Barandales
14 Marzo 2008 por Cucharete
-
Menorca, 31
Madrid (Retiro)
Ibiza (Línea 9)
91 557 21 52
20 - 30
Barandales es un nuevo concepto de tienda restaurante de nueva apertura en Madrid que ofrece productos típicos de Zamora y León. Sus comedores para fumadores y no fumadores dan cabida a 90 comensales. Disponen de un reservado para 14 personas además de un espacio con proyector para todo tipo de reuniones y presentaciones. Ofrecen señal WIFI en todo el local. Cuentan con dos menús del día a 15,50 €, uno normal y otro de dieta, también se puede optar por medio menú a 10,50 €. Su horario de apertura es de 13:00h. a 16:00h. y de 20:30h. a 00:00h. Cierran las noches de los Domingos y los Lunes.




4,0
Rayo: El Restaurante Barandales es uno de esos locales que atrae a los potenciales comensales por su singularidad, su relación calidad/precio y su “ventaja” de ser un local de nueva apertura en Madrid, ventaja que puede condicionar su futuro hacia el éxito o el fracaso.
Para el Equipo Cucharete, comandado esta vez por Antonio Fumero -al igual que el brillante Anibal Smith dirigía al carismático Equipo A-, resultó un éxito. Una buena cena, un cuidado trato y sobre todo, un excelente costo final en una factura que a pesar de promover una y otra vez el incremento de su importe -ya veréis todo lo que pedimos a lo largo del artículo- no se conseguía.
La foto de cabecera no hace justicia a la luminosa entrada del Barandales, que con sus enormes y amplios escaparates blancos llama la atención de los viandantes, pues la calle estaba en obras y no había forma material de alejarse más y conseguir una instantánea que plasmase el acceso.
El Barandales, cuyo origen está en el avisador o campanillero del Santo Entierro, es un personaje emblemático de la Semana Santa zamorana que va abriendo las procesiones haciendo sonar dos esquilones -dos grandes campanas que agarra con cada mano-. Abre la procesión del Jueves Santo desde -al menos- el año 1614 y en la actualidad desfila con la Cofradía de la Santa Vera Cruz, Disciplina y Penitencia.
La barra -inundada por relajantes tonos azules- hace a su vez de mostrador de productos artesanos -Ninillas os muestra gran cantidad de ellos- que se pueden adquirir allí mismo, pues Barandales es un nuevo concepto restaurante-tienda especializado en productos de Zamora y León.
Una vez disfrutamos de una caña -con la respetable y generosa tapa que luce Ninillas- pasamos al comedor superior: un espacio sencillo y elegante, de líneas claras y angulosas, donde claramente se nota la mano de un arquitecto en su diseño. El lugar es acogedor a la vez que frío, y se agradece muchísimo el espacio entre mesas con el que nos recibe este espacio, algo que echo de menos últimamente.
El gran panel atiborrado de colores es un homenaje al MUSAC -Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León-, construido con el propósito de ser un lugar interrelacional donde el público deje de ser un mero elemento pasivo que contempla, y que aspira a convertirse en una pieza fundamental en el desarrollo del Arte Contemporáneo, a nivel internacional.
Una gran fotografía que cambiarán periódicamente con motivos de esas tierras que dan cobijo a la idea de este peculiar restaurante.
Las mesas lucen elegantemente vestidas en un comedor cuidadosamente iluminado, incluso el mantelito individual que generalmente nos gusta tan poco permite disfrutar de la madera sin que por ello tengas que prescindir de la tela. La vajilla, cristalería y cubertería están a juego con la sensación que transmite el local: bienestar.
En algunas mesas aparecen mensajes publicitarios que incitan a llevarnos productos de su tienda: “En casa… acompaña tus platos con nuestros pimientos de Bierzo”.
Bajando las escaleras que parten de la zona de barra llegamos al comedor inferior. Un nuevo espacio que amplía todavía más la distancia entre mesas, imaginamos que esa virtud cambiará con el tiempo, pero mientras tanto… ¡hay que aprovecharse! Disponen de una zona modular que con paredes correderas se transforma en un reservado para un máximo de 14 personas. Así mismo, disponen de proyector para presentaciones y de señal WIFI en todo el local. ¡Un restaurante 2.0!
En esta ocasión, el mural que cubre la pared más larga del comedor es una bonita imagen de los Palomares de Villafáfila, arquitectura popular integrada en el paisaje y desarrollada por generaciones de maestros albañiles locales, que han repetido sus formas con la finalidad de dar cobijo confortable a las palomas y facilitar que aniden allí. Gracias a ellos aprovechamos los pichones para la -buena- mesa y la palomina como abono.
Al otro lado tenemos mesas solitarias no menos atractivas -perfectas para una mayor intimidad- en las que destaca en mayor medida que un arquitecto -y no un diseñador- se hizo cargo del espacio. Personalmente, me gusta.
La bodega acristalada, se disfruta tanto desde le comedor superior -donde cenamos- como desde la entrada a los baños. Destacan en gran medida los vinos de D.O. Bierzo y D.O Toro entre los V.C. Valles de Benavente y V.T. de Castilla y León, entre caldos jóvenes, crianzas, reservas, de autor, espumosos y dulces.
Nosotros optamos por dos botellas de Dominio de Tares Cepas Viejas 2005 (D.O. Bierzo) que eligió Antonio y que cumplió nuestras expectativas, fruto de un viñedo de Mencía de más de 60 años y de su crianza de 9 meses en barricas de roble de los bosques de Allier, Neves y Missouri.
Pero vamos ya a poner a leer a nuestro paladar, recordad que el eslogan de este restaurante es: “Cocina de León y Zamora para comer… comer.” ¡Y a eso vamos! ¡A comer!
La carta -encuadernada en un naranja chillón- nos da la bienvenida con 17 Denominaciones de Origen de productos utilizados en su cocina: chorizo zamorano, manzana reineta, cecina de León, queso de Valdeón, lechazo, lechazo, ternera aliste, harina tradicional zamorana… y lo primero que nos traen a la mesa son unos picos y nuestra ración de pan. Cierto es que en un restaurante como éste eché de menos más variedad de pan: con semillas, pasas…
Tuvimos la suerte de asistir en plena promoción de ¡rebajas!, pues un letrero a la entrada mostraba que hasta el 29 de Febrero algunos de los platos de la carta disfrutaban de un descuento desde el 10% hasta el 30%, y sí que se dejó notar en la factura final.

Tres entrantes para compartir los cuatro y después, cada uno su plato principal, así discurrió nuestra jornada gastronómica cucharetil. Aquí tenéis la Ensalada de fresas con virutas de cecina, no se le puede pedir mucho a un plato de este tipo, pero me sorprendió el aliño y la mezcla fresas/cecina, muy conseguida y muy afín a mi paladar, me encantó. Probadla que merece la pena.
Del Timbal de setas con jamón os hablan mis compañeros en sus respectivas secciones, yo os diré que la Tempura de botillo, servido en brochetas con tomate confitado estaban… ¡IMPRESIONANTES! Todos repetiremos este plato una y otra vez cada vez que visitemos el Barandales, os lo aseguro. ¡Riquísimas estas pequeñas brochetas! Sin duda, el plato estrella de la noche -por unanimidad-.
Como plato principal me fui directo a la carne: Estofado de morcillo de buey, aunque ofrecen tres entradas en la zona de “Pescados”: Bacalao a la tranca, Congrio con pisto de frutos secos y Lomo de Chicharro. Pero claramente estamos en un lugar que “vende” la imagen de Zamora-León, y debemos “comernos” literalmente las secciones de “carnes”.
Un estofado de cocción lenta con buey de Valles del Esla como materia prima. No era espectacular ni para tirar cohetes, pero estaba correcto y la carne muy tierna.
La ración es generosa, pues fijaos que el tamaño de la vajilla es enorme. Vamos, que no saldréis con hambre del Barandales.
Destacaba también la sección “Tú a León y yo a Zamora”, con platos como: Cocido maragato (que se come a la inversa, comenzando por las carnes y acabando con la sopa), Arroz a la Zamorana (una de las recetas más antiguas de Zamora) y Botillo al estilo tradicional (con repollo y patata cocida).
Llevábamos 2 botellas de Cepas Viejas, por lo que no se nos resistieron los postres y pedimos cuatro para compartir después de que se nos informase de que eran caseros en su mayoría. Su precio no está tan inflado como en otros locales, pero observando la horquilla de precios que maneja el local, están al máximo precio recomendable, más caros serían totalmente innecesarios.
El Bizcocho líquido de chocolate está bien bueno, el mejor de todos con diferencia, el resto los considero prescindibles.
Las Cañas dulces zamoranas… pues eso, unas cañas que no me sedujeron en absoluto pero que tampoco esperaba mucho de ellas. ¡Me quedo con el de chocolate!
Todo terminó tarde, muy tarde… Acompañamos los postres con 3 copas de Crema de Orujo a 3,50 € que os muestra Antonio al final de este artículo y que venían acompañadas de una muestra de fruta confitada con vodka y helado.
Del mismo modo -y como remate final- optamos unos por cafés -todos de especie arábica- y otros por infusiones y tés. Me decidí por un Té negro Darjeeling, elaborado sin mezclas ni aderezos y pensado para disfrutarse bien caliente, se dice que es el té negro más elegante de la India, de exquisito aroma y paladar. ¡Y lo corroboro!
Barandales trae al centro de Madrid la cultura gastronómica de Zamora y León, así que… ¿A qué esperáis para -como reza su eslogan- comer… comer?
FlashBack: Hablar del Restaurante Barandales consiste en hablar de un restaurante-tienda sobre el que no existe excesiva información en los medios debido a su reciente apertura. Sin embargo, sus estupendas cualidades parecen haberse propagado entre quienes han tenido la posibilidad de estrenarlo, gracias al boca-oreja, como la auténtica espuma. Acudimos a él influenciados por la acertadísima opinión de Antonio Fumero, con quien siempre hemos compartido excelentes intercambios de opiniones culinarias y que nos brinda esta vez el honor de compartir mesa con nosotros, los tres mosqueteros de Cucharete.
Coincidimos en la publicación de este artículo con la inminente llegada de la Semana Santa -este año mucho más temprana que de costumbre-, temporada en la que toman protagonismo los característicos barandales que anuncian el paso de las procesiones zamoranas. Ya que, por si hasta ahora todavía no nos habíamos cerciorado, nos encontramos ante el primer establecimiento en Madrid que, además de definirse como un magnífico restaurante especializado en la cocina de Zamora y León, nos brinda la oportunidad de adquirir sus productos artesanos directamente en su tienda. La excusa perfecta para disfrutar de conservas, cecinas, chorizos, quesos, licores e incluso dulces entre muchos otros de esta región de Castilla.
En definitiva, una presentación de productos originarios, cuyos precios no resultan excesivamente elevados, en un entorno singular ideado por un arquitecto. Así lo demuestra su amplia entrada, dispuesta a modo de cristalera, que nos facilita el acceso tanto a la tienda como a la sala superior del restaurante. Observar toda su oferta gastronómica a través de este escaparate previo nos despierta el apetito sobremanera. Así pues, ¡sígannos!
El espacio interior podría definirse con pocas palabras como sencillo, práctico e impactante. Gran culpa de ello la tienen las diferentes franjas verticales de diversas tonalidades, que cruzan de un extremo a otro sus paredes, aportando ese toque de color a un salón donde predomina la claridad de la luz blanca y pura que aportan las bombillas halógenas colocadas en su techo.
Las tablas lisas de manera soportan una cristalería cuyas copas se caracterizan por su idoneidad para cualquier tipo de caldo y cuyos vasos resultan especialmente cómodos para acompañar nuestra cena con el indispensable agua mineral si así lo deseamos. En cuanto a las telas, en pulcro blanco sin grandes artificios, se manifiestan cómodas y funcionales. Tan solo en algún caso se podría considerar que roza la excesiva simpleza, especialmente si hablando del mantel se trata.
Siempre se agradece el espaciado existente entre las mesas y la intimidad conseguida evitando la saturación de la sala, dando prioridad a la comodidad del comensal. Al fondo de la fotografía, en la entrada del restaurante, observamos como se ha aportado igual generosidad a la extensión dedicada a la escalera que nos dirige hacia la planta baja que veremos posteriormente.
La modernidad del ambiente se combina con imágenes de aquellas que tanto nos recuerdan los aires y sabores rurales que tan buena gastronomía aportan a nuestras mesas de forma tradicional. La extensión de estos grandes murales, junto con una musicalidad suave y relajada como acompañamiento, consigue sumergirnos en los orígenes de los propietarios de este negocio familiar.
Escaleras abajo, encontramos un salón más recogido modulable en zonas privadas y orientado a celebraciones o eventos de empresa. No descuidando absolutamente ningún detalle al disponer de una pantalla sobre la que proyectar presentaciones y conexión inalámbrica WIFI en todo el establecimiento.
El toque decorativo final lo descubrimos al sentarnos en nuestra mesa en la que reposan diferentes prismas abiertos con elementos del campo en su interior presentando extravagantes formas. Detalle que nos acompaña a la hora de recopilar la información de la extensa carta que llega a nuestras manos.
No faltan diferentes opciones de platos para compartir a los que se suman ensaladas y verduras, sopas y arroces. Como principales podremos elegir entre escabechados, carnes o pescados. Para los más exigentes, se ofrecen carnes a la parrilla y platos por encargo muy recomendables para un mínimo de cuatro personas, a saber: Cocido Maragato, Arroz a la Zamorana y Botillo al estilo Tradicional.
Conviene analizarla con minuciosidad ya que, a modo de cortesía para con el comensal, algunos de ellos se encuentran rebajados según la temporada. Además y, aunque como muchos otros restaurantes dispone de menú al mediodía, cabe mención especial el incluir el Cocido Maragato que se sirve todos los miércoles y que ya se ha convertido en un auténtico referente en la zona.
Respecto a la bebida, nos decantamos por un Vino Tinto Dominio de Tares Cepas Viejas D.O. del Bierzo del 2005 que muestra una estupenda diversidad de aromas con un gran final y fuerza suficiente para los alimentos que vamos a degustar durante la velada.



Deslumbrados por su llamativo nombre y, aconsejados por Antonio que ya ha disfrutado de numerables visitas al Restaurante Barandales, abrimos boca con unos Timbal de Setas con Jamón confeccionados con setas de temporada a la que se añaden pedacitos de jamón, pimentón y aceite de oliva virgen extra, consiguiendo una mezcla de sabores deliciosa.
Pero no es sino la Tempura de Botillo el plato que esperamos con impaciencia. Se sirve en brochetas acompañado de tomate confitado e impacta tanto visualmente como en el paladar. Una experiencia completa para nuestros sentidos.
Con el fin de complementar ambos dos, los acompañamos con una Ensalada de fresas con virutas de cecina cuyo aliño nos recuerda al sabor de la mostaza y al vinagre de sidra. Aunque puede no sorprendernos en igual manera después de los anteriores, resulta muy digestiva e indispensable.
El punto fuerte de mi degustación lo imponen los Medallones de Ternera pastuenca proveniente del valle del Esla los cuales acompaño, entre las diversas modalidades a elegir para las carnes de la parrilla, con una lasaña de verduras. Unos medallones sabrosos y una lasaña que realmente, a pesar de ser únicamente un acompañamiento, me encandila gratamente.
Para estar a la altura del resto de la cena, escogemos un postre individual cada uno aunque finalizamos compartiéndolos gustosamente. Y es fundamental que, cuando la mayoría de ellos son de elaboración casera, no se debe dejar pasar la oportunidad. En primer lugar, la Tarta de trucha del Boñar -que resulta la excepción-, posee una estructura hojaldrada, vestida con azúcar en polvo y acompañada con coulis de frutas.
Si tuviera que elegir mi preferido sería, sin duda, las Yemas tostadas de la Bañeza. Dulces, suaves, bien acompañadas… En fin, todas las cualidades que se pueden desear en un postre final.
Quizás algo más toscas, nos parecen las Cañas dulces Zamoranas que se elaboran con un relleno de crema y bañadas por toques de chocolate. Algo más simples en comparación con las otras elecciones.
Tras una velada que lo merece y, aprovechando el atractivo precio de los cafés -1,30 €-, los ordenamos como broche final. Algo que aconsejo teniendo en cuenta que todos ellos pueden presumir de su especie arábica con tueste natural y procedencia colombiana o guatemalteca.
Resulta inevitable agradecer al Restaurante Barandales el acercamiento de numerosos sabores tradicionales zamorano-leoneses difíciles de encontrar con tanta intensidad en un único establecimiento. Sus propietarios se enorgullecen de que hasta el mismísimo recién reelegido presidente José Luís Rodríguez Zapatero -originario de León- haya podido deleitarse en alguna de sus mesas con su gastronomía, la cual parece convencer a todo tipo de paladares independientemente de su ideología política y cultural.
Ninillas: Supongamos que una familia procede de Castilla y León, afinemos más y digamos que son Zamora y León sus orígenes. Imaginemos que esa familia tuviera el deseo de enseñar su tierra desde un punto gastronómico, dando a conocer sus materias primas, sus grandes caldos, su tradición culinaria… Y ahora, dejen de suponer y de imaginar porque señores, esta idea ya está materializada en el primer Restaurante-tienda de Madrid especializado en Zamora y León. Su nombre: Restaurante Barandales, y lo que allí se come y bebe podrán verlo si me siguen en nuestra visita. ¡Vamos pa’ dentro!
Encontrarlo puede ser fácil o difícil dependiendo de la acera por la que vayas, ya que las obras que se están llevando a cabo por la zona, que por cierto van para largo, imposibilitan su visión desde el otro lado de la calle. Nosotros tuvimos suerte y dimos con él a la primera.
Lo primero con lo que uno se encuentra en la misma puerta del Barandales es un enorme portal en blanco con su nombre y el santo y seña de la casa: “Cocina de León y Zamora para comer… comer”. El mensaje me tranquilizó porque al menos sabía que las cantidades no iban a desmerecer. Lo que no entendí muy bien, una vez cruzado el umbral, es el por qué habían dejado semejante portal sin uso alguno y en cambio la zona de barra había quedado relativamente pequeña. Supongo que tendrá explicación… pero vamos, así a simple vista yo, sinceramente, no lo entendí.

Nada más entrar, como ya he comentado, no encontramos con la barra, bueno… con la barra y con la tienda, no olvidemos que estamos en un restaurante-tienda. En esta parte el color azul invade todo el espacio, acompañado eso sí de numerosos productos artesanos, por cierto a precios muy competitivos, que están diciendo cómeme. Y es que tienen un poquito de todo: cecina, chorizo, queso, hojaldres, dulces de membrillo y de higos del Bierzo, confituras -de tomate, de ciruela, de pera-, conservas seleccionadas, miel con nueces, vinos… y un largo etcétera.

El restaurante cuenta con 90 cubiertos distribuidos en dos salas. Ésta que os muestro a pie de calle destinada para fumadores y otra en la planta inferior para no fumadores. La decoración ha corrido a cargo de un arquitecto y eso se hace notar. Líneas puras, sobrias y en cierta forma yo diría que en general un ambiente poco acogedor, casi frío. No me disgustó, pero para un restaurante me inclino más por los espacios cálidos, manías mías.
De esta primera zona resaltan dos cosas sobremanera: al fondo, su elegante bodega y, recorriendo todo el ala izquierda, un impresionante panel fotográfico de la fachada del MUSAC, Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León.
Damos unos pasos hacia atrás y volvemos a la barra, donde nos encontramos con unas amplias escaleras que nos conducirán a la zona de sala para no fumadores.
Lo primero que llamó mi atención fue la distancia entre mesas, si en la planta superior es considerable, aquí en algunos casos llega a ser kilométrica. Víctor, el jefe de sala, nos explicó que desean que el cliente esté a gusto y no tienen intención de aumentar el número de mesas. Yo como consumidora, le creo, pero mi poca o mucha experiencia, según se mire, me dice que con el paso del tiempo los locales se llenan y a los propietarios se les hacen los dedos huéspedes, y donde antes había una mesa aparecen como por arte de magia tres. En fin, mi voto de confianza ahí está.
En esta parte cuentan con un reservado para 14 personas que aparece totalmente integrado en el comedor, pero que llegado el caso se cierra a través de unas enormes puertas modulares. También ofrecen WIFI y una pantalla para proyecciones, ideal para llevar a cabo presentaciones y conferencias.
Por lo demás, esta zona se presenta de forma parecida a la de la planta superior, sólo que aquí el homenaje a la tierra viene de la mano de los palomares redondos de Villafáfila que iluminan y ponen el toque de color a la sala.
Y, antes de ponernos con el asunto, sólo me queda el atrezzo, vamos, como siempre. Las mesas de madera se acompañan por servilletas y manteles individuales de tela blanca, cristalería y cubertería van acordes al restaurante acompañadas por una vajilla blanca cuyos rasgos principales son su elegancia y el enorme tamaño de su platos. En definitiva, todo muy correcto -nada desentona- y marcando la línea general del restaurante.
Ahora sí, vamos con la comida. El Restaurante Barandales tiene el firme propósito de acercar a la capital la cultura gastronómica zamorano-leonesa, que como ellos mismos nos explican es fruto de mil fusiones y orígenes, no sólo de palacios, casas nobles y monasterios sino también de los humildes pucheros de pastores y campesinos.
Estructuran su carta en: Para Compartir, Ensaladas y Verduras, Sopas, Arroces, Escabechados, Pescados, Carnes -guisos-, Carnes a la Parrilla y la sección Tú a León y yo a Zamora, donde por encargo y para un mínimo de cuatro personas se podrán degustar: el tradicional Cocido Maragato, el Arroz a la Zamorana y el Botillo al estilo tradicional. En general, una oferta muy adecuada tanto para los paladares clásicos como para los que buscan una pequeña vuelta de tuerca a los sabores de siempre.
En lo referente a los caldos, son todos de la tierra, no busquen un Rioja porque no lo encontrarán, allí todo son D.O. del Bierzo, Toro, V.C. Valles de Benavente, V.C. de Arribes y V.T. de Castilla y León. Puede parecer bien o mal, pero lo cierto es que me parece una acción coherente para la propuesta que tienen sobre la mesa. De cualquier modo, lo que no pasarán desapercibidos son sus precios, muy ajustados, vamos… que aquí pueden pedir vino sin temor a que les peguen la gran clavada. Y sino, pueden optar por el descorche, al módico precio de 3 €, eso sí la botella de 3/4, no vayan con un mágnum, que nos conocemos.
Nosotros en esta ocasión fuimos con ventaja, la de contar con SúperFumero, alias Salud & Cerveza, que no sólo fue el responsable de la visita al Barandales sino también de guiarnos por la carta y como no, de la elección del vino: un crianza del Bierzo, Dominio de Tares Cepas Viejas 2005, muy adecuado para nuestras viandas.
Empezamos nuestra cena con tres platos para compartir, que nos costó Dios y ayuda concretar porque todo se nos antojaba al leerlo: Bolitas crujientes de bacalao, Morcilla de León, Huevos rotos al estilo berciano, Chorizo tierno zamorano al vino de Toro… Tras varias vueltas, finalmente conseguimos decidirnos y he aquí la primera muestra: Ensalada de fresas con virutas de cecina. El plato, como pueden apreciar, era generoso y sabroso, muy sabroso. Sobre una camada de hojas de espinaca y escarola se posaban las fresas y las virutas de cecina. El aliño a base de cebolla roja, mostaza y vinagre de sidra suponían un acompañamiento muy adecuado.
Y en primera línea os presento el Timbal de setas con jamón. Básicamente estaba elaborado con setas variadas, trocitos de jamón, pimentón y aceite de oliva virgen. A mí me gustó, sencillo y rico.
Pero hubo un plato que por unanimidad se llevó la medalla de la noche: la Tempura de Botillo. Pertenece a ese grupo de la vuelta de tuerca del que hablaba antes. Sirven también el Botillo tradicional, pero con la tempura consiguen ese sabor tan característico, presentándolo de una forma original y rematándolo con tomate confitado. Sin duda, ya les digo, el mejor de la cena.
Acabado el primer tercio, con un resultado francamente bueno, para los platos principales decidimos engañarnos cada cual por su ojo. Yo me decanté por los Escabechados Barandales. La cantidad era más que suficiente, aún para el enorme plato palangana en el que venía servido.
Llevaba carne de magro, solomillo de cerdo y pollo, aceite, vinagre y vino blanco de Toro. Se acompañaba con tres tipos de arroz que daban vistosidad al conjunto. Y ¿el sabor? Aquí debo reconocer que aunque la carne estaba tierna y era de buena calidad, no terminó de convencerme, para mi gusto estaba soso, cosa que medio se soluciona echando sal, pero al margen de eso al plato le faltaba potencia, ésa que hace que te relamas cuando un guiso está realmente sabroso.
Nos quedan los postres, bueno y la sobremesa, pero primero los postres. Los precios rodaban los 4-5 €, dependiendo del seleccionado, más o menos lo habitual últimamente. El de la foto son las Yemas tostadas de La Bañeza. Bien presentadas y con acompañamiento incluido, me resultaron muy suaves y con el dulce justo para mi paladar.
La Tarta de trucha del Boñar, no era casera, estaba bien, pero vamos… nada del otro mundo. Lo mismo me pasó con las Cañas dulces Zamoranas -mostradas por mis compañeros- que aunque esta vez sí eran caseras, tampoco han quedado retenidas en mi memoria. Todo lo contrario que el Bizcocho líquido de chocolate, también casero, que nos encantó a todos.
A continuación vinieron los cafés -1.30 €- y las infusiones -1.60 €- de las que por cierto tienen una oferta bastante significativa. No había quien los levantara de la mesa, de modo que mientras se tomaban una copita de Crema de Orujo -yo ya iba fina con las dos botellas de vino que bebimos- me fui al baño, más que nada para ver mi estado, que era confuso, bastante confuso.
¿Vamos a por los detalles? Pues vamos a ellos. Destacaría uno, y muy bueno por encima de todos: su filosofía no sangrante del cliente. Para empezar, nada más sentarte te ponen la jarra de agua “gratis” en la mesa, directamente sin preguntar, agradecida muy agradecida. Continuamos con los vinos, a precios asequibles -el nuestro 15.55 €-, eso por no hablar de la posibilidad del descorche a 3 €. Y para terminar, se puede tomar café a 1.30 €, como en la barra. Otro detalle a destacar es la separación entre mesas, sobre todo en la sala de no fumadores, hay que buscar mucho para encontrar semejantes distancias. Sólo espero, que estas virtudes no se pierdan con el paso del tiempo.
Respecto a su cocina, yo diría que juegan con lo tradicional y lo vanguardista, sin grandes excentricidades y por supuesto sin perder volúmenes. Se come bien y a precios asequibles, aunque la próxima vez que vuelva yo creo que me decantaré más por los platos compartidos, que a mí me resultaron más atractivos. Aún con todo, me voy a decidir por la prudencia que se debe tener con un restaurante que apenas tiene 7 meses de vida y al que le falta todavía madurez tanto en la cocina como en el servicio, pero que apunta maneras.
En esta cita cucharetil nos acompañó el Sr. D. Antonio Fumero, que se define a sí mismo como un vividor profesional y que destaca en la red con su famoso blog Antoine’s Blog. Pero nosotros podríamos añadir que Antonio es Ingeniero de Telecomunicación y MBA por la Universidad Politécnica de Madrid (UPM). Especialista en la Gestión de la Tecnología e Innovación, trabajó dos años en la Unidad de Desarrollo Tecnológico e Innovación de BBVA como asesor de Nuevas Tecnologías. Actualmente desarrolla su actividad como investigador en la UPM, colaborando con la Cátedra Telefónica para Internet de Nueva Generación y con el Departamento de Ingeniería de Sistemas Telemáticos (DIT) en la dinamización y coordinación de un grupo de investigadores en Redes y Software Social (iRSS). También desempeña labores de diseminación, asesoría y análisis como experto para distintas organizaciones corporativas e institucionales. Así mismo, toda una eminencia en el mundo Web 2.0.
Antonio, después de recomendarnos este restaurante, quería participar como un cucharete más y vista su ilusión… ¡Ahí tenéis su sección!
Antoine: La gestión profesional del local como un “espacio de ocio” se deja sentir en la amplia oferta gastronómica que se renueva con la aceptación del cliente. Menús de dieta perfectamente equilibrados y elaborados con datos nutricionales rigurosos, una oferta enológica suficiente, cubriendo rangos de precios muy razonables, espacios reconfigurables en el comedor de no fumadores para disponer de reservados o conexión inalámbrica a Internet en todo el local son algunos de los detalles que resaltaban en la detallada descripción que nos hacía Víctor.
El vino, un crianza del Bierzo: Dominio de Tares Cepas Viejas 2005. Un vino potente, con cuerpo y mucho carácter, como a mi me gustan… los vinos. Con una adecuada decantación, para la que no hubo tiempo, quizás se hubiera mostrado más generoso, regalándonos matices que seguramente no hubiéramos podido apreciar. Un detalle importante que nos recordaba el jefe de sala: ofrecen el descorche a tres euros. Muy razonable a mi entender.
Mis anteriores incursiones al restaurante, sabiamente recomendado por un amigo que, a su vez, recibía la información de su hija, me proporcionaban alguna idea de la bondad de los platos de la carta. A la hora de pedir me mostraría inflexible: Tempura de botillo y Timbal de setas con jamón. Al final, ante la variedad y la esperada contundencia de las sugerencias gastronómicas zamorano-leonesas, la tempura terminó acompañada por una deliciosa Ensalada de fresas con virutas de cecina -con un contraste muy bien conseguido- bien aliñada con vinagre balsámico y champiñones escabechados. De los tres primeros, con una cuidada presentación, sorprendía y gustaba especialmente a tod@s el plato estrella: la tempura de botillo.
Mi elección para el segundo fue el Secreto de cerdo del suroeste zamorano, acompañado de una guarnición de timbal de verduras a la parrilla.
La carne en su punto, con el punto justo de grasa que caracteriza al secreto. apenas aderezada con unos granos de sal gorda. La guarnición en su justa medida para no quitarle protagonismo a la carne.
Los cuatro postres seleccionados acabaron siendo compartidos en una degustación improvisada, llevados por la gula. Todos de elaboración casera, salvo la Tarta de trucha de Boñar, que junto con las Yemas tostadas de la Bañeza iba ganando a las Cañas dulces zamoranas hasta que la explosión de sabor del Bizcocho líquido de chocolate caliente vino a derretir nuestros paladares de puro placer.
Cafés exquisitos a un precio muy comedido y una variedad notable de tés e infusiones venían a redondear una comida suculenta. La sorpresa venía después con el obsequio -habitual por otro lado- de una degustación de fruta confitada con vodka y helado. Riquísimo.
Lo Bueno: cantidades generosas; materias primas de primera; una carta de vinos bien equilibrada.
Lo Malo: poca variedad de espirituosos; el pan no acaba de convencerme.
¡Salud&Cerveza!
Cucharete: El Restaurante Barandales hizo disfrutar tanto a mi equipo como su amigo Antonio, por lo que veo… la Tempura de botillo les encantó sobradamente a todos, así que tenedla en cuenta en vuestras comandas. Y con el vino… no olvidéis pedir agua, que es gratis. Mi equipo cenó por 36 €/persona, cuatro personas con 2 cañas, 3 entrantes, 4 platos principales, 2 botellas de vino, 4 postres, 3 copas, 2 cafés y 2 tés.
Los grandes paneles de fotografías iluminadas. La notable distancia entre mesas. Su notable relación calidad/precio. Descorche a 3 €. Buenos precios en su carta de vinos de D.O Bierzo y D.O Toro. Señal WIFI en todo el espacio. Admiten todos los cheques de comida. El agua es gratuíta.
Situaciones típicas de un local de nueva apertura, falta madurez en su funcionamiento. El pan.




4,0
11 comentarios a “Barandales”
Escribe un comentario
IMPORTANTE: Por favor, intenta que tu comentario tenga que ver directamente con el restaurante analizado. Para cualquier otra comunicación tienes disponible la sección de contacto.










Como siempre, brillantes en vuestras criticas. Os deberían de invitar los del restaurante porque las criticas son tan apetecibles que seguro que les dais muchos clientes.
Pero esta vez hay algo que no me gusta: a mi que me importa el curriculum de ese señor que ha colaborado en vuestra critica??
Hola Eduar,
ante todo, gracias por tus halagos y por leernos semana a semana.
La mención sobre Antonio no es más que el 1% del texto, ni mucho menos es su currículum, tan sólo unas líneas, nos apetecía -dada su participación en Cucharete en esta ocasión- presentároslo.
Un saludo.
Únicamente apuntar que Barandales no es el personaje que abre el Santo entierro, si no que sale antes de TODAS las procesiones de la Semana Santa zamorana.
Un saludo
Hola Nebulina,
muchas gracias por tus apuntes, de todos modos, me refería a sus orígenes, siempre y cuando los datos históricos que aporta el restaurante en su carta sean correctos.
Un saludo.
¡ARGGGGGGGGGGGG ¡¡¡¡¡¡¡¡ahora no habrá quien vayaaaa¡¡¡¡¡ No había ido aún, pero alguien con familia en Zamora como yo lo tenía muy en cuenta.
Solamente espero que hayais dejado algo que comer en el restaurante jejje
He estado hoy para comer. Muy ricas las milhojas de bacalao y pimientos y el secreto iberico con lasaña de verduras.
El bizcocho líquido de chocolate exquisito, las cañas zamorana quizá un poco toscas pero es que son así
Aunque no me terminó de convencer el solomillo mi valoración es muy positiva. También quiero resaltar el acierto en que no sea el típico restaurante-mesón castellano, sino algo actualizado, moderno y que rompa moldes.
Repetiremos …
El espacio y decoración correctos, el día que fuimos estaba abierta la zona de arriba por lo que fumadores y no fumadores todos juntos. Habia bastantes niños y la gente fumando, esto no es problema del restaurante que tenia que tener habilitada una zona para tal menester, sino de esos fumadores empedernidos que no se respetan y sobre todo a los demas.
La comida por regla general bien pero con interrogantes, de aperitivo unas olivas…., las brochetas de botillo no se asemejan a la presentación de vuestra foto , asi como el timbal de setas que estaban “hechadas ” encima del plato, la ensalada correcta, el morcillo correcto, unas albondigas de azafrán muy sabrosas, pero sobre todo los Escabechados Barandales, ya dijo Ninillas que estaba soso y falto de gracia y yo añado un escabeche tiene que tener fuerza y sus carnes haber cojido su sabor, en estos nada de nada, los postres bien, cafe bueno y la degustacion de fruta con vodka se les debio olvidar, servicio un poco aturullado, yo le daría un 3.
Fuimos el sábado pasado a cenar, y la verdad es que estoy de acuerdo con centorix: yo le daría más bien un 3 o un 3,5 como mucho. La materia prima es de buena calidad, y las raciones correctas (incluso abundantes), pero excepto la tempura de botillo y el bizcocho líquido de chocolate, el resto de la cena pasó sin pena ni gloria. Probamos el milhojas de bacalao y pimiento, y lo encontramos más bien soso. Las carnes a la parrilla (pedimos secreto y medallones de ternera) estaban sabrosas y en su punto, pero un poco frías. El vino, sin embargo, estaba un poco caliente, y el pan más bien seco (no descarto que se hubiera quedado cortado del turno de mediodía).
En resumen, un restaurante cuyo mayor atractivo es su relación calidad-precio, pero al que su carencia absoluta de detalles (no sacaron aperitivo, ni licores con la cuenta, ni por supuesto la degustación de vodka con frutas) le pasa factura. Quizá el tema es que, en cuestión de detalles, me acostumbré demasiado bien cuando estuve en el tercer restaurante al que disteis cinco cucharetes, pero no me parece que entre este restaurante y aquél, haya sólo un cucharete de diferencia….
Hola!
Yo he estado alli y me gustó mucho la comida.
Ensalada de fresas con cecina muy rica y la famosa tempura de botillo de entrantes (riquísima). Con eso (eramos dos personas) estabamos ya llenos, y es que la tempura para cenar … es muy consistente jeje
Pedimos tambien carne escabechada, no me acuerdo muy bien cómo se llama, eso no me gustó tanto…
De postre el bizcocho líquido… me encantó
El precio bien, no pedimos vino, en total 42 euros.
Yo repetiré seguro.
Yo fui el viernes pasado. Mi opinion es que el restaurante es flojo en general. El servicio no es demasiado brillante tampoco y por lo general la comida viene excesivamente fria. Algo imperdonable cuando se pide un Solomillo.
Sinceramente no es un sitio que recomendaría, 4 puntos es algo totalmente desmesurado para la realidad del sitio.
Hola cucharetes, yo fui este sábado pasado. y en mi opinión es un restaurante muy recomendable, el servicio en general fue muy atento y amable, respecto a la comida tiene una relación calidad-precio que no se encuentra fácilmente, por supuesto las cantidades son enormes, me encantaron los bombones de morcilla y los bocaditos de queso con tomate confitado todo una delicatessen, para el segundo nos pedimos un lomo de buey para compartir ( !!!!atención 700g de carne magra por solo 30€), por cierto, muy bien asada, vamos para repetir, para los postres, bueno no soy muy de postres, pero mi acompañante se pidió la tarta de queso casera, y realmente me dijo que le había encantado, para beber nos tomamos un pintia( bodegas vega sicilia) por 32€, vamos lo dicho una relación calidad-precio fantástica, estoy deseando repetir. Respecto a los cucharetes que si 4, que si 3, bueno tengo que decir, que yo le doi 10 cucharetes, por que la calidad tiene que estar unida a el precio. No sirve de nada comerte unas angulas del cantábrico fresquisimas y pagarlas a 200€ la ración eso no es calidad, eso es caro.