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Manuela Malasaña, 5
Madrid (Centro)
Bilbao (Líneas 1 y 4)
91 445 97 97
15 - 25
Restaurante peruano situado en uno de los puntos de movida por excelencia de las noches madrileñas: Malasaña. Disponen de menú del día de lunes a viernes a 9.90 € y no ofrece zonas habilitadas para fumadores. En la parte baja -que no abren a menudo- puede disfrutarse de una velada reservada así como organizar presentaciones e incluso actuaciones musicales. No cierran ningún día de la semana.




2,9
Rayo: Buscando esta vez una cocina “lejana”, visitamos el reconocido restaurante peruano “El Dorado”, que es famoso en el corazón de Madrid por su habitual y constante público peruano residente en la capital, lo cual no hace más que confirmar que aunque sus platos hayan sido ligeramente “españolizados” mantienen esa chispa que buscamos cuando queremos experimentar nuevos sabores, en este caso, degustar la riqueza gastronómica del Perú.
El ambiente es cálido y acogedor, la suave luz de sus lámparas conjuga a la perfección con sus columnas de madera y tonos anaranjados que lucen las paredes.
Las servilletas florecen en unas amplias y cómodas mesas vestidas de rojo que ofrecen sillas de madera labradas, consiguiendo ese toque distinguido que brindan locales de categoría y precio muy superior. Recordad que estamos ante un local que no suele superar los 20 €/persona y detalles como el montaje con gusto de las mesas y el ambiente conseguido son de agradecer.
Además he de añadir, que el trato del servicio fue muy atento en todo momento, aconsejándonos sobre los platos y recomendándonos lo mejor del día. Incluso un detalle -muy valorado por los jóvenes en Madrid- que hay que gratificar, es el pedir botellas de agua y que te ofrezcan por sí mismos unas jarritas.

La planta baja, a la que se accede por unas preciosas escaleras, se caracteriza por ese atractivo ladrillo visto que divide dos salas, permitiendo disfrutar de una reservada velada o de organizar presentaciones e incluso actuaciones musicales. Este espacio, cerrado en días laborables, no llega a abrirse al público todos los fines de semana.
Compartimos todos los platos, como ya empieza a ser costumbre en las cenas de Cucharete, y empezamos con dos entrantes exquisitos. La Papa rellena -esa enorme “croqueta” de la foto- que resulta ser una patata prensada, previamente cocida, con la cual se elabora una masa rellena de carne picada, aceitunas, pasas, huevo y especies peruanas, finalmente, se reboza y se fríe. ¡Riquísima!
También disfrutamos de un sabrosísimo Anticucho: corazón de vaca macerado con especies peruanas a la plancha acompañado de patatas. Ante tanto rojo pasión en las mesas… ¿cómo no íbamos a degustar un poquito de corazón?
Cuando regrese a este local, repetiré este plato, os lo garantizo.
En cuanto a los segundos, la cantidad es realmente abundante, sin dejar de lado la calidad del producto aunque no sobresale en gran medida. Podríamos decir que son platos correctos pensados para gente de buen saque.
El Pescado a lo macho es el plato más caro de la carta (15 €) y no nos podíamos ir sin probarlo. Un filetón de pescado macerado con especies peruanas, frito y bañado con una salsa de mariscos, acompañado de arroz blanco. La salsa incluye langostinos, pulpo, calamares… No nos decepcionó a ninguno.
El Arroz con pato, sorprendía por su elaboración a base de especies peruanas que le otorgaban un sabor característico, además: cilantro, zanahoria, guisantes y arroz verde de sabor intenso. Ya habíamos sido avisados por nuestro camarero de que el arroz peruano no es como el que nosotros conocemos, éste es más seco y suelto.
Estábamos completamente llenos como para pedir un postre, pero no era de recibo dejar cojo un artículo de Cucharete, así que hicimos lo posible por crear un huequecillo y solicitamos apoyo gastronómico nuevamente. Nos recomendaron los Alfajores, que a decir verdad estaban muy ricos. Personalmente los hubiese humedecido un poco con un chorrito de vino dulce o de cognac. Me recordaban a las rodajitas de galleta que hace mi tía Tali en sus inigualables tartas de coco.
Un lugar muy recomendable para salirse un poquito de la pauta común mediterránea o del norte, con muy buenos precios.
FlashBack: Nos encontramos una vez más el equipo en el centro de Madrid con una única indicación de Cucharete: “chicos, esta semana hay que encontrar algo nuevo y original para nuestros lectores”. Así que nos ponemos manos a la obra. Partimos de las calles habituales (ver mapa de restaurantes en madrid de Cucharete) donde más concentración de gastronomía se encuentra en nuestra ciudad pero decidimos alejarnos a la archifrecuentada zona de Malasaña, templo y cuna de la música de los 80.
Habíamos oído hablar de la gastronomía peruana y a raíz de sus seguidores hemos deducido que se trata de una cocina muy basada en arroces, pollo y pescados creando platos con preparaciones y nombres muy originales. Sin duda los ingredientes que nos esperamos no son nada del otro mundo pero sí que ponemos nuestras expectativas en la forma de elaborarlos previendo que sea muy distinta a lo que estamos acostumbrados.
Y ya que hemos observado suficientemente la fachada tradicional de este local y su rótulo escrito en letras ancestrales, nos dirigimos hacia su interior. Aquí la decoración nos parece en línea absoluta con lo que esperábamos sobre su comida: sobria pero acogedora. Un espacio amplio en el que se descuelgan lámparas alargadas y verticales sobre unos suelos y paredes cubiertas de azulejos.
Las mesas de madera visten unos manteles a modo de bando que son presididos por una cristalería adecuada adornada por servilletas a juego en tono rojo granate. La cubertería y los platos cuadrados no desentonan.
No es un restaurante de grandes ornamentos pero en algún que otro espacio nos encontramos cuadros y otros elementos significativos de la cultura peruana, como podemos ver más abajo.

Tengo que corregir algo en toda mi opinión anterior y es lo siguiente. Si bajamos hacia el sótano inferior el local posee un salón muy especial digno de visitar a modo de cueva con paredes de ladrillo colocados en una disposición muy artística, como os muestra Rayo. Considero que merece la pena hablar con el encargado, previa antelación, si desamos organizar una cena privada en este espacio, puesto que no está a disposición del cliente habitualmente.
Tomamos asiento y la carta comienza a ofrecernos ceviches, papas, tamales, ensaladas… Nos decantamos por el Anticucho, que se sirve acompañado de patatas cocidas y peladas. A primera vista, el aspecto nos recuerda a todos a la carne procedente del hígado pero el sabor de este plato procedente del corazón de la vaca es mucho menos potente y bastante más sabroso.
Acompañamos además el mismo con una Papa rellena de la que os hablan más Rayo y Ninillas. No había probado una tan grande, rebozada y cocinada con ingredientes tales como los que contiene en su interior. De cualquier forma me quedo con la primera opción.
Entre los segundos, salta a los ojos el Pescado a lo macho, por el que doy mi voto por macerarse con especias y servirse con salsa de marisco. Sin embargo, he olvidado leer que se realizaba frito y como no soy muy amigo de este tipo de preparación, me causa mejor sensación el Arroz con pato. Aunque el nombre parece indicar lo contrario se trata de una buena pieza entera de pato acompañada de arroz verde con un sabor intenso que me encanta. Muy buena su combinación con el resto de especias peruanas que contiene la carne.
Por último y antes de cambiar de tercio, toma lugar el Chicharrón de pollo, pequeños trozos de carne de este ave macerados y fritos. Vienen servidos con yuca frita y salsa de cebolla con mayonesa. Se podría decir que éste es el plato indicado para no salirnos demasiado de lo común. Rico y resultón.
Respecto a los postres, la carta no puede presumir de este apartado especialmente, pero nuestro apetito goloso se nos sacia con unos curiosos Alfajores, distintos a los elaborados aquí en período navideño. Su consistencia es ligera al contrario de lo que parece y con virutas de coco espolvoreadas sobre su superficie.
Si algo nos inspira de este restaurante es que entre los habituales adeptos de este tipo de cocina, comprobamos que su clientela también se compone de algún que otro ciudadano originario de la República de Perú disfrutando a su alrededor, lo cual nunca es una mala señal. Local recomendable para saciar el apetito, puesto que las cantidades son más que suficientes, con combinaciones de sabores desconocidas a un precio asequible.
Ninillas: Nos lo recomedaron, nos dijeron que era una buena representación de la cocina peruana en Madrid… Y allí que fuimos, a Malasaña, justamente al lado del restaurante La Isla del Tesoro, su nombre: El Dorado, desde luego es evocador.
El restaurante El Dorado está dividido en dos ambientes: uno a pie de calle y otro en la parte de abajo. El primero es alargado y bastante amplio, con una decoración clásica a medio camino entre el estilo criollo y el peruano. Todo es muy sencillo, tal vez demasiado, apenas unos cuantos cuadros e imágenes cuelgan de sus paredes pintadas en tonos anaranjados. Las mesas, al igual que las sillas, son de madera y están vestidas con manteles en banda de color rojo. La vajilla, la cubertería y la cristalería son de las de andar por casa, por supuesto nada en contra, salvo que la servilleta no se mete en la copa.
Al fondo, se encuentra la pequeña barra que hace las veces de separador entre la zona de sala y la cocina.
Bajando unas preciosas escaleras de madera llegamos a dos salas abovedadas de ladrillo visto, las cuáles no están abiertas al público, sólo para ocasiones especiales, reservados para grupos y, de vez en cuando, actuaciones musicales. Lo cual es una pena porque la verdad es que esta parte tiene mucho más encanto que la parte de arriba.
Pero, vamos a lo que vamos, a lo nuestro: la comida. La cocina andina es sin duda un ejemplo de fusión, la llegada en el siglo XVI de los conquistadores españoles supuso la introducción no sólo de materias primas desconocidas en aquellos lares sino también una adaptación en cuanto a la manera de cocinar. Posteriormente, fueron los inmigrantes italianos, africanos, chinos y japoneses los que ayudaron en la creación de una comida sabrosa que se introdujo en las cocinas familiares y cómo no, también en los restaurantes.
Con la carta en la mano, que nos trajeron rápidamente, una cosa me quedó clara, que el arroz es un ingrediente básico y que muchos de sus platos se elaboran una vez se ha macerado ya sea la carne o el pescado. Era una carta amplia llena de referencias típicas de la gastronomía peruana como el Ceviche -pescado macerado con zumo de limón y acompañado de especies peruanas-, Palta rellena -aguacate relleno de ensaladilla rusa con pollo o atún, bañado con salsa rosa-, Tiraditos de pescado, Secos de ternera o cordero, Sopa criolla, Yuca frita, Ají de gallina -guiso a base de una crema con galleta, leche, ají amarillo y especias, luego la gallina desmenuzada y todo acompañado de arroz blanco- y por supuesto Tallarines.
Como comprenderéis, nosotros no teníamos ni idea, de modo que hicimos lo mejor que se puede hacer en estos casos: preguntar y dejarnos aconsejar. Fue así como el camarero nos ayudó a hacer nuestra elección, teniendo en cuenta siempre que nuestros estómagos estaban hambrientos. Pedimos dos entrantes, tres principales y, de beber… una jarrita de agua -sugerida por el personal- pues carta de vinos, lo que se dice carta de vinos no tienen, tan sólo 4 referencias de las típicas.
Del Anticucho, nada que añadir, estaba muy bueno, me sorprendió el sabor. En la foto la Papa rellena -patata prensada, previamente cocida, con la cual se elabora una masa de carne picada, aceitunas, pasas, huevo y especies peruanas que sirve de relleno, finalmente, se reboza y se fríe-, era enorme, y estaba buena, no era nada espectacular, pero vaya.
Los segundos fueron más flojos que los primeros, empezamos con el Arroz con pato -elaborado con especies peruanas además de cilantro, zanahoria, guisantes y arroz verde-. Lo mejor de este plato fue el arroz, distinto del nuestro, es más seco y más suelto, pero de sabor intenso. El pato la verdad es que estaba un poco durillo y no era para tirar cohetes, flojo, muy pero que muy flojo.
El Chicharrón de pollo -pequeños trozos de carne de este ave macerados y fritos-, venía acompañado con yuca frita y salsa de cebolla con mayonesa. Más de lo mismo, la yuca perfecta, no estaba nada dura, sin duda había sido cocida previamente; bien la salsa y en cuanto al pollo… pues qué decir, era pechuga empanada, poco más.
Finalmente vino el Pescado a lo macho, acompañado por este plato de arroz blanco, que al igual que el que acompañaba al pato, estaba en su punto de cocción exacto.
Y éste es el Pescado a lo macho -un filetón de pescado macerado con especies peruanas, frito y bañado con una salsa de mariscos que incluye langostinos, pulpo y calamares-. La salsa estaba muy, pero que muy buena, pero al conjunto se le notaba demasiado recalentamiento, vamos… que en mi opinión, se pasaron con el microondas y el pescado estaba excesivamente reblandecido.
Bien, nos quedaban los postres y aquí la oferta era demasiado corta: una tarta helada comercial y Alfajores -según ellos caseros-. Nos quedamos con los Alfajores claro, pero vamos… que fue probar por probar, a mí no me gustaron nada, los encontré demasiado secos, y como dice Rayo les hubiera ido bien algo en lo que remojarlos.
En fin, que habíamos cenado y tras esto… ¡cómo no!, mis detallitos. Empezamos con lo bueno: yo diría que lo mejor que tiene este restaurante: el servicio. No sólo son amables, sino que además son rápidos, los llamas y ya están ahí, sumémosle que aunque son cercanos no dejan en ningún momento de lado la educación. En pocas palabras, una atención de primera, algo que últimamente está dejando que desear en otros locales del sector. Otro punto a favor, ellos mismos te sugieren si deseas jarra de agua, cosa que es muy de agradecer. Respecto a la decoración y ambiente, pues la verdad es que su mejor baza que es la planta de abajo, es la que casi siempre permanece cerrada al público. De su comida, pues no nos engañemos, no es alta cocina, claro que tampoco engañan a nadie, las raciones son grandes, algunas de ellas muy grandes diría yo, y con precios asequibles.
En resumen, un restaurante que no te va a dejar con la boca abierta, pero que desde luego es correcto e ideal si vas con el estómago vacío.
Cucharete: Un restaurante peruano que es visitado asíduamente por comensales oriundos merece siempre la pena probarlo, ya que representa un indicativo esencial de que estamos en el lugar indicado. Mi equipo cenó por 17 €/persona, con una jarra de agua ofrecida por el servicio.
Sin duda alguna: el servicio. Sus arroces. El tamaño de sus raciones. Su precio. No cierran. Aceptan cheques de comida (ticket restaurant únicamente).
Su carta de vinos. La oferta de postres. Decoración insulsa, con falta de personalidad.




2,9
10 comentarios a “El Dorado”
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Lo que más me sorprendió de El Dorado fue la abrumadora oferta de YUCA. Después de dos vasos de tinto no sabes si estás en un restaurante o en un zoológico. Por otra parte, bautizar al restaurante con un nombre de reminiscencias legendarias no le hace ningún favor. EL DORADO. Las expectativas se disparan. “Guardad silencio: vamos a entrar en EL DORADO”. Te imaginas a Lope de Aguirre, tras meses de calamidades en el Amazonas, alcanzando por fin EL DORADO. “Oh… MIERDA”. Mi puntuación: Un cucharete.
Decrépito
Después de dos vasos de tinto no sabes si estás en un restaurante o en un zoológico.
¿Perdón?
He leido primero el review de ‘El ático de las letras’ y luego este, y veo que en el ático de las letras la experiencia dejó bastante que desear, mientras que en este leo que todo ha estado bien. ¿Por qué dos cucharetes a ambos?.
Gracias por tu comentario Mojito,
Comentarte, que según la experiencia de mi equipo, todo lo que El ático de las letras pierde en cocina, precio y servicio, lo gana en materias primas y con su privilegiada situación.
En contraposición, el Dorado posee un servicio muy atento y la elaboración de sus platos es bastante esmerada para el precio que conllevan, aunque en cuanto a decoración y resto del conjunto es muchísimo más sobrio.
Como comprenderás, la puntuación engloba muchos factores que deben de cuidarse de igual manera, y supone una evaluación final resumen de todos ellos.
Yo estuve hace ya tiempo, pero no guardo un grato recuerdo del sitio, la verdad. La decoración me pareció sosa, por no decir casi inexistente (aunque no vi la parte de abajo, sólo el comedor principal) y, aunque el precio de los platos no era caro, al final me pareció que fue un precio relativamente alto si lo comparamos con lo que comimos. No recuerdo exactamente qué pedimos, pero ningún plato me sorprendió especialmente y los tamales (de esto sí me acuerdo porque me encantan y me encapriché en pedirlos) estaban sosos, secos y no tenían ningún sabor.
Yo no le daría más de un cucharete porque me pareció que el toque en conjunto de la comida era muy sos y poco sabroso.
2 personas: 1 entrante (papa rellena), 2 segundos (chuletón que no era chuletón y arroz con verdura y ternera), 1 jarra de sangria fueron un total de 20 euros por persona.
la comida… ni fú ni fá, ni el sitio, ni la decoración, ni los baños, ni el servicio
en resumen: sin duda en Madrid hay muchisimos sitios mejores que este por el mismo precio
Restaurante El Dorado: la comida es abundante y razonablemente bien preparada. Un buen chaufa y un muy buen Ají de gallina. No es
referencia a otro restaurante, pero es adecuada.El servicio lento e inexperto, no está a la altura del local.
Las últimas veces que he ido no tienen Pisci Sour: imperdonable.
Yo fui con unos amigos a celebrar mi cumpleaños, y si bien el local tiene baja iluminación y una decoración muy básica, la comida fue maravillosa. Soy peruano, y hasta antes de ir al DORADO no había probado algo que me haga acercarme en sabores a mi país. Me encantó el ceviche, y su Seco de Carnero… no obstate, tengo que reconocer que en Lima estaría catalogado como un restaurante de media linea, pues le falta mejorar los sabores, las presentaciones, y la variedad de platos. Sin duda, creo que hay un tema de marketing que mejorar, y también de decoración (al menos de noche no es atractivo).
A mis amigos, 15 personas, se llevaron una buena impresión de la comida, que es lo que importa. Mucho de ellos desean volver, y el plato que más les gusto fue el CEVICHE. Para el nivel de servicio, que es amable pero básico, y la presentación es algo caro, gastamos un promedio de 30 euros entre copas (pisco sour), bebidas (cerveza y chichas moradas), entrada y segundo.
Lo recomendaría dentro de las opciones que conozco.
Yo otro vez… ahora fui con dos amigas Alemanas… lamentablemente debo decir que esta vez el servicio y la comida no estuvieron a la altura… que un día sea bueno el servicio y que otro no, está fuera de toda lógica.
1. El ceviche excesivamente picante, quizás para mi estaría bien, pero para mis acompañantes no… tuve que comerme casi todo yo…
2. Trajeron el plato de fondo o segundo a una de mis amigas, cuando estabamos recien iniciando con la entrada. Cual era el apuro? Era un aji de gallina, que tuvo que comerlo frio.
3. El mozo muy poco cortés… poco profesional.
4. No había cerveza cusqueña, terrible!!
5. Pisco Sour, muy amargo… que paso?
6. Mi chaufa de mariscos… muy tela… salado, un plato sin nada extraordinario.
7. Es la primera vez q pido postres, y me sorprendío que no haya postres típicos del Perú: Suspiro a la limeña, Mazamorra, Arroz con leche.. .etc… mi amiga se pidío unos “Alfajores” y sinceramente malisimos.. demasiado para 3 euros (1.5 euros x cada disque “Alfajor”) que no tenía nada de peruano.
En fin, la experiencia esta vez con la comida no fue buena… la comida dejo mucho que desear…
El cebiche y la papa rellena es lo mejor que teneis, riquisimoooo!.
Los ambientes están muy bien, felicitaciones!!