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San Andrés, 1
Madrid (Centro)
Tribunal, Noviciado (L10)
91 523 27 47
15 - 25
El Restaurante Ojalá nos traslada a un minidesierto subterráneo -en pleno barrio de Malasaña- en el que la noche domina la luz de color que pinta las paredes de ladrillo visto, sin duda el atractivo del lugar. Unos precios ajustados y unas cantidades generosas son su gran baza, a parte de ofrecer tés, chocolates, cócteles y cafés incluso en versión take away. Dispone de zona de fumadores y no fumadores y cuenta con 30 cubiertos en su solicitado comedor de arena. Abierto todos los días desde los desayunos hasta la 01:00h de la madrugada (Viernes y Sábados hasta las 2:00h). No cierra.




3,5
Rayo: De vez en cuando, nos encanta mostrar en Cucharete alguno de esos lugares que, si bien no son de nueva apertura en Madrid, sí consiguen el beneplácito del público que los visita al considerarlos “obligatorios” para todos aquellos que se acerquen -o pertenezcan desde siempre- a la capital. ¡Hay que ir una vez como mínimo!
Obviamente, hablamos de un local enfocado hacia un público joven, no veo yo a mis progenitores sentados en el suelo llenándose de arena mientras “disfrutan” de la cena, pero lo que está claro, es que la exclusividad que provoca el mero hecho de comer en una playa subterránea… ¡no tiene parangón!
En un restaurante como el que nos ocupa, la oferta gastronómica suele compensarse con la escena que nos arropa, y esa sensación que transmite el ambiente de “¿no soy un restaurante cualquiera, verdad?” gana la partida y permite que nos relajemos y disculpemos pequeñas carencias en la cocina.
Otro de sus atractivos es el importe de sus entradas en la carta en cada uno de sus tercios -excepto en los postres, que comentaré más adelante-. A día de hoy, no es fácil encontrar un local que no asuste con la factura al final de la cena.
La barra -a pie de calle- transmite una primera impresión de lugar desordenado, realizado con remiendos de todo tipo. Pero una vez coges asiento y te fijas en los detalles, el clima te envuelve y se hace contigo. Parte del éxito de lo a gusto que estábamos fueron las cañas de Warsteiner -que os muestra Ninillas- muy bien tiradas -llevan su tiempo y su arte- acompañadas de su tapita. Un acierto mientras esperábamos por Esther, que nos acompañó durante esta cena playera.
Una gran lámpara circular -con más de 40 bombillas- ilumina vagamente el local, para no quitar protagonismo a los luminosos tubos de colores que “pintan” a media altura de amarillo las viejas paredes.
¡Apagados! estaban todos los ventiladores que sobrevuelan las mesas, no quiero ni pensar en el ruido que pueden llegar a hacer funcionando al unísono, claro que cuando así sea, se agradecerá el fresquito… digo yo.
Las mesas lucen los pies de antiguas máquinas de coser: La carismática marca Singer se deja leer en muchas de ellas. Un guiño al pasado que conjuga con los esbeltos y modernos taburetes de la barra, que resultan ser muy cómodos.
El comedor subterráneo-playero es la gran baza de este local y lo que lo diferencia claramente de la competencia. Y es que, aunque en Madrid encontramos diversos locales que nos permiten disfrutar de la comida en el suelo -¡Uy! Que mal suena eso-, el Ojalá da un paso más y añade un mar de fina arena al conjunto.
Resumiendo: Que… sólo falta un suave oleaje de fondo, un ambientador marino… y una luna enorme sobre nuestra cabezas: ¡Cenita en la playa! con los cojines del sofá de casa… El escenario puede parecer idílico y muy confortable, pero la realidad es otra, la comodidad de comer medio tumbado en el suelo -o sentado sobre los cojines- se hace larga e incómoda, por lo menos para un servidor. ¡Pero es el encanto que tiene! ¡Y lo recomiendo!
Las mesas las encontramos marcadas por una vela y con los cubiertos cruzados sobre unas simples servilletas de papel, muy playero todo. Como consejo… tened cuidado con los pies, pues el cambio continuo de postura -para que no se te duerman las piernas- a veces resulta veloz e inoportuno y puedes llenar la comida de… ¡arena!
El ladrillo visto le da un toque romántico a la playa acotada, que gana enteros con la luz tenue que mana de los fluorescentes de color, y las velas -por supuesto- sellan el conjunto con acierto. Destacar el proyector que observamos en la fotografía, que llena de vida y movimiento las paredes con videos en todo momento. Se está a gusto en el Ojalá. ¡Y no se necesita sombrilla! ¡Ni cremita!
¡Y llegó la hora de comer! ¡Que es a lo que vamos! Así que pedimos un poco de todo para compartir los cuatro, dejándonos aconsejar en parte por la camarera y siempre bajo nuestra intuición -esperando que no nos engañase-. A los Entrantes, Ensaladas y Tapas se le suman los platos Para Compartir que incluyen en su gran mayoría un conjunto de las secciones anteriores.
Para regar la velada elegimos -entre únicamente 7 referencias de vino- un Mencía Peique 2006 de la D.O. del Bierzo que no había probado nunca y no dejó huella alguna en mí, muy…”de mesa”. Cierto es, que el local apuesta por etiquetas poco conocidas, lo que permite al comensal aventurarse hacia lo inexplorado entre las D.O Bierzo, D.O Calatayud, D.O. Chile, D.O. Emporda Costa Brava, Ciudad Real, Mallorca y MontSant.
Los precios son muy atractivos, y comenzamos por unas Berenjenas crujientes acompañadas de miel de jengibre para mojar, nada del otro mundo… pero sí un plato que combina perfectamente con el lugar, cada uno su “palito” y a charlar, que es de lo que se trata, de pasar un rato divertido con los amigos -y con la arena-.
Optamos también por una ración de Crujientes Variados, ya que matábamos varios pájaros de un tiro. Una cesta que nos permitía probar unas croquetas de bacalao, unos rollitos de morcilla, brie frito y verduras en tempura. ¡Me cansé de comer zanahoria! Al principio llamaba la atención, pero llega a hacerse empalagosa. Pero vamos, no me defraudó el conjunto.
Aquí os muestro la generosa ración de Jabalí Gratinado, acompañado de ali-oli de miel y sobrasada. Bueno… no estaba mal -además es un plato de únicamente 6 €- pero claro… jabalí, jabalí… yo diría más bien que se trataba o bien de un jabalí domesticado o de un cerdo un poco salvaje. Dejémoslo ahí. Claro que con ese precio, como para protestar… ¡6 euros!
El resto de platos os los muestran mis compañeros, la Ensalada de Foie la verdad es que estaba bien buena (quizás vagamente aliñada por poner una pega), y el Atún Empanado me sorprendió gratamente (otro plato de 6 €), os recomiendo que lo probéis.
Pero vamos a rematar la faena con los postres, que por cierto son carísimos para el intervalo de precios del local -entre 5 y 6 €-. La Crema de queso con frutos rojos que veis en la foto… muy buena, así que podéis disfrutarla sin problema -si os gusta el queso, evidentemente-. Cuando un postre está bueno, ya no te parece excesivo su precio, además se presenta en una cantidad generosa.
La Tarta de limón era de los más exclusivos en cuanto al precio, pero esta sobremesa también sale bien parada… ¡Otro postre que recomiendo! No se ganó el mismo entusiasmo el Soufflé de chocolate caliente con espuma de Baileys que os muestran FlashBack y Ninillas, es más rico el nombre que el postre en sí, y eso que yo me defino como chocolatero, ya me conocéis.
Una cena divertida que probablemente repetiremos a menudo con amigos, no hay nada como que te venga a visitar alguien de una ciudad pequeña -como Pontevedra (la mía) por ejemplo, donde no encuentras lugares así- y lo lleves a un restaurante donde se come entre cojines y fluorescentes sobre un suelo de arena, sin duda… quedará sorprendido ¡o sorprendida!
Se echa en falta que de vez en cuando cruce un camello -de los que tienen jorobas- por entre las mesas entre las pequeñas dunas… pero para eso está la imaginación.
¡Nos vemos la semana que viene! ¿Quizás en otro “paisaje” inusual?
FlashBack: En ocasiones, en el equipo de Cucharete, nos sentimos cuales exploradores por las escondidas tierras y rincones de los establecimientos madrileños. Motivados por los rumores sobre la existencia de un paraíso escondido en el que disfrutar de exóticas arenas más propias de un inmenso desierto que de una urbe como nuestra ciudad, nos dirigimos a la búsqueda del Restaurante Ojalá. En momentos como éste, uno se arrepiente de haberse olvidado en casa túnica y turbante, aprovechando la ocasión para ataviarse al más puro estilo del polifacético Thomas Edward Lawrence.
Una fachada de grandes ventanas nos adentra en su planta superior, iluminada por neones horizontales de tonos violetas y amarillos que se asientan sobre una composición que simula un rústico empedrado. En ella, encontramos una atmósfera joven, sosegada, desenfadada y con un ligero toque de subterfugio secreto en el centro madrileño. Sobre nuestras cabezas, antiguos ventiladores y lámparas más propias de una clínica de dentista inundan el ambiente de distinción y arriesgada originalidad creativa.

Sus mesas de madera resultan discretas para este autodefinido “Awareness Club”. Se podría decir que se nos recibe en esta modesta aunque única antesala previa al descubrimiento de sus tesoros escondidos de la zona inferior. Un espacio en el que podemos disfrutar tanto de nuestra compañía o nuestra soledad (relativa ya que se dispone de Zona Wifi) acompañándola con cualquier tipo de cóctel, té, chocolate a la taza o café. Si nos decidimos por unas de sus estupendamente tiradas cañas, no nos faltará la imprescindible tapa variada como acompañamiento. Así lo comprobamos y podéis observar el resultado en el artículo de Ninillas.
Accesible desde ambos extremos de la planta superior, unas discretas escaleras nos guían hacia un ambiente cuanto menos distinto, innovador, capaz de trasladarnos a un entorno en el que descubrimos una nueva filosofía de lo que consideramos como una cena original. Las paredes de ladrillo tan propias de los locales céntricos de Madrid son capaces de trasladarnos en esta ocasión a esos aires más cercanos a culturas árabes, gracias a la fina arena que cubre el suelo y a una iluminación extremadamente cálida conseguida utilizando paneles de neón situados a escasa altura alrededor de sus mesas bajas, listas para ser ocupadas.
Supone, en cualquier caso, una forma de disfrutar de la variedad de platos creativos que se nos ofrecen esparciéndonos sobre los diversos cojines distribuidos por el suelo del salón ¿o debería definirlo mejor como duna de playa idílica? Volviendo a la realidad, podría ser considerado por algunos como una manera incómoda de disfrutar gastronómicamente hablando. Lo que sin duda no puede obviarse es que nos encontramos ante uno de esos establecimientos donde a quien llevemos, conseguiremos sorprenderlo.
Sobre los laterales, se proyectan diversas imágenes pertenecientes a películas escogidas especialmente por sus propietarios. El efecto conseguido es doble: por una parte se evita el aspecto desangelador de una pared descubierta al mismo tiempo que provoca la admiración de su poder decorativo entre todos los comensales. Curiosa la instantánea que acompaña a estas letras. Y es que no es difícil observar a los clientes del Ojalá observando atentamente las mismas con expresiones similares en sus caras a la de el niño del film que se nos está presentando en este momento.
Si conseguimos retirar nuestra atenta mirada de ellas, apreciaremos una carta con múltiples opciones principalmente orientadas al buen arte de compartir platos de muy alejada inspiración entre toda la mesa. Clasificados por entrantes, ensaladas, tapas y “para compartir”, consigue en pocas creaciones cubrir todos los frentes, relacionando una oferta tradicional como la presa ibérica con makis japoneses o incluso un buen ceviche de salmón.
En cuanto a las referencias de vino, sorprende una lista de caldos no excesivamente conocidos de procedencias tan variopintas como Calatayud, Mallorca, Montsant o Chile. Escogemos una botella de Vino Tinto Mencía Peique D.O. del Bierzo del 2006, que nos llama la atención por poseer una potencia suficiente y un toque afrutado al mismo tiempo que carnoso. Cierto que cumple en mayor o menor medida esta definición de la carta, aunque para alguna representación de la mesa también se le podría añadir un pequeño toque del adjetivo coloquialmente usado en estos casos: “peleón”.
¿Por qué no empezar por uno de sus entrantes a un precio de tan solo 4 euros? Atraídos por esta inexcusable razón, ordenamos las Berenjenas crujientes, presentadas en un bol de plástico y acompañadas de miel de jengibre para untar. Una elección divertida por la forma en que se disfruta, introduciendo cada una de las piezas alargadas de berenjena frita en su salsa, no muy espesa pero sí con un carácter dulzón que nos genera en el paladar una combinación de sabores especial.
Aprovechando la ocasión que se nos brinda de complementar nuestra cena con una ensalada sana y ligera, nos decantamos por la Ensalada de Foie. De ella, lo que más impresiona es precisamente la redonda porción de foie que encontramos en su interior, cubierta por una capa de manzana caramelizada y una gran cantidad de queso en polvo. Para mi gusto habría añadido algún aliño más abundante aunque, de cualquier forma, la considero bastante recomendable.
Habiendo cumplido satisfactoriamente con un comienzo bastante vegetal, nos lanzamos a por los pesos pesados de la carta. En primer lugar, una gran cesta de Crujientes Variados, compuesta por unos ligeros rollitos de morcilla, pequeñas croquetas de bacalao, brie frito en piezas rectangulares y abundantes verduras en tempura. El “un poco de todo”, acompañado de salsa de soja, para disfrutarlo correctamente.
Y se aprecian aún mejor, seguidos de un Atún Empanado, servido sobre una cama de cous-cous y especias del Magreb. Un buen lomo de atún al que personalmente le hubiera aplicado un tiempo de calor no tan extenso, para poder disfrutar de su interior más eficazmente. La condimentación merece la pena. Como elección carnívora, un Jabalí Gratinado -os lo muestran mis compañeros- delicioso por el ali-oli de miel y la sobrasada con que se acompaña, a pesar de que la potencia de esta mezcla no permite apreciar el singular sabor de la carne.
Como no podía ser de otra manera, los postres no iban a faltar en esta exótica velada. La Tarta de limón que vemos en la siguiente fotografía, recuerda por la cubierta superior a aquellos suflés a los que muchos de nosotros estamos acostumbrados si no fuera por la crema de limón de su interior. Un dulce ligero y digestivo, algo complicado de partir si no somos muy hábiles despegando la capa de merengue que lo recubre de la cuchara. Los trocitos de plátano, además de decorativos también pueden servirnos como delicia adicional.
Para los más dulzones, aconsejo el Soufflé de Chocolate Caliente bañado en espuma de baileys, salsa de chocolate negro y virutas de chocolate. Un resumen muy chocolatero, que no se caracteriza por desprender gran sabor a esta bebida alcohólica irlandesa. Ideal para quien no aprecia en exceso la combinación dulce-alcohol y demasiado suave, en cambio, para los que sí que lo esperan. No dejaré de mencionar el más ligero de los tres que hemos escogido, la Crema de Queso con Frutos Rojos -que os muestra Rayo-, ligera, excelente, nos encanta a todos.
Tras esta visita, no tendremos que volver a utilizar la expresión ¡Ojalá! para referirnos a la existencia de ese restaurante que todos buscamos por su distinción y en el que, a la salida de la cena, nuestra cartera no nos guarde rencor hasta la próxima velada entre amigos. Unos platos acordes a su precio puestos en escena muy acertadamente. De ese tipo de locales a los que, aunque su apuesta culinaria no te convenza, seguramente vuelvas.
Ninillas: Del Diccionario de la R.A.E: “Ojalá: interj. Denota vivo deseo de que suceda algo“. Pues bien, con esa intención fui yo al Restaurante Ojalá, con ese vivo deseo de que sucediera algo, no sé el qué, pero algo bueno cuando no extraordinario. Si se cumplieron o no mis expectativas ya saben… síganme en mi periplo.
El Restaurante no acepta reservas para cenar, a las 20:30h. empiezan con las cenas y estás o te quedas sin mesa, sobre todo para la zona de abajo. Así que, llegamos pronto por si acaso e hicimos lo que todo hijo de vecino en estos casos: pedir una caña. Una rubia Warsteiner bien tirada y acompañada por un pinchito de tortilla con un poco de mayonesa. La cerveza bien, el pincho pues nos lo comimos, pero no daba para hacerle crítica la verdad.
Mientras bebíamos nuestra cerveza, éste es el panorama que divisábamos: un espacio alternativo salpicado por colores ácidos y algún que otro violeta. Antiguas máquinas de coser reconvertidas en mesas y sillas tonet llenando el local, pero no abarrotándolo y por supuesto, una gigantesca lámpara sujeta con tensores al techo.
En general un ambiente distendido, de todo vale y nada molesta. Vamos… buen rollito. Un sitio válido para cualquier hora del día, ya sea desayuno, comida, merienda o cena rodeado de una clientela joven y donde si tienen calor, no tienen más que pedir que pongan en funcionamiento su hilera de ventiladores.
Pero si hay algo que diferencia al Restaurante Ojalá es sin duda alguna su planta inferior. Allí bajamos como alma que lleva el diablo a las 8:30 PM en punto, y la verdad es que en una primera vista no nos decepcionó. Es una zona chill-out con ladrillo visto en las paredes, mesas bajas y cojines donde reposar el cansancio del viajero. Todo con una iluminación muy íntima, tal vez excesiva, sobre todo porque en ocasiones no ves lo que comes. Y bajo los pies… fina arena, una idea que me pareció muy original al llegar y que conforme avanzaba la cena me supuso un auténtico agobio.
Las mesas están separadas a la distancia justa, a menos que des con un grupo tipo gallinero, lo cierto es que tienes que poner mucho empeño en oír la conversación del vecino. En cuanto a su vestuario… pues poco, más bien nada. Las mesas aparecen desnudas, y bastante perjudicadas ya por el paso del tiempo, acompañadas por una velita y los platos apilados junto con los cubiertos y las servilletas de papel. Vamos, que no se puede hablar de alta etiqueta, pero dada la horquilla de precios que maneja el restaurante tampoco de baja.
Vayamos al asunto, medio nos sentamos, medio nos tumbamos -no sin antes pasar un kleenex a la mesa y quitar la fina arena- y con la carta en la mano y, aún ahora mientras escribo, no tengo ni idea del tipo de cocina que ofrece. Es un poco de todo y de diversas cocinas, pocos platos distribuidos en: Entrantes, Ensaladas, Tapas y Para Compartir -éste último es básicamente un compendio de platos elaborados con mezclas de los anteriores-. Pero vamos, tampoco iba con la intención de pedir una lubina salvaje, el restaurante es lo que es y ofrece al comensal una carta acorde a su filosofía. Éramos 4 personas para cenar y como siempre, estábamos perdidos… la solución, pedir consejo a la camarera. Al final nos decantamos por 5 platos de las diferentes secciones regados con un Vino Tinto Mencía Peique D.O. del Bierzo del 2006, no lo había probado antes y ahora sé que no lo volveré a hacer, es de esos vinos peleones, que me suponen un dolor de cabeza considerable.
Y empezamos con el desfile de viandas. Las Berenjenas crujientes -mostradas por mis compañeros- pasaron con más pena que gloria, sobre todo porque la salsa que las acompañaba a base de miel de jengibre me resultaba poco contundente. La Ensalada de foie, en la foto, pudo ser todo un acierto sino fuera porque le faltaba aliño para mi gusto, además de los diversos tipos de lechuga y del foie se acompañaba con manzana caramelizada y polvo de queso. Ya les digo, todo un acierto sino fuera porque le faltaba rematar la faena.
Y en primer plano: Atún empanado, llevaba especias del Magreb y se acompañaba con cous-cous. El resultado era cuando menos original, sobre todo por ese saborcillo dulce que dejaba la salsa.
De los Crujientes variados -mostrados por Rayo y FlashBack- poco puedo decir, salvo que tal vez iban más verduras en tempura que “chicha” en sí.
El Jabalí gratinado con ali-oli de miel y sobrasada fue, sin duda alguna, el plato que más nos gustó por unanimidad. Era un plato contundente y a un precio más que asequible dada la ración -6 €-. Otra cosa, es que me supiera a jabalí, como bien dice Rayo, nos pareció más bien un jabalí domesticado, lo que vulgarmente llamamos cerdo, pero que el plato estaba bueno, eso no lo negaré.
Llegamos a los postres y yo estaba de arena hasta las orejas, las piernas entumecidas y con ganas de levantarme, pero ¡ya!. Reconozco que el ambiente que se respiraba era muy agradable y que se estaba bien, pero qué quieren que les diga, yo soy de cenar sentada en una silla y no con el estómago encogido, por supuesto para gustos se hicieron los colores… En fin, nos trajeron la carta de postres, bastante más amplia de lo que esperaba y con unos precios elevados si tenemos en cuenta el resto de la carta -oscilaban entre los 5 y 6 €-. Nos decidimos por 3, el primero de ellos el Soufflé de chocolate caliente que iba bañado con espuma de Baileys, me pareció flojo, se me antojó demasiado suave en el paladar, no sé… como si algo le faltara.
La Tarta de limón me gustó más, y desde luego si me he de quedar con alguno es con la Crema de queso con frutos rojos, la crema tenía contundencia, pero no se hacía pesada y por supuesto al mezclarla con los frutos del fondo la cuchara se iba directa a la boca.
Tras la cena, estuvimos dudando si tomar un café, un chocolate, un té o un cóctel, pero la verdad es que yo ya estaba cansada de las mil y una posturas por las que pasaron mis piernas y decidimos marcharnos, eso por no hablar de la chica de enfrente, que con unas braguitas rosas muy monas amenizó nuestra cena.
En fin, ésa fue nuestra velada, agradable por la compañía, sabrosa dependiendo del plato… y de precio más que asequible para nuestros bolsillos. Por lo demás poco puedo añadir que no haya dejado escrito, salvo que puede servir para un idilio políticamente correcto, siempre y cuando la chica vaya sin falda. A mí no me importará volver en absoluto, aunque eso sí, me iré a la planta superior donde mi estómago me lo agradecerá.
Cucharete: ¿Quienes buscan restaurantes baratos o económicos en Madrid? ¿Y que además sean divertidos o tengan algo especial? ¡Pues aquí tenéis uno! El Restaurante Ojalá cumplirá vuestras espectativas, eso sí… ¡Cuidado con los pies! ¡Que hay arena! Mi equipo cenó por 20 €/persona, cuatro personas con 8 cañas, 5 platos (entrantes, ensaladas, tapas y para compartir), 3 postres y una botella de vino.
La originalidad de su comedor de arena. Cañas muy bien tiradas. Zona WIFI. La buena relación calidad/precio. Admiten todos los cheques de comida.
El incordio de la arena (pero claro, también es lo mejor). El elevado importe de sus postres. No admiten reservas. El comedor inferior está prácticamente en penumbra.




3,5
7 comentarios a “Ojalá”
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Bueno cuchatretes y amigos; a mí no me gustó mucho, la verdad: quise llevar allí a unos amigos que venían de mi país por que vieran algo distinto y original y por eso del “aquí no hay playa” vaya vaya …y vaya chasco…
primero que nos presentamos allí con tiempo… pero…… no podíamos reservar para una hora concreta…. primer chasco… qué hacemos? nos vamos y luego no tenemos sitio? nos quedamos a tomar pinchos hasta que se haga tiempo y luego no tenemos hambre???
Por cierto , de alucine cuando vi cómo simple y llanamente iban largando al personal que estaba tomando algo… porque era la hora de la cena…. pinche qué mala onda
El caso es que conseguimos sitio abajo porque las mesas de arriba son DIMINUTAS ;abajo, al menos eran más amplias.. aunque no resulta cómodo eso de comer tumbado prácticamente sobre la arena… que no estaba muy limpia que digamos ( la verdad es que no me parece muy limpio. en ningún sentido.
Poca luz.. supongo que muy romántico pero no se veia un carajo lo que estabas comiendo y el servicio un poco lento;
de la comida lo mejor los postres coincido; claro que no es muy caro… pero te pones en 20-30 € a nada que pidas un vino corrientito, pero el servicio es pésimo y la presentacion me parece más de un chino de tipo medio que de un comedor que va de “moderno”.
Yo no vuelvo… prefiero pagar un poquito más; comer sentado ( que siempre entra más y mejor la vianda ) Cuando comes así , siempre parece que estás lleno, pero no deja de ser una ilusión gástrica, claro, que en una hora te vuelve a entrar la gusa.
Creo que los tres cucharetes son un exceso de benignidad…???? Para mí un sufi y andan sobrados. Hacer una crítica a veces tiene que llevar atreverse a decirlo todo y , aunque os sigo de cuando en cuando, y no soleis tener mal tino, otras veces me parece que les dais mucha coba a los locales.
Un saludo, cucharetes
Hola Cucharetes,
hace una semana fui a cenar a este restaurante siguiendo vuestro consejo. La verdad es que todos han sido muy acertados y gracias a vosotros he conocido sitios muy muy buenos, pero en esta ocasión no ha sido así.
El sitio en si bueno, no esta mal si tienes suerte y puedes cenar abajo, con la arena, aunque para mi gusto la decoración era un poco fria. Pero sobre todo lo que no nos gusto fue, lo más importante, la comida y la manera de servirla.
Pedimos 3 platos, a manera de entrante y un plato para cada uno y nos lo trajeron los 3 a la vez y a las 2 minutos (y quizas sea mucho) de habernos tomados nota. Lo que que demustra que la comida la tenian hecha desde hace ya bastante tiempo, cosa que se demostraba cuando lo probamos, que estaba practicamente frio. Uno de los platos tuvimos que darselo porque estaba totalmente frio.
La impresión fue muy mala, sobre todo la sensación de comer algo que parecia que estaba por ahi, que sobraba, le pegan un calenton y listo.
Aparte, la calidad y la elaboración de los platos no era nada buena. Quizas lo unico que se salvaba era el jabali, estaba pasable. El resto, los crijientes variados y crijientes de berenjenas, de crijiente tenian poco.
Salimos muy descontentos del sitio, en media hora cenamos. En cualquier otro tipico restaurante de estos de cadena, nos parecio que hubieramos podido cenar mejor, tanto por calidad como por elaboración de los platos.
Aunque ya para terminar, insisto, que esto solo ha sido un grano de arena en medio de todos los demas restaurantes en los que ha cenado gracias vosotros( La Sede, La alacena de Serrano,Thai gardens, las tres manolas, delfos, a dos velas…) . Espero que continueis haciendolo tan bien como hasta ahora…y así seguiremos comiendo bien el resto jeje.
Un abraza para todos los de equipo.
Maravilloso todo…. !!!! Un sitio que se tiene que conocer…. !
Buscando en san Google, he encontrado esta página de crítica de restaurantes que me parece original y que estoy seguro visitaré asiduamente, pero después de leer algunos comentarios, quiero decir algo respecto al Ojalá, porque es posiblemente uno de los restaurantes que más me ha desilusionado en mi vida. ¿por qué?, pues porque en el fondo es un VIPS con arena en el suelo, y no encontré nada que no pueda encontrar en un VIPS a mejor precio y con mejor servicio (increible pero cierto). Si a eso añadimos que me gusta “ver” lo que como(que yo sepa en los chiringuitos playeros por la noche hay luz, velas, se ve lo que come, porque claro…la comida no es solo sabor, sino olor, textura y sobre todo presentación. Y NO SE VE LA PRESENTACION(en vuestras fotos hay flash y no cuenta, tenías que haber hecho alguna foto sin flash para apreciar la oscuridad excesiva), pues nada, que desilusiona.
Y a pesar de este comentario, enhorabuena por la página. Un acierto!
Gracias a esta página conseguí dar con este restaurante el cual recomiendo. Dentro de las cosas buenas del restaurante encontramos sus tapas (que pueden ser perfectamente platos únicos) todas por 6€, entre las que destaco la de Jabalí, una exquisitez, no os vayais sin probarlo, el atún empanado, la patata bomba (simple patata rellena de carne) con 3 salsas muy buenas, y finalmente de las que yo probe junto a mis amigos el pollo caramelizado, el cual me decepcionó, si bien por 1 lado la vinagreta estaba sublime (que es lo de menos) por otro lado el pollo lo encontramos excesivamente seco. Con 4 tapas comimos 3 personas es decir salimos a 8 € por persona, se come bien, aunque pueda parecer que las raciones son pequeñas. El servicio muy bueno, siempre atentos, y muy cordiales. Recomiendo probar los platos para compartir, muy buenos también. Un ambiente tranquilo en el que charlar con tus amigos y cenar a un precio razonable. De lo malo hay que destacar que la zona de la “playa” no es para gente ya entrada en años, pues es 1 poco incómoda, si bien en la zona superior esta llena de mesas con sillas de altura normal. También destacar la pobre iluminación de la zona de la playa, aunque a su vez da un toque íntimo que a mi personalmente me gusto.
Nota: No pidais los cocktails, son caros y excasos.
En general un muy buen restaurante donde comer y charlar con tus amigos en 1 ambiente distinto, muy recomendable.
Estuve en Ojalá el viernes 1 de agosto y mi experiencia fue pésima…. Una atención malísima por parte de los camareros y muy mal educados. Muchos calor, bebidas calientes, vinos malos, y encima tienes para comer 1h solamente cuando te llevas esperando eso para poder cenar abajo. 77e dos personas comiendo fatal y un vino q antes de levantarte ya te dolía la cabeza… hubiese preferido tirar esos 77 e por el baño de alli… No lo recomiendo para nada… Les doy un… 0
No es para tanto.
Hemos comido tres personas
2 primeros.
3 segundos
3 tintos de verano aguadisimos
1 caña de cerveza
sin postre
2 cafes
Todo mal servido
mesas incomodas
local lleno de corrientes
Eso si local original y ambiente distinto de lo de siempre
Por 49 euros juzgad vosotros