto 2008 y el restaurante
FATAL es de lo primero que se tiene que visitar.
la comida genial , el restaurante lo tiene todo, calidad,servicio, limpio
la cocina la tiene a la vista y muy buena cerveza (soor, en hungaro)
y muy buen precio mientras se pague en forines, admiten euros
Acabo de regresar de budapest, y obviamente fuimos al fatal. Es brutal!!, la cantidad y sabor de la comida que te sirven es espectacular. A aquellos q vayan ahora en otoño les recomiendo las sopas, que estaban deliciosas y enormes. Eso si, llevar efectivo(florines) q no aceptan tarjeta de credito para pagar y el cambio como en todos los restaurantes es malo. Regeresaré a budapest y esta vez haré espacio para los postres.